Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

Madison

Me despierto con mucho dolor en todo el cuerpo.

Ayer me dormí entre lágrimas agazapada en la esquina de la habitación. Jake me había hecho muchas cosas, pero ese día me rompió por completo. Todavía intento pegar los trocitos de mi alma. Pero desde entonces está vacía, apática.

Solo he vuelto a sentir miedo, ninguna otra emoción me embarga. He conseguido un mínimo de emoción con este viaje, pero ni siquiera esto me hace feliz.

Por mi cabeza solo rondan preguntas para las que no encuentro respuesta alguna.

¿Qué hice mal?

¿Por qué nadie me quiere?

¿Por qué siempre estoy sola?

¿Por qué mis padres me abandonaron?

¿Por qué solo Jake se queda?

¿Por qué me trata tan mal?

¿Por qué me tiene tanto odio ?

Pero, pese a todo, me aferro a él. Porque tengo más miedo a la soledad que a todo lo que me pueda hacer. Es imposible romperme más de lo que ya estoy.

El silencio es ensordecedor y da rienda suelta a todos los pensamientos de mi cabeza.

He imaginado dos mil situaciones donde todo salía siempre mal para mí. No hay ninguna variable en la que pueda ser feliz.

Nada me genera una pizca de emoción, y estoy empezando a estar muy cansada de fingir…