Al otro lado del Nilo 2. EN LAS ENTRAÑAS DE LA MONTAÑA #3
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2. EN LAS ENTRAÑAS DE LA MONTAÑA #3

—La tumba de Djehuty, sin embargo, tiene algo especial que hace que te sientas realmente dentro de una tumba del antiguo Egipto —prosigo, a medida que avanzamos—.

Creo que transmite muy bien esa atmósfera de capilla rupestre, de lugar sagrado.

Las paredes rotas y los colores perdidos no la desmerecen, casi lo contrario: la hacen parecer más auténtica, marcada por el paso del tiempo, con arrugas, cicatrices e incluso mutilaciones.

Es una tumba melancólica, que trata de mostrar lo que en su día fue, pero se resigna a lo que ahora es, y se presenta con humildad, sin maquillaje. Así la veo yo.

»En su restauración han intervenido muchas manos, egipcias y españolas.

Ha sido un bonito trabajo en equipo, con la idea de intervenir lo menos posible, solo añadir lo estrictamente necesario para que la estructura sea estable y segura.

El principio básico era mostrar la tumba en su estado actual, no ocultar nada.

La restauradora Nieves, con un vibroincisor de ultrasonido, retiró la costra de barro de las paredes del pasillo y sacó a la luz decenas de grafiti que no se veían.

Miguel Ángel y Pía cerraron el enorme agujero que comunica con la tumba de al lado y recompusieron parte de la inscripción que se talló en esa pared.

Suni, Carmen y Blanca, junto con los restauradores egipcios Ahmed, Mohamed, Saad y Asmaá colocaron fragmentos que se habían caído de otras paredes y que encontramos dispersos en la excavación del exterior.

También hicieron posible que el suelo que pisamos pudiera ser el original, rellenando pacientemente las pequeñas grietas con mortero.

—Tenéis un montón de restauradores. ¿Y qué tal funciona la colaboración entre egipcios y españoles? ¿Os entendéis bien entre vosotros?

—El ambiente de trabajo es muy bueno. Los problemas que, a priori, pudieran ocasionar el idioma y las diferencias culturales se superan rápidamente con buena voluntad, respeto mutuo y una sonrisa.

Trabajar codo a codo une mucho. Desde el principio, nuestro sueño era conseguir abrir la tumba al público.

Nos lo planteábamos como una forma de compartir con otros, con quien quisiera, la suerte que teníamos y tenemos de estar aquí, de trabajar en Egipto, de excavar una tumba de un egipcio que vivió hace tres mil quinientos años.

Y todo fue saliendo rodado, de forma natural.

Primero se nos ocurrió colocar un falso techo de rejilla metálica que protegiera al visitante de posibles caídas de piedras, pero que, a la vez, permitiera ver el estado actual del techo.

Y con eso convertimos nuestra mayor desgracia —que era no tener nada del original, que habría estado pintado con vivos colores, imitando una jaima— en una ventaja, pues ahora se ve espectacular; a todo el mundo le encanta.

En el marco de la estructura de metal colgamos las luces led que iluminan los relieves desde arriba.

No solo se ven ahora como si estuvieras en el museo de Berlín, sino que no hay cables ni luces por el suelo.

Así, estamos viendo y pisando el mismo suelo que en su día pisó Djehuty.

No tenemos techo, pero sí tenemos suelo.

»Esto no es ninguna tontería. En muy pocas tumbas esto es posible, pues suele instalarse un suelo de madera para no levantar polvo, supongo, y cablear la tumba para las luces que se dejan sobre el suelo.

Y lo más frecuente, sin embargo, es que el techo sea lo que mejor se conserve en la mayoría de ellas.

Es muy raro que a la gente le guste este no-techo y lo admire tanto.

Pero es verdad que le da a la tumba una sensación más de cueva, de santuario.

Nacho, el arquitecto, se ha hecho famoso gracias a esta estructura de rejilla de hierro.

Él la diseñó, pero también fue él quien hizo de soldador, trabajando codo a codo con su cuadrilla de trabajadores egipcios.

Hacer un techo de hierro aquí, en Luxor, no es tarea fácil, pues las varillas llegaban de cualquier grosor menos el que pedíamos, venían torcidas y había que enderezarlas en el yacimiento.

Pocos arquitectos están dispuestos a sudar y a mancharse como él.

Fue también un acierto pintar la rejilla toda de negro.

El capataz se opuso rotundamente, argumentando que en el West Bank el metal siempre se pinta de color claro, parecido a la piedra caliza.

En nuestro caso, como casi todo el techo estaba ennegrecido por el humo de sucesivos fuegos, el negro se mimetizaba mucho más.

Aquí hay que pelear por todo, pero se acaba consiguiendo de una u otra forma, antes o después.

