3. EL JARDÍN DE SINUHÉ #7
Nacho había planeado todo al detalle, de tal forma que la estructura de metal que sirvió para proteger, durante el viaje, los cuatro trozos de la réplica podía manipularse en el yacimiento para que sirviera de coraza del jardín antiguo.
Sobre esta, y por los cuatro lados, se colocaron planchas aislantes de poliestireno extruido y aluminio termolacado, de tal forma que el jardín antiguo quedó totalmente protegido.
Encima de las planchas se colocaron los trozos de la réplica, ajustando su ubicación al milímetro para que el nuevo jardín quedara justo encima del original.
Juanki se unió al equipo y vino a Luxor para ocuparse personalmente de pegar los trozos sin que se notaran las uniones y dar los últimos retoques a la cuadrícula y al árbol.
El resultado final era tan similar al original, que decidimos dejar las aristas del perímetro visibles para que el visitante, si miraba con atención, pudiera darse cuenta de que lo que estaba viendo no era el jardín antiguo, sino una réplica.
La prueba definitiva de que la reproducción estaba fenomenalmente hecha fue comprobar, al año siguiente, que los perros de la zona lo percibían como un jardín de verdad y lo consideraban el lugar idóneo para hacer sus necesidades y dejarnos un par de regalitos.
La réplica, al colocarse por encima del original, quedaba medio metro más alta que su entorno, por lo que no quedó otro remedio que rellenar el patio donde se ubicaba con tierra limpia para que la base del jardín quedara al nivel del suelo.
Así, como quien no quiere la cosa, con cierta modestia, determinación e imaginación, montamos la primera réplica in situ en un yacimiento arqueológico, como medida de conservación y protección del bien cultural antiguo.
Los visitantes pueden, de este modo, hacerse una idea de cómo era un jardín funerario, de su ubicación dentro de la necrópolis y de su relación con la tumba de su propietario.
Para entender el significado de estos jardines funerarios, nada mejor que recurrir a la literatura que, aun siendo ficción, suele describir la realidad mejor que los documentos más formales o de carácter oficial.
Esto lo aprendí en la universidad, con la profesora de Historia Contemporánea.
La literatura del antiguo Egipto no es una excepción.
La historia de Sinuhé, ya fuera real, ficción o un poco de ambas cosas, como en tantas ocasiones, se escribió en torno al año 1900 a.
C., es decir, pocos años después de nuestro jardín.
El nombre del protagonista significa «el hijo del sicomoro», y el papiro relata su improvisada huida de Egipto, al temer que le asociaran con el asesinato del rey; su exitoso exilio en Palestina, donde llegó a convertirse en el jeque de su propia tribu y, finalmente, su retorno a la corte del nuevo rey egipcio.
Las palabras que el rey le escribe a Sinuhé en una carta, para convencerle de que nadie le acusaba de haber cometido ningún delito y, por tanto, que sería bien acogido en palacio, reflejan lo que era más apreciado por un hombre ya de cierta edad en aquella época:
… Ya has comenzado la madurez y has perdido la virilidad, ya has debido empezar a pensar en el día del enterramiento y de obtener la veneración.
Se te ha asignado un lecho, además de aceites y vendajes tejidos por la mano de la diosa Tait.
Se ha organizado una procesión para el día de tu entierro.
La caja es de oro y la máscara de lapislázuli.
El cielo estará (representado) sobre ti cuando estés en la capilla portátil, te arrastren bueyes y cantores (marchen) al frente.
La danza muu se realizará a la puerta de tu tumba.
Las ofrendas de rigor serán pronunciadas para ti y se ofrecerán sacrificios en tu altar.
Los pilares (de tu tumba) estarán tallados en piedra caliza, (erguidos) en medio de los príncipes.
No mueras en el extranjero, que no te entierren los cananeos, que no te envuelvan en piel de carnero como si fuera un sarcófago. Esto sería ya demasiado (triste) para alguien que tanto ha pateado la tierra. Piensa en tu cuerpo y vuelve.
El propio Sinuhé termina su relato presentándose a sí mismo, al final de sus días, como un hombre de éxito, afortunado, por haber conseguido del rey una tumba, equipamiento funerario, el mantenimiento de su culto y un jardín para el aprovisionamiento de las ofrendas.
Menciona el jardín al final como el broche de oro, pues será la fuente del sustento para su vida eterna.
El jardín de Sinuhé sería, sin duda, muy similar al nuestro.
… Se construyó para mí una tumba de piedra, en medio de las demás tumbas.
Los constructores la plantearon en el suelo, el dibujante la diseñó, los talladores la esculpieron y el maestro de obra de la necrópolis la ejecutó.
Se dispuso todo el equipamiento que se deposita en la cámara sepulcral.
Se me asignaron un servicio funerario y un huerto, como se hace para un personaje importante…