Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Knox

Nos lleva un rato llegar a la cabaña, pero la cargo en brazos durante todo el camino; no puedo permitir que mi conejita se lastime más de lo que ya ha hecho. Vuelve a forcejear en cuanto cruzamos la puerta, pero la retengo con fuerza y la llevo hacia el sofá, donde la siento.

—Estate quieta ahí, vengo ahora.

Me adentro en el baño y busco el botiquín. Cuando lo localizo y vuelvo al salón, me encuentro con que Madison se ha largado.

¡Joder! Qué puta terca es cuando quiere.

Me encamino hacia la puerta para volver a correr tras ella, cuando escucho ruido en la habitación.

Me adentro y encuentro a mi conejita vistiéndose, a su lado la mochila preparada para irse.

Eso me rompe un poco por dentro, pero no lo muestro; no puede ver la capacidad que tiene de hacerme daño, no todavía.

Intento retenerla pero sigue con su tarea de ignorarme .

—Entiendo que estés asustada, yo mismo te acompañaré montaña abajo si es lo que quieres, pero no antes de escucharme. Dame solo una noche, Madison. No pido más.

Se gira y me mira a los ojos. Los suyos reflejan un miedo que no debería estar ahí.

—Tienes media hora para decir lo que quieras decir —cede, con un tono cortante—. Después me iré. Sola.

—Pero…

—Sin peros —me interrumpe—. Te estoy dando más de lo que tú me has dado jamás.

Nos encaminamos hacia el salón. Ha llegado el momento y no sé si estoy seguro de poder hacerlo.

Cuando se sienta, le pido que me espere. Busco mi maleta —que había dejado a las afueras de la cabaña— y me meto en mi bolsillo trasero la única prueba posible para que me crea. Sobresale un poco, pero espero no necesitarlo o, al menos, no hasta haber contado toda mi historia.

Madison

Estoy acojonada. No pensé que iba a volver a ver a Knox nunca.

Jamás.

Creí que era una etapa en mi vida completamente cerrada. Solo tengo ganas de salir huyendo, pero siento que algo ha cambiado en él. Hay algo diferente y su cara de decepción cuando ha visto mis cosas guardadas en la mochila solo lo corrobora.

—Te escucho, Knox. No te hagas de rogar —suelto con un poco de veneno en mi voz.

Se queda de pie frente a mí, y no disimula el nerviosismo tan bien como cree.

—Llevo muchos años esperando este momento, y no es algo fácil, así que te pido que me escuches hasta el final. Una vez termine, puedes hacerme las preguntas que quieras. Pero déjame primero contarte nuestra historia desde mi perspectiva.

—No puedo prometerte nada —digo mientras un escalofrío recorre mi cuerpo. Pone los ojos en blanco.

—Eres la de siempre —contesta con una risa de medio lado—.

Vamos allá. —Suspira y se arma de valor—.

Cuando llegué al orfanato, quedé absolutamente impresionado con la chica más guapa que había visto jamás.

Éramos solo unos niños, pero yo ya sabía que era el amor de mi vida.

Pero vivía completamente atormentada por un hijo de puta.

Cada vez que yo me acercaba a ella, él amenazaba con pegarle, así que, poco a poco, me fui alejando; lo último que quería era que ella sufriera .

⟫Aun así, me gustaba dejarle detalles en todos lados: sus chocolates favoritos escondidos entre sus toallas; guardaba para ella el último postre en la cafetería, y cada vez que tenía oportunidad dejaba un caramelo bajo su almohada —una pikota— para que cuando se fuera a dormir, el dulce que tanto le gustaba la guiara a tener dulces sueños. —Knox, eso no es posible, era…

—No, no era Jake quién hacía todas esas cosas por ti. Pero sí que era él quien rompía tu ropa, te cortaba el pelo cuando dormías, escupía en tu comida, e incluso…

—¿Incluso? —Repite esa última palabra con un hilo de voz.

—Te sacó fotos desnuda y pidió dinero y comida a los chicos del orfanato a cambio de enseñarlas.

—Parece especialmente dolido con el recuerdo—.

Tuvimos una pelea muy grande por ello. Me aislaron varios días en una habitación, pero no iba a permitir que nadie viera tu cuerpo.

Eres mía, Madison. Nadie tiene derecho a hacerte ese tipo de cosas.

⟫Cuando me sacaron del encierro, fui directo a hablar contigo, a contarte todo lo que Jake te estaba haciendo, pero él se adelantó y te dijo que había sido yo.

Que me colaba en tu habitación y me masturbaba mientras te veía dormir, y dejaba tus bragas manchadas con mi semen.

Que fui yo quien tiró tu peluche, lo único que te quedaba de tu familia, a la basura .

⟫Pero nunca fui yo. No quisiste escucharme, y cuando conseguí pruebas, te busqué para contártelo todo, pero él apareció, me aparto y te castigó a ti por haber hablado conmigo.

Knox sigue hablando, pero mi cabeza no es capaz de procesar toda esta información. Me cuenta cosas que es imposible que nadie conozca aparte de Jake y yo. No tiene sentido, no lo entiendo. Knox me atormentó, me acosó durante todo el tiempo que estuvimos en el orfanato. Knox, no Jake.

¿Cierto?

—Madison, ¿sigues aquí?

—Sí, sí perdón —contesto, volviendo de mis pensamientos.

—Sé que es demasiado para procesar. Pero todavía hay más.

—¿Más? ¿No es ya suficiente?—. Cuando te fuiste del orfanato, me quedé destrozado.

Una familia me acogió poco después. Me dio una oportunidad, me adiestraron en las mejores escuelas y soy de los mejores en mi trabajo, pero sobre todo me dio un motivo para seguir: arrancarte de las garras de Jake.

Cuando terminé mi formación años después, te vigilé durante meses, te cuidé desde la distancia.

Y descubrí demasiadas cosas por el camino: Jake no es relaciones públicas de varias discotecas: no es camarero en un bar; vende droga a niñas en esas discotecas y, cuando están drogadas, se las folla en los baños .

Imposible. No puede ser. Eso no es verdad. Jake me quiere. Jake es lo único que tengo. Solamente dice una mentira tras otra. No creo absolutamente nada de lo que sale por su boca, no sé cómo se ha enterado de tantas cosas que solo él y yo sabemos, pero no le creo.

Knox saca su teléfono móvil y me enseña varias fotos y videos. En ellos aparece la fecha y hora a un lado de la pantalla. Todas y cada una son de Jake con otras mujeres, algunas de ellas parecen incluso demasiado jóvenes.

Mi mundo se viene abajo. No puede ser verdad.

—Knox…

—Lo sé, Madison, lo sé —me dice mientras pone sus brazos alrededor de mi cuerpo.

Se incorpora un poco y pone en mis manos lo único que pensaba que jamás volvería a ver: mi conejito de peluche.

Imposible.

—Iría al infierno por ti, conejita —susurra, su boca cerca de la mía—. Rescatarlo era lo menos que podía hacer.

—Lo has guardado todos estos años…

—Sabía que volverías a mí. No importaba el tiempo que pasara, sabía que mi sitio era a tu lado.

Y me rompo.

Me rompo por completo.

Lloro sobre el hombro de Knox.

Por la Madison del orfanato .

Por la Madison adulta.

Por la mujer engañada.

Por la mujer maltratada.

Por la mujer infeliz.

Por todas las mujeres que hay en mí y que Jake rompió.