CAPÍTULO 34
Madison
Han pasado algunas semanas desde la persecución de Knox en el bosque.
Poco a poco me ha ayudado a salir del caparazón en el que me estaba metiendo.
No ha dejado que me encierre en mí misma y eso me ha ayudado a estar más presente.
Seguimos llevando una rutina juntos, leyendo en el sofá y acurrucándonos juntos después.
También seguimos durmiendo juntos, aunque él piense que no lo sé.
Durante las mañanas, Knox sale a cazar. Por las tardes, ha tomado la decisión por los dos de que tengo que estar preparada para todo lo que pueda pasar.
Los osos son la excusa, los dos realmente sabemos el porqué de la importancia que le está dando a que sepa defenderme y valerme por mí misma, pero ninguno lo dice en voz alta.
Ha pasado mucho tiempo desde que me enteré que Jake es mi hermano, y la tristeza y culpabilidad han ido cambiando.
Ahora ya solo siento odio, ira, rabia. Solo quiero ver a Jake morir.
No me importa si son mis manos las que hacen que se vaya con satanás o son las de Knox, pero no quiero que siga caminando por el mismo mundo en el que yo lo hago.
En el mismo mundo por el que camina cualquier mujer.
Salimos a la parte trasera de la cabaña, donde hay un cobertizo en el que almacenamos la leña.
Knox ha montado allí un pequeño circuito para poder entrar en calor y hacer despertar a los músculos.
Después de un par de vueltas, comienza a enseñarme movimientos de lucha libre.
Los detalles que me ha dado al respecto de su entrenamiento han sido demasiado vagos.
He preguntado varias veces sobre el tema, pero siempre esquiva la pregunta.
Él me ha dado margen para contarle lo de Jake cuando estuviera preparada, no me ha metido prisa nunca, y no quiero hacerlo yo ahora con él.
Pero la realidad es que me muero de ganas de saber qué leches ha sido de su vida en los años en los que hemos estado separados.
—Madison —llama mi atención.
—Perdón, estaba despistada —contesto, avergonzada.
—Lo he notado. ¿Está todo bien? —indaga con toda la paciencia del mundo—. ¿Es sobre algo que quieras hablar?
—No, no. Todo está bien.
Según me mira no parezco convencerlo, pero no insiste.
—Vale. —Se reposiciona para continuar la lección—.
Recuerda lo que te decía: estás siempre en desventaja; prácticamente cualquier hombre va a ser más fuerte que tú, por lo que tienes que utilizar tus puntos fuertes, tu velocidad.
Nadie va a esperarse que sepas defenderte, y mucho menos que ejecutes varios movimientos con rapidez.
Así que cogerlos desprevenidos va a ser siempre tu mejor baza.
—No tengo pensado separarme de tu lado, así que no creo que vaya a necesitarlos de todos modos.
—No quiero que te separes de mi lado, jamás. Pero hay cosas que no podemos controlar. Necesito tener la seguridad de que vas a saber defenderte, que estarás segura. Que nadie va a poder con mi chica.
Cada vez que un ⟪ mi chica⟫ sale de su boca, me derrite por dentro. Cada vez que lo escucho algo sube y baja en mi estómago. Nunca había sentido algo así; nunca pensé en sentir algo así.
Pero Knox me hace querer vivir.
Knox me hace querer ser feliz.
Knox me hace estar segura.
Knox me hace querer una familia.
Knox me hace no querer bajar de esta montaña, jamás.
Pero me callo y no le digo nada. Porque tengo miedo.
No sé ser su igual y creo que es lo que Knox quiere.
Tengo miedo de no ser suficiente para él, de no estar a la altura.
Así que cada vez que tengo ganas de decirle que tengo sentimientos por él, lo reprimo.
Lo guardo lo más al fondo posible e intento ignorarlo.
Seguimos con la clase, aprendiendo a defenderme, a pelar. Cada día mejoro un poquito más. Y la Navidad se acerca demasiado rápido.
Es cierto eso de que cuando eres feliz las horas vuelan. El tiempo pasa demasiado rápido. Parece que fue ayer cuando subí a pie a esta cabaña, y ya estamos a mediados de diciembre.