Al otro lado del Nilo 3. EL JARDÍN DE SINUHÉ #6
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3. EL JARDÍN DE SINUHÉ #6

Los egiptólogos especulaban sobre la posibilidad de que hubiera jardines en la necrópolis a partir de las representaciones plásticas, como las que recordaron Curro y Eva Hofmann, pero nunca se había descubierto ni documentado arqueológicamente un jardín funerario.

Bien es verdad que el Museo Metropolitano de Nueva York había hallado en 1930 un jardín similar delante de una tumba de la misma época, perteneciente a un tal Djari, pero, como se construyó en un patio abierto, había sufrido un gran deterioro.

Por otro lado, la documentación del arqueólogo Herbert Winlock, cansado ya de muchas e intensas campañas, fue escasa y quedó sin publicar en los archivos del museo.

El jardín se dejó sin protección, por lo que su deterioro continuó hasta nuestros días, quedando prácticamente arrasado.

Hoy es una mancha oscura en medio del suelo blanquecino del patio.

Por eso, el nuestro es, hoy por hoy, el único jardín funerario de Egipto bien documentado y conservado.

Pero es que, además, en la tierra del perfil de la excavación del patio, alrededor del jardín, el palinólogo Sebas ha sido capaz de extraer e identificar el polen de las plantas que crecieron de forma espontánea o fueron plantadas en la ribera fértil junto a la necrópolis, lo que nos da una idea de la vegetación de la zona entre el 2000 y el 1500 a.

C. Y en esa misma tierra del perfil, los geólogos Teresa, Sole y Sergio son capaces de leer las huellas de las lluvias ocurridas en esos quinientos años.

Así, combinando las plantas documentadas en el jardín con el polen y las lluvias, se nos abría una oportunidad única de estudiar el medio ambiente en la antigua Tebas y de hacer una pequeña aportación al estudio del cambio climático en esta región.

Decidimos aprovechar la oportunidad y montamos un proyecto multidisciplinar para contribuir a la reconstrucción medioambiental, combinando arqueología y patrimonio cultural, geología, arqueobotánica y también zooarqueología —pues los cientos de momias de animales que hallamos en las tumbas aportaban información sobre la fauna—.

Denominamos al proyecto Environmental and Ritual Dynamics in Ancient Thebes (EDEN) , es decir, «Dinámicas medioambientales y rituales en la antigua Tebas».

Lo presentamos como una Advanced Grant al European Research Council.

Tan ilusionados estábamos, que hasta nos hicimos camisetas con el logo que diseñamos.

Se trataba de provocar el efecto deseado por magia simpática, a base de llevar puesto, por escrito y en imágenes, lo que esperábamos que ocurriera; como hacían los antiguos egipcios.

Pero no fue así; no superamos el primer corte. Tal cual. Cosas que pasan.

Todo pudo quedar ahí, en un jarro de agua fría.

Pero nos ocurrió eso que dicen de que «cuando se cierra una puerta, se abre una ventana».

Pasó por el yacimiento Betsy Bryan, que había sido mi profesora de egiptología en Baltimore, y, sabiendo de nuestras dificultades económicas, me sugirió que solicitáramos financiación al American Research Center in Egypt.

Yo le respondí que no creía que tuviéramos ninguna posibilidad, pues el proyecto era español y en ese momento no había ni un solo americano en el equipo: ¿por qué nos iban a dar dinero a nosotros?

Betsy respondió que eso no importaba, que lo único que pretendían era ayudar a los proyectos que merecieran la pena, que aportaran a la investigación o a la conservación del patrimonio, y que nosotros cubríamos esas dos líneas.

Nos lo creímos y nos pusimos a ello, ajustamos el proyecto EDEN a los requisitos de la convocatoria americana y, así, tal cual, nos concedieron la máxima financiación que ellos otorgaban. Sí, cosas que pasan.

El dinero americano nos permitió no solo documentar bien el jardín, consolidarlo, tomar muestras y analizarlas en El Cairo, sino también rizar el rizo.

A pesar del concienzudo trabajo que llevaron a cabo los restauradores, el jardín, de barro y adobes, era demasiado frágil como para dejarlo expuesto a la intemperie.

Era incuestionable que tendríamos que resguardarlo del sol, del viento y de la escasa lluvia, lo que implicaba volver a enterrarlo.

Pero daba una pena enorme tapar el único jardín funerario del antiguo Egipto conocido hasta la fecha. ¿Qué podíamos hacer?

Gracias a un acuerdo con Leica Geosystems de España, llevábamos un par de años viajando a Luxor con un escáner láser y pasando la aduana sin problemas, algo que resulta más complejo y arriesgado de lo que parece.

Joan había escaneado prácticamente todo el yacimiento, incluido el recién descubierto jardín, y se nos ocurrió que tal vez podríamos fabricar una réplica e instalarla sobre el jardín enterrado.

Contactamos con Factum Arte, que son quienes produjeron la réplica de la tumba de Tutankhamon que hoy se puede visitar a la entrada del Valle de los Reyes, junto a la casa de Howard Carter.

Por esas casualidades del destino, sus oficinas y talleres están a cinco minutos a pie de mi despacho en el CSIC.

Les gustó el reto, negociamos el precio, y Charlie y Juanki, verdaderos artistas, comenzaron a darle vueltas a cómo hacerlo.

El volumen del jardín se hizo con poliestireno, es decir, un corcho blanco muy denso y resistente.

Después de darle forma a la cuadrícula, la superficie se recubrió con fibra de vidrio y resina, sobre la que se esparció arena fina del mismo tono que el barro y el adobe del original.

Reprodujeron la capa de mortero blanquecino que recubría el borde exterior del jardín, y hasta el tronco del árbol que creció en una esquina.

Ver el jardín, idéntico, en medio de una nave industrial en Madrid fue una experiencia memorable.

El siguiente problema era cómo transportar la réplica hasta Luxor.

La cortamos en cuatro trozos, se encajaron en dos estructuras de metal a medida y volaron como carga hasta El Cairo.

Lo de organizar el envío en Barajas fue complejo, pero lo que nos esperaba en El Cairo fue mucho peor.

Como era previsible, la aduana interceptó el envío, y costó varios meses y mucho papeleo conseguir que saliera del aeropuerto y llegara hasta Luxor.

El rais Alí se ocupó de recibirlo y de que quedara a buen recaudo hasta la campaña siguiente.