Ahora Nacho está solicitadísimo. Primero fue Sudán, en las pirámides de los reyes meroíticos que se enterraron en el-Kurru, luego Saqqara, Menfis…

—Las luces quedan así superbien. Se ve que lo habéis hecho todo con mucho cuidado. —Berta trata de ser amable y agradecida, pero emplea un tono de objetividad para que suene como una valoración de experta.

—Aquí se hace lo que se puede. Somos muy conscientes de nuestras limitaciones y de las circunstancias a veces poco favorables.

Pero, a diferencia de muchas de las excavaciones en España —que suelen ser de urgencia, en ciudades o cerca de un pueblo, porque se va a construir una casa, o va a pasar una carretera o un gasoducto—, aquí tratamos de trabajar sin prisas ni presiones; procuramos hacer las cosas lo mejor posible.

Yo tengo dos máximas: tienes que apuntar al diez para sacar un ocho y, la segunda, que lo bonito, lo que tiene mérito es lograr con nuestro trabajo que algo que valía seis, acabe valiendo ocho.

Nos gusta retocar las cosas, ir corrigiendo pequeños defectos, aunque el perfeccionismo tiene poco recorrido por estos lares.

Conviene tener siempre los ojos bien abiertos y los seis sentidos activos, y además ser resolutivos e ingeniosos.

Lo de los paneles solares, ¿aún no lo habéis visto?

—No, qué va, si cuando nos has encontrado tú, acabábamos de llegar —puntualiza Alfredo.

—Vale, pues luego, si queréis, salimos fuera y os los enseño. Tratando de hacer las cosas de forma diferente, y de hacer cosas que otros no hubieran hecho, se nos ocurrió instalar en el yacimiento paneles solares e iluminar el interior de las tumbas de Djehuty y de Hery con energía solar.

—¿Esta luz de aquí viene de paneles solares? —pregunta Berta con asombro.

—Bueno, en realidad, no se sabe. El sistema está pensado para que cuando, por lo que sea, falle la fuente de energía solar, se cambie automáticamente a la fuente convencional de energía, al enganche de la luz de la calle.

Lo de los paneles fue una historia. Conseguimos dinero del American Research Center in Egypt para darle el último empujón a la restauración y al acondicionamiento de las tumbas para abrirlas al público.

Nos tiramos a la piscina y empezamos a darle vueltas a lo de los paneles.

Contactamos con una empresa egipcia que los importaba de China.

Como las tumbas solo se iban a abrir al público durante el día, los paneles no necesitaban baterías o acumuladores, lo que hacía que todo fuera mucho más fácil y sostenible en el tiempo, porque lo que no podíamos era esperar que nadie se fuera a encargar del mantenimiento.

A mí me preocupaba que se vieran, que distorsionaran la vista del yacimiento.

Los paneles no son como el techo de metal de dentro, sino que son inevitablemente feos y llaman mucho la atención.

»Se nos ocurrió entonces instalar los paneles dentro del recrecimiento de la fachada que hizo Djehuty en su momento.

Se conservaba una esquina y lo que hicimos fue reconstruir toda la estructura rectangular, y, en su interior, que quedaba hueco, los montamos.

Como las tumbas egipcias están orientadas a la salida del sol, pues para los paneles venía genial, y la altura de la estructura rectangular nos permitía darles la inclinación idónea.

Y ahí están, solo hay que limpiarles el polvo de vez en cuando, y ya.

—Lo que no te hemos contado es que Berta y yo somos del gremio.

Yo soy arquitecto y ella es ingeniera eléctrica.

Algo de paneles sabemos, y esto es espectacular.

Por cierto, ¿no hay una empresa española que tiene granjas de paneles solares aquí en Egipto?

Me suena haber leído algo de eso. Podríais haberles pedido ayuda.

—Sí. En su día les contactamos y les solicitamos patrocinio; les vendimos la idea de que podrían anunciarse como la empresa que vuelve a iluminar las tumbas egipcias con luz solar: los primeros en instalar energía solar para iluminar los monumentos del antiguo Egipto.

Pero ni por esas. Pero mejor no hablar de eso, es agua pasada.

También hemos pedido dinero a Europa, al European Research Council, y nos rechazaron igualmente, las dos veces.

Al final, fueron los americanos quienes nos ayudaron a seguir adelante.

Volvemos a lo de vuestro paisano de Hellín: en España se cumple lo de que nadie es profeta en su tierra.

»Para ser justos, claro que hemos tenido y tenemos financiación española, desde el comienzo, tanto privada como pública, pero cada vez es más difícil conseguir dinero y se va reduciendo. Ahora tenemos que hacer malabarismos y cada año es una incógnita, empezamos de cero.

—Jamás lo hubiera imaginado —se sorprende Berta—. La verdad es que nunca pensé que el proyecto tuviera problemas de financiación.