Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 35
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CAPÍTULO 35

Knox

Cada vez se le da mejor lo de pelear y se esfuerza más, pero llega al final del día bastante cansada.

Por lo que —por si se le da por volver a echar a correr— aprovecho ese momento para hablar con ella; en estas últimas semanas su forma física ha mejorado bastante y no tengo claro que ahora mismo pudiera pillarla en el bosque con tanta facilidad como antes.

Cuando terminamos de cenar y nos encaminamos al sofá, se sienta igual que hacemos siempre para comenzar a leer, pero se frena en seco cuando ve mi cara, cuando se rompe la rutina.

Todavía no ha salido una palabra de mi boca y sus manos ya están temblando.

Tiene la cara descompuesta. No ha hecho falta que diga nada para que sepa que algo va mal.

—¿Qué pasa ahora? —dice con cara de preocupación.

—No es necesariamente nada malo, pero hay algo que quiero hablar contigo, es importante para mí.

Para nosotros. Tienes que tomar una decisión por ambos y necesito que lo hagas antes de que las cosas vayan a más, porque si hay algo que anhelo en este mundo es que no tengas sufrimiento alguno.

Y mucho menos ser yo quién cause aunque sea la más mínima preocupación.

—Me estás asustando, Knox. No se si quiero escuchar lo que tienes que decir. Creo que prefiero quedarme como estamos ahora.

—Ojalá fuera posible, conejita. Pero no lo es. Por desgracia no lo es —le digo mientras la miro con todo el amor que tengo dentro—. Recuerda que, al final del día, solo tú puedes tomar las decisiones en lo que respecta a tu vida.

Respiro hondo y cojo sus manos, preparándome para soltar un discurso que llevo días ensayando. Solo espero que el resultado no sea el mismo que en mi maltrecha imaginación.

—Sé que tu también has notado los sentimientos que afloran entre nosotros y antes de que vaya a más quiero que me conozcas, que rellenes todos los huecos en blanco que tienes de mi historia. Entonces podrás decidir si quieres quedarte a mi lado.

⟫Cuando saliste del orfanato yo me quedé hasta que apareció una familia que decía buscar un chico y me llevaron con ellos.

Resultó que se dedicaban a sacar a niños de orfanatos y entrenarlos junto a los mejores ejércitos.

Les daban formación,familia y un propósito.

La mayoría de hombres que se entrenaron a mi lado lo hacían por dinero.

Por eso siempre yo fui él más peligroso, el más letal.

Yo lo hacía por la posibilidad de volver algún día a tu lado, conejita.

Con el tiempo fui consciente de que mataba a hombres a los que la justicia había dejado libres.

¿La verdad? Ya no me importaba quién fuera; cada cadáver me acercaba un paso más cerca de ti y eso era lo único que me importaba.

Lo único que me sigue importando. Cuando pude ir a buscarte y vi lo que Jake hacía contigo casi me muero.

Sabía que tomarían represalias contra ti si iba por libre, así que te seguí, te observé durante meses.

Preparaba el momento perfecto para sacarte de ahí y convertir a Jake un objetivo en el punto de mira de mis jefes.

Conseguí guiarte hasta aquí, y lo demás es historia.

—Hago una pausa para respirar y cargarme del poco valor que puedo—.

Quiero decirte que siempre has estado en mi mente, en mi negro corazón desde la primera vez que te vi en ese orfanato.

Llevo toda mi vida enamorado de una Madison que solo yo sé que existe, y quiero que, por primera vez, alguien me elija por ser quien era antes, Knox Hayes y no por ser un asesino a sueldo.

Levanto la vista del suelo y la fijo en Madison, que me mira con los ojos anegados en lágrimas. Reconozco la tristeza y la rabia claramente en su rostro. Así que me levanto del sofá para salir de la cabaña y de su vida.

Sabía que había posibilidades de que ella no quisiera saber nada de mí una vez descubriera quién soy y ahora tengo que hacerme a la idea. No seré Jake. No la obligaré a estar a mi lado, aunque la sentiré mía hasta el último día de mi vida.

Ahora que sé lo que es vivir con ella, lo dulce que sabe y como me devoran sus labios; el ruido que hace cuando se corre, y la forma en la que se frota los pies entre sí para quedarse dormida. Ahora que sé que le encanta el café, pero odia cuando le ponen mil cosas dentro que no sean leche.

Esto va a ser jodidamente difícil.

Pero sigo priorizando su felicidad por encima de todo, por encima de la mía.

Ella es y siempre ha sido lo más importante, por lo que he trabajado toda la vida.

Madison se aferra a mi sudadera con todas sus fuerzas cuando intento alejarme del sofá. Vuelvo a fijar mis ojos en los suyos. Los míos solo reflejan miedo, los de Madison me miran con tiento.

Y por su boca salen unas palabras que nunca pensé escuchar:

—Gracias por verme siempre —dice mientras se pone de pie y se acerca—. Te elijo, Knox Hayes.

Madison no duda, me rodea el cuello con los brazos, poniéndose de puntillas, alcanza mi boca, que está lista para recibirla.

Sus labios se mueven contra los míos en el beso con más amor que he recibido jamás.

Intento devolvérselo con todo lo que me queda dentro, todo lo que tengo. Todo lo que soy, todo, es para ella.

Mi Madison.

Mi conejita.

Mi chica.

Mi mujer.

Mía.