Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

Madison

Ahora que conozco lo que Knox había estado ocultando durante todo este tiempo, ha perdido las pocas reservas que le quedaban conmigo. Es mi lugar seguro, y cada vez los sentimientos que tengo por él se afianzan más. Sé que le quiero, pero decírselo me da miedo, mucho miedo.

Knox me ha dado las mejores navidades de mi vida. No ha hecho falta una casa muy decorada ni muchos regalos. Es más, solo he tenido uno, y no ha podido ser mejor.

Me ha regalado tiempo, verdades, confianza, paz, seguridad, un hogar… Me ha regalado fé en mi misma y tenerlo a mi lado.

Se supone que Knox debería de haber salido a cazar pero, para mi sorpresa, lo descubro en la parte trasera de la casa, recogiéndolo todo. Dejo que termine lo que está haciendo antes de preguntarle, pero no me da tiempo ni a abrir la boca. Nada más cruzar la puerta escucho:

—Prepara tu maleta, ha llegado el momento.

¿Ya? No puede ser. No. No quiero. Sacudo la cabeza sin conseguir que las palabras salgan, presa del pánico .

—Estás lista, conejita —intenta calmarme—. alguien nos espera para recibir la muerte más dolorosa posible. Disfruta la última noche; saldremos por la mañana.

Y eso pienso hacer.

Me encamino hacia la cabaña. No he llegado al salón cuando Knox me alcanza por detrás, me sujeta del cuello y acerca sus labios a mi oído. La piel se me eriza cuando me susurra:

—Abre esas piernas para mí, conejita.

Obedezco sin dudar. La mano de Knox se mete bajo su camiseta y, se acerca a mi centro.

Mientras pasea sus dedos por mi coño no puedo evitar echar el culo hacia atrás y frotarlo contra su erección.

Un gruñido escapa de su boca y, en ese preciso momento, me penetra con dos dedos, impregnándolos de mi humedad.

—Mmm, conejita, ¿ya estás lista para mí? Todavía no te había tocado.

—Siempre estoy lista para ti, mi amor.

Los dos nos quedamos quietos mientras recapacitamos sobre las palabras que han salido de mi boca sin pensar. Knox me quita la mano del coño y me gira con rapidez. Nos miramos a los ojos. Mis mejillas se tiñen de rosa.

—Repítelo —ordena.

—Knox, yo…

—He dicho que lo repitas, Madison —Su mirada me recorre de arriba abajo.

—Siempre estoy lista para ti, mi amor.

—Joder, sabía que me pondría jodidamente duro de escuchar esas palabras salir de tu boca —suelta mientras me tumba sobre el sofá.

Knox me recorre el cuerpo con las manos, acariciándome, provocándome. Llevo las mías a su cuello y lo acerco para fundirnos en un beso que adquiere intensidad poco a poco. Knox juguetea con mis pezones y yo no puedo más.

—Knox, por favor. Fóllame ya.

—Me encanta escuchar suplicar a mi conejita. —Sigue con sus caricias, lleva su boca a mi cuello y comienza a dejar un rastro de besos en él—. Pero hoy no, mi vida. Hoy no.

Guía su polla a mi coño y me penetra despacio, y me adora mientras me hace el amor por primera vez.

Pero no por última.

La voz de Knox me llega en medio de la neblina del sueño.

—¿Por qué no dormimos en la cama, conejita ?

—No sé si quiero estropear nuestra última noche en la cabaña contándote esa historia.

—Oh, conejita, puedo prometerte que vendremos cada año en Halloween. Se convertirá en nuestra tradición: Tú corriendo con mi camiseta por el bosque, mientras te persigo con la máscara.

La imagen se forma en mi mente y no puedo contener el gemido que se me escapa de entre los labios. Siento cómo me humedezco solo de imaginármelo. Aprieto las piernas intentando conseguir algo de fricción mientras Knox me mira con una sonrisa de medio lado.

—Veo que te ha gustado la idea.

—Sí, quiero —contesto entre risas.

Knox vuelve a mirarme a los ojos y la intensidad con la que lo hace solo me da pie a contarle lo que tanto tiempo evitaba hacer. Todo por lo que me hizo pasar —incluso cuando me vendió a Mikel—. Sé que la muerte de Jake tendrá un extra de dolor por esto.

—Los mataré. Los mataré a los dos, conejita, aunque se vaya mi vida con ellos.

—Lo sé, mi amor.

—Algún día, cuando estés preparada, dormiremos juntos en una cama, . Pero puedo prometerte que lo haremos, conejita. Tarde o temprano lo haremos. Juntos.