Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

Madison

Corro.

No puedo hacer otra cosa que correr.

Huyo por el bosque porque no quiero enfrentarme a lo que se ha quedado dentro de la cabaña atado a la puta cama. Tampoco puedo profundizar en lo que acabo de hacer, mi mente todavía no lo está procesando, así que sigo corriendo. No sé dónde voy. No sé dónde estoy.

Solo sé dónde no quiero estar.

—¡Knox! ¡Tenía que ser el puto Knox!

La niebla me impide ir más rápido, y ya puedo escucharlo tras de mí. No sé cómo coño se ha soltado de las putas esposas.

Corre tras de mí, y en cuanto me de caza…

Sigo huyendo sin mirar atrás, porque no quiero bajar la velocidad a la que mis piernas me llevan a través de la espesura del bosque sin ver absolutamente nada.

Hay ramas y raíces por todos lados. Me tropiezo con una de ellas, y termino en el suelo.

Mi corazón late más rápido que nunca, y respiro todo lo rápido que puedo, que se ve que no es suficiente para mis pulmones. Me queman.

Tirada en el suelo, minimizo el sonido de mi respiración, en un intento por escuchar a mi alrededor. Quizá he tenido suerte y me ha perdido en medio del bosque. Así que me pego al tronco de un árbol y hago el mínimo ruido posible.

Llevo un par de minutos sentada contra el árbol intentando calmar mi corazón. El silencio es absoluto y sobrecogedor; no se escucha ni un solo animal. Tanto silencio no es normal, y eso me mantiene alerta.

Unas manos salen de detrás del árbol y me sujetan.

Grito y pataleo para liberarme.

—Te tengo, conejita. Y ahora quiero mi recompensa. No se saca un cazador de caza si no vas a ser una buena presa.

​ Me sube sobre su hombro como si no pesara nada y me lleva de vuelta a la cabaña. Le propino toda una sarta de puñetazos en su espalda y patadas en el abdomen, pero no hace ni el mínimo amago de soltarme.

—Ya basta, Knox ¡suéltame! De haber sabido que eras tú, jamás hubiera pasado nada.

— Auch , conejita, eso duele. Pero te lo he dicho antes, ya va siendo hora de que sepas toda la puta verdad.

Y, por una vez en tu vida, vas a escucharme.

Vas a quedarte sentada en el sofá, como una buena chica y oirás todo cuanto tengo que decirte.

Se acabó huir, Madison. Te he dado margen esta vez pero puedo prometerte que no lo haré una segunda.

Si te atrapo, eres mía. Estés donde estés.