Epílogo
Knox
Las cosas entre Madison y yo después de la muerte de Jake no han sido fáciles, pero seguimos luchando cada día para que elegirnos mutuamente sea nuestra mejor opción.
Madison ha mejorado mucho en su salud mental; es más abierta, más feliz, hace terapia varias veces por semana y ha dejado de culparse por no haber sabido quién era Jake y haber salido antes de esa relación que la tenía tan atrapada.
Yo continúo con mi trabajo, pero ella me acompaña allá donde tenga una misión.
Me sigue siempre con los ojos cerrados, y pese a que creíamos que al estar viajando de un modo tan constante vería menos a su amiga Sarah —lo último que queda de su antigua vida—, ha sido todo lo contrario; están más unidas que nunca y solemos encontrarnos con ella muchas de las veces que estamos de viaje.
Estoy en el baño de la cabaña, terminando de ponerme la máscara, cuando escucho ruidos al otro lado de la puerta. Salgo, viendo a mi conejita con una de mis camisetas puestas y frotando una pierna con la otra en cuanto me ve aparecer delante de ella.
La magia de la máscara de Ghotsface, supongo. Le digo lo que sé que quiere escuchar más que nada en este momento:
—Corre, conejita.
Y lo hace.