Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

Madison

Hace un par de semanas que Knox me ha contado la verdad sobre Jake.

Todavía no puedo entender por qué actuó de ese modo; qué fue lo que hice para que me tratara así; qué fue lo que tan mal hice para merecer todo el sufrimiento que he pasado a lo largo de los años, el sufrimiento que todavía me queda por pasar.

Todavía estoy en shock. Los días pasan y no soy consciente. Las horas se me escapan de entre los dedos. Knox me habla, pero no soy capaz de que sus palabras me calen.

Llevo dos semanas impasible.

Sin hablar.

No he vuelto a llorar, no he vuelto a dejar escapar la rabia que me reconcome por dentro.

No he vuelto a dejar salir la tristeza.

Siento que estoy rota, que no hay vuelta atrás, que nada hará que pueda ser feliz. Mi destino está guiado por las manos de Jake. Ha movido los hilos que me han controlado toda la vida, y ya no puedo hacer nada para enmendar todos los errores que me han obligado a cometer .

Llevo varios días pensando… ¿Para qué voy a quedarme aquí, si solamente voy a ser infeliz?

No tengo nada.

No tengo a nadie.

Así que la solución es fácil, pero me está costando ser lo suficiente valiente para tomarla. Llevo varios días mentalizándome a mí misma. He pensado muchas veces cómo hacerlo, pero he decidido que hoy es el día que tomo acción.

Knox está cazando, así que es el momento perfecto.

Voy a la cocina y saco el mismo cuchillo con el que hace unas semanas hice una bonita obra en el colchón. Me meto en la ducha y abro el grifo del agua fría; lo menos que puedo hacer es evitar ensuciar para que Knox no tenga mucho que limpiar.

Al menos mi cuerpo no saldrá de esta montaña, donde he sido más feliz que en toda mi vida. Creo que no había estado tanto tiempo sin recibir una paliza y no me había parado a pensarlo hasta que volví a meterme en mi cabeza; hasta que volví a aislarme del exterior.

Sentada en el suelo de la ducha, una cascada de agua cae sobre mi cabeza.

Está congelada, pero me obligo a mantenerme debajo.

Sujeto con fuerza el cuchillo en mi mano derecha, y lo coloco sobre la muñeca izquierda.

Presiono y la primera gota de sangre hace su aparición.

Veo cómo recorre mi brazo y se mezcla con el agua, tornándose de un rosa clarito.

La veo irse por el desagüe… Vuelvo a centrar la vista en la muñeca y hago fuerza hacia abajo para seguir abriendo el corte, cuando de la nada me quitan el cuchillo de la mano y escucho gritos alrededor.

No entiendo nada de lo que me grita Knox, pero está enfadado, eso sí consigo distinguirlo.

No sé si ha llegado antes o yo he tardado demasiado; el tiempo se desdibuja a mi alrededor últimamente y no consigo saber la cantidad de minutos u horas que pasan.

Knox sigue gritándome con el ceño fruncido. Necesito escapar, huir.

Me da vergüenza enfrentarlo.

Se suponía que solo tenía que ver el final.

Así que, cuando se gira para cerrar el agua, paso por debajo de su brazo y corro.

Voy hacia el bosque sin rumbo, sin sentido. Solo necesito que mis piernas se muevan y me alejen de aquí.

Que me lleven lejos de Knox, lejos de todo.

Lejos del dolor.

Huyo porque no puedo hacerlo de mí misma.

Porque no puedo escapar de mi mente, de mis pensamientos.

Porque no puedo dejar todo atrás.

Escapo físicamente porque mentalmente sigo atrapada .

Escucho los pasos tras de mí, escucho cómo me persigue, el movimiento de los árboles cuando pasa, sus pisadas en el suelo.

El motivo de mi huida, cambia. Algo físico me persigue y eso me hace estar más presente, salir del círculo de pensamientos negativos en el que estaba atascada.

Knox corre a por mí, y si seguimos así no va a tardar mucho en darme caza y no tengo claro que quiera ser su presa.

Así que insto a mis piernas a qué vayan más deprisa, le ruego a mis músculos que den un poco más de sí.

En vano, porque llega el momento y la mano de Knox sujeta mi pelo, y un tirón me frena en seco.

Acto seguido su mano rodea mi cuello para contenerme, para hacerme saber que no me voy a mover a menos que él lo permita.

Me empuja contra un árbol y quedo atrapada; la espalda apoyada en el árbol y frente a mí un Knox que, por el brillo de sus ojos, no puedo decir del todo que esté cabreado. O al menos, no solo cabreado.

—Me encanta perseguirte cuando corres, conejita. Ya sabes que yo siempre atrapo a mis presas y no dejaré huír a mi favorita.

Mi corazón retumba, acelerado, pero ambos sabemos que ahora mismo no se debe del todo a lo que pasó en la cabaña, la huída también ha tenido algo que ver. Aprieto las piernas y en los ojos de Knox puedo ver que ha sido consciente del movimiento .

—¿Qué le pasa a mi conejita? ¿Se ha puesto cachonda porque alguien corría tras ella?

¿Crees que debería comprobarlo? —suelta con una voz grave mientras lleva sus dedos a mi coño y los mete dentro—.

Mmm, parece que a la conejita le gusta mucho correr.

Y creo que te dije lo que pasaría si volvías a huir, Madison.

¿Vas a ser una buena chica para mí? ¿Una buena presa? ¿Una buena… conejita?

Saca la mano de entre mis piernas y la pone sobre mi hombro, obligándome a ponerme de rodillas. Su otra mano continúa en mi cuello, haciéndome saber quién está a merced de quién.

Levanto la cabeza y clavo mis ojos marrones en los suyos verdes, que me devuelven la mirada de forma intensa. No era consciente de lo mucho que a Knox le gustaba correr tras de mí hasta este momento. Y hago lo único que creo que puede ayudarme ahora mismo.

—A tu lado me siento segura, así que hazlo —suplico—. Hazme volver Knox.

—Abre la boca.

Cada vez que recibo una orden de Knox, se aviva el latido en mi clítoris; quiero ser una chica buena para él.

Quiero sus halagos.

Quiero su placer. Igual que él quiere el mío.

Abro la boca mientras mis ojos siguen clavados en los suyos .

Siento el calor antes de ser consciente de lo que ha hecho, pero lo saboreo, saboreo su saliva en mi boca después de que me haya escupido dentro, y me sorprende lo mucho que me enciende.

—Sácame la polla, Madison.

Obedezco sin dudar. Cuando bajo su ropa interior, su polla salta como un resorte.

La rodeo con la mano. Está duro muy duro.

Deseando esto tanto como yo. Y vacilo, lo llevo a mi boca, lo más atrás posible, sacándolo despacio, y paseando la lengua por cada una de las venas que se encuentran a mi paso.

Vuelvo a meterla y sacarla mientras hago un círculo alrededor de su glande, saboreándolo, y vuelvo a llevarlo al interior de mi boca.

Cada vez me cuesta más mantenerme quieta.

—Llévate la otra mano al coño, Madison, y tócate para mí. Enséñame lo mucho que te gusta chuparme, conejita.

Meto los dedos en mi coño y me sorprendo con la humedad. Comienzo a moverlos en mi interior mientras sigo acogiendo a Knox con la boca. Cuando no puede más, comienza a dar pequeños empellones y uno de ellos consigue atravesar mi reflejo nauseoso.

—Esta garganta está hecha para mi polla, conejita. Encaja a la perfección.

Sigue moviéndose en mi garganta cada vez más rápido, cada vez más duro, mientras yo sigo masturbándome.

Las lágrimas me corren por la cara, dejando ríos a través de mis mejillas.

Una mezcla de babas se escapa por la comisura de mis labios, pero todo eso solo hace que disfrute más de tener a Konx en mi boca y que me restrinja la respiración con su polla.

Solo hace que me acerque más rápido al orgasmo, y cuando está tan cerca que puedo tocarlo me dejo ir sin dudar.

Cuando comienzo a gemir en la polla de Knox, la vibración de mi garganta lo hace venirse conmigo, dentro de mi boca.

—Traga. No quiero ver que se desperdicie ni una sola gota, conejita. Ni. Una. Puta. Gota.

Cuando sale de mí, soy consciente de lo mucho que se estaba conteniendo todas las veces que ha pasado algo entre nosotros para dejarme tomar el control y que me sintiera cómoda. Eso despierta un calor en mi pecho.

Knox me coge en brazos y me lleva de vuelta a la cabaña.