CAPÍTULO 31
Knox
Hace varios días que Madison sabe la verdad de lo ocurrido en el orfanato.
Sabía que la tristeza sería inevitable. He dejado que se regodee en ella durante estos días.
Pero necesito que se reponga, porque todavía no le he contado lo peor.
Es más, yo tampoco lo he asimilado demasiado bien, no me quiero imaginar de qué modo lo hará Madison. No sé cómo cojones se lo voy a contar.
Llevamos este tiempo viviendo juntos en la cabaña, intentando crear una rutina entre ambos que la ayude a ella a salir del pozo en el que se encuentra.
Parece que poco a poco está empezando a remontar, pero entiendo que es un proceso largo; toda su vida ha sido manipulada por el mismo hombre en el que ella confiaba.
Y ahora necesita saber quién es ella y volver a conocerme a mí, sin que nadie ponga cosas en su mente que no son. Conocer al verdadero Knox Hayes.
Todas las noches, después de cenar, nos acurrucamos en el sofá, con los pies cerca del fuego para calentarnos, y le leo en alto hasta que se queda dormida entre mis brazos .
Le digo que la acuesto en el sofá y me voy a la cama, pero la realidad es que me quedo toda la noche en el sofá con ella.
No sé exactamente el motivo por el que Madison no consigue dormir en una; nunca me lo ha contado y no quiero presionarla para hablar de ello, pero creo que en algún momento lo hará.
He estado cazando en el bosque para que las reservas de la cabaña nos duren lo máximo posible. Al principio a Madison le costó un poco, pero ahora come como si fuera cualquier otro tipo de carne.
Esta noche comienza como cualquier otra.
Ha empezado un nuevo libro, y me queda claro que lo ha elegido a propósito cuando llego a una escena erótica.
No tengo claro si lo ha hecho para ver mi reacción ante este momento, ver si me detengo o no.
Pero continúo narrando cómo él la penetra con fuerza contra la pared.
Voy levantando la vista a cada rato y observando a Madison, a quien le cambia la respiración y los pezones se le endurecen.
Y en cuanto lo veo, es mi señal para dejar el libro en el suelo, darle la vuelta y tocarla por encima de la ropa.
Está acostada sobre mí, por lo que puede notar mi polla dura contra su coño.
En cuanto es consciente de ello, comienza a frotarse sobre ella, y la dejo que busque su propio placer.
Cuando sus movimientos se vuelven erráticos, la sujeto, frenándola.
Mi mano rodea su cuello, sin apretar, pero haciéndole saber que continuará solo si yo lo permito.
—No voy a dejar que te corras así, conejita —hablo con voz melosa—. Si quieres frotarte contra mí, estoy de acuerdo, pero lo harás desnuda. Quiero ver cómo de duros se te ponen los pezones , y ver tu coño llorar por no tenerme dentro.
—Pero, Knox, yo…
—No quiero peros, Madison. Quiero acciones.
Le brillan los ojos y se desnuda para mí, dejándome por fin ver su cuerpo completo.
Es una jodida diosa caminando por la tierra.
Cuando vuelve hacia mí para colocarse del mismo modo, vuelvo a frenarla.
—Yo sigo vestido, conejita.
Sonríe de medio lado y comienza a retirar mi ropa, y veo como cada centímetro de mi cuerpo que queda expuesto es devorado por su mirada. Cuando estoy completamente desnudo, se me sienta encima, y en ese mismo momento noto la humedad de su coño resbalando por mi abdomen.
—Oh, conejita, estás haciendo un desastre con tu coño. Tendrás que limpiarlo con la lengua.
Me mira fijamente a los ojos .
—La verdad es que tenía otros planes —dice, mientras se inserta directamente mi polla. Se queda quieta cuando solo tiene dentro la punta, y me hace sufrir
—Conejita, ya.
Sabe que no voy a moverme a no ser que ella me dé una señal, que dejaré que sea ella quien guíe la situación, y se aprovecha de ello.
—Ya, ¿qué, Knox? No te entiendo, ¿puedes decirme exactamente qué es lo que quieres? —contesta con bravuconería y una sonrisa de medio lado adornando su boca.
Se está burlando de mí devolviéndome mis propias palabras, y me encanta que lo haga. El cambio de Madison es abismal, la confianza que siente conmigo en tan pocos días, me hace pensar en todas las carencias que ha tenido.
—No juegues con fuego, conejita, porque puedes quemarte —le digo mientras subo las caderas e introduzco mi polla en ella por completo de un solo movimiento.
Abre la boca, y me clava las uñas en el pecho.
Jadea sobre mi boca.
—¿Decías algo, conejita?
Me mira con odio, pero comienza a moverse sobre mí, buscando su propio placer. Esta vez acompaño sus movimientos con los míos, y me deleito con sus gemidos; son música celestial para mis jodidos oídos .
—Llevo demasiados años esperando para escucharte gritar mi nombre, y no voy a esperar un puto minuto más.
Su coño me aprieta en cuanto la orden sale de mi boca. A mi conejita le gusta que le den ordenes…
—Knox…
—Más alto, Madison. Más. Jodidamente. Alto.
—¡Knox!
Grita mientras cabalga su orgasmo, y yo me dejo ir con ella.
—Esa es mi buena chica.