CAPÍTULO 40
Knox
Mi única preocupación en este momento es la salud mental de Madison, saber qué mierda pasa por su cabeza después de enterarse de que su madre se prostituía y también lo hacía con sus hijos, de cómo dejaba que hombres cualquiera los tocaran, los profanaran.
Mi conejita está pálida y por su boca no ha salido ni un solo sonido. Mira un punto fijo en la pared y tiene la respiración acelerada, y solo sé, que si no la saco pronto del bucle en el que está entrando no volverá a salir de ahí pronto; volverá a sumirse en su oscuridad, a encerrarse en sí misma.
Así que, con todo el dolor de mi corazón, me encamino con ella al baño, la meto debajo del chorro de agua fría y comienzo a zarandearla hasta que parece que sus ojos vuelven a enfocarse en los míos.
—Dime cinco cosas que veas alrededor.
—¿Que? —Bueno, algo es algo.
—Mad, quiero que me digas cinco cosas que puedas ver en este baño, y las quiero ya .
Fija sus ojos en los míos frunciendo el ceño. Seguroque piensa que me he vuelto jodidamente loco. Puede ser, la verdad es que tampoco estuve nunca del todo cuerdo.
—Conejita, ya. Sin pensar, haz que esas cinco palabras atraviesen esos preciosos labios.
—Váter…
—Bien, conejita, sigue, vamos.
—Toalla. —Mira de un lado a otro, buscando—. Alfombra, radiador…
—Bien, conejita, buena chica, solo queda una más, puedes hacerlo —la animo.
Consigo tomarle el pulso en la muñeca, que todavía sujeto mientras el agua fría sigue cayendo por su cuerpo.
El pulso ha bajado y poco a poco la respiración va tomando un ritmo más normal cuando concentra su ansiedad en otro punto y consigue salir del bucle que la estaba arrastrando.
—Knox.
—Sí, conejita, estoy aquí.
—No. Knox también es algo que está dentro del baño, ya son cinco.
Sonrío de medio lado y la ayudo a salir de la bañera. La enrollo en una toalla y me la llevo en brazos al sofá, donde le pido que me espere. Gracias a dios esta casa tiene un concepto abierto, por lo que puedo ver a Madison sentada en el sofá mientras voy a la cocina a prepararle una tila .
¿El problema? El puto Jake se ha quedado sin mordaza y escuchamos sus gritos desde aquí.
Puta nenaza.
Le entrego la infusión a Madison y me encamino hacia donde Jake me espera para meterle la bola en la boca y silenciar sus gritos. Pero me freno por completo cuando Madison me retiene echando mano a mi ropa.
—Déjalo, quédate conmigo.
Ni siquiera tengo que pensar. Tiro mi culo a su lado y la subo a mis piernas, abrazándola fuerte contra mi cuerpo.
—Estoy aquí, conejita, siempre lo estaré.
Nos quedamos abrazados en la misma postura durante un buen rato. Ninguna palabra sale por la boca de Madison, pero las emociones van cambiando poco a poco en su semblante. Ansiedad, miedo, decepción,terror, incredulidad… Ahora mismo se encuentra en mi favorita: la ira.
Veo dos llamas tras los ojos de Madison.
Veo sus ganas de querer reducirlo todo a cenizas.
Veo la rabia estallar tras sus iris marrones.
Lo veo todo, y me quedo exactamente donde estoy, dándole margen a que asimile las emociones que necesite para comprenderse mejor, para volver a sí misma. Para volver a mí.
Yo siempre estaré al otro lado de la oscuridad, esperándola .
Esperando que vuelva a mí.
Esperando que vuelva a sí misma.
Esperándola, sin más.
Pasan lo que a mi me parecen minutos, pero cuando veo el reloj me percato de que son horas. Madison sigue sentada sobre mí y no seré yo quien le meta prisa a mi conejita aun sabiendo que el tiempo apremia, pero hay cosas más importantes.
Su mente.
Su salud mental.
He visto cómo avanzaba y retrocedía cuando estábamos en la cabaña.
He visto cómo se encerraba en sí misma y caía hondo.
La he dejado ir buscando la luz para salir a la superficie a su ritmo.
Su vida cambió de la noche a la mañana, pero todos y cada uno de los golpes que ha recibido solo la han llevado a ser más fuerte.
Tarde o temprano mi conejita volverá a ser la misma que estaba conmigo en la cabaña hace un puñado de horas, lo sé .
Por lo que la dejo que procese todo lo que Jake le ha dicho.
El tío está más jodido de lo que pensaba, y haber tenido una mierda de madre no lo excusa de todo lo que le hizo pasar a Madison.
pero hay acciones que ahora pueden tener algo más de lógica si lo ves desde su punto de vista retorcido.
Al fin y al cabo él fue quien tomó cada una de las decisiones siendo consciente de que lo estaba haciendo mal.
Por eso me inculpaba a mí cada vez; si se hubieran enterado en el orfanato habría quedado más que patente la mala conexión que tienen sus cables ahí arriba, obligándolo a recibir tratamiento psiquiátrico.
Noto un pequeño movimiento en mi regazo y dejo que Madison se incorpore. Me quedo en blanco, ¿qué mierda se dice en estas situaciones?
—¿Te encuentras mejor, conejita?
—Voy a matarlo, Knox —contesta con la voz cargada de determinación—. No puedo matarla a ella, pero destruiré la mierda de legado que dejó en este puto planeta.
—Lo haremos juntos, conejita.
—No. Es algo que debo hacer yo, Knox.
—Madison, nunca has arrebatado una vida. Créeme cuando te digo que no es fácil, y no quiero que sea algo que te persiga el resto de tu vida .
—Ya va a perseguirme el resto de mi vida, pero por primera vez puedo decidir si me alcanza. Yo cargaré con su muerte igual que cargué con sus malos tratos.
Entiendo el razonamiento de Madison y, aunque no me guste, acepto. Porque yo nunca le quitaré el poder de decidir por sí misma.
Madison.
Todavía no he salido de mi niebla mental; todavía sigo sin terminar de comprender y creo que es algo que nunca haré. Entiendo que éramos muy pequeños cuando todo pasó, pero Jake eligió atormentarme desde el comienzo de mi vida, y ¿por qué? ¿Solo porque soy mujer?
No paro de buscar un motivo, pero por más que intento pensar, mi mente no está clara, y no consigo encontrar respuesta a ninguna de las preguntas que se me pasan por la cabeza.
Así que ha llegado la hora de intentar buscarlas directamente de la fuente, de la jodida mente que ha hecho las cosas de un modo tan retorcido.
Volvemos con Jake, a esa habitación impregnada con olor a cobre, orina y sudor.
Volvemos a esa habitación llena de gritos.
Volvemos a esa habitación llena de dolor. El suyo físico; el mío, mental.
Volvemos a esa habitación llena de súplicas .
Volvemos a esa habitación donde decidiré si mi vida termina con la suya, para terminar por completo con el legado de mi madre, o, por el contrario, si por una vez en mi vida me merezco darme la oportunidad de ser feliz junto a Knox.
Así que dejo de dudar y me pongo frente a la persona que me ha causado solamente dolor durante toda mi vida, y hago la única pregunta que necesito:
—¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué has hecho todo esto? ¿Por qué me has hecho todo esto?
Su mirada inyectada en sangre no se separa nunca de la mía. Si cree que voy a achantarme, ya es demasiado tarde.
—Porque era lo que había que hacer, Madison —balbucea—. Te lo dije: mamá me educó bien. Nunca dejé que estuvieras sola.Nunca dejé que te faltara de nada.
Me cuesta mucho entender lo que dice entre los jadeos de dolor que suelta en medio de sus palabras, la morfina que Knox le administró hace unas horas ya debe de haber abandonado su sistema y el dolor debe de ser atroz.
Me alegro, qué tenga un poco de su poca medicina; un poco de dolor por el que me hizo pasar durante tantos años.
Ahora que sé lo que es tener una familia de verdad, que alguien te quiera y no estar sola, soy consciente de lo mal que estaba con Jake y que para mí era tan normal.
Siento la presencia de Knox a mi espalda, siempre tras de mí, siempre siendo mi sombra, y tengo clara cúal va a ser mi decisión.
Me acerco a la mesa de los utensilios y cojo un cuchillo.
Estoy bastante segura de que es uno de los que se usan en la matanza de animales, así que me parece poético que se vaya de este mundo como el cerdo que es.
Jake sigue colgado de las cadenas del techo, con las puntas de los pies rozando el suelo.
Está demasiado débil, pero cuando me ve acercarme con el cuchillo en la mano intenta retorcerse en las cadenas; sabe que ha llegado la hora.
Asesto la primera puñalada en el estómago mientras todas las imágenes de lo que Jake me hizo a lo largo de nuestra vida pasan en carrusel por mi mente.
Cada patada.
Puñalada .
Cada puñetazo.
Puñalada .
Cada degradación sin consentimiento.
Puñalada .
Cada manipulación.
Puñalada .
Cada amenaza.
Puñalada .
Cada violación, suya y de otros .
Puñalada .
Jadeo. El sudor me baja por la cara por el esfuerzo. No puedo más, pero asesto la última puñalada, esta por todas las veces que me quitó el poder de decisión.
Me alejo del cuerpo de Jake, que se balancea sobre un charco de sangre mientras lo miro de arriba abajo; mientras veo cómo se apaga y su alma va desapareciendo de este mundo.
Bajo mi vista a mis manos y mi ropa, empapadas de sangre.
La sangre de Jake. Empiezo a ser consciente de los temblores, de cómo la ansiedad comienza a embargarme y solo puedo decir una cosa:
—Knox.
—Estoy aquí, conejita.
—Traeme de vuelta, Knox.
Y lo hace. Sin dudar, como cada petición que sale de mi boca.
Knox se acerca por detrás y me saca el cuchillo de la mano, tirándolo lejos de nosotros mientras comienza a darme besos en el cuello.
—Mírate qué guapa, Madison, cubierta de la sangre de ese hijo de puta. No sabes lo bien que te sienta el rojo.
Knox sigue alabándome, pero yo solo puedo concentrarme en sus caricias, en sus besos, en la necesidad apremiante que surge entre mis piernas y que pide atención a gritos .
—Cállate y fóllame ya, Knox.
Se coloca ante mí y me sujeta el cuello con fuerza, restringiendo el paso del aire, pero sin ser demasiado.
—Así que… ¿Mi conejita lo quiere duro?
—Tu conejita te quiere duro a ti, amor.
Todavía no he terminado de decir esas palabras, cuando las manos de Knox van directas a mis pantalones. Se acuesta sobre mí y me los quita con fuertes tirones, con urgencia. El suelo está lleno de sangre; nosotros estamos llenos de sangre.
De la sangre de Jake.
Knox me desnuda, se desnuda, y comienza a trazar un camino descendente con su lengua por mi cuello hasta que encuentra su hogar: mi boca. No duda y me penetra de una estocada. Gimo tan fuerte que hace que Jake, con sus últimas fuerzas, mueva los ojos para vernos.
Y lo entiendo; esta es la peor de las torturas. Ver como Knox me hace el amor frente a él revolcados en su sangre.
—Mira, Madison. Mira como mi polla entra dentro de ti, cubierta de su sangre. Mírala, Jake. Te irás de este mundo viendo como meto y saco la polla de mi chica. Mi mujer. Mi Madison. Mía .
Knox continúa entrando y saliendo de mí con estocadas rápidas y duras mientras que con su mano traza círculos en mi clítoris. Cuando noto ese hormigueo en mi cuerpo, me dejo ir, me rindo por completo a él. Con la fuerza que ejerce sobre él mi orgasmo, se deja ir conmigo y me llena con su semen.
Cuando giro la cabeza para ver a Jake, él ya no está en este mundo.
—Te quiero, Knox.
—Te quiero, Madison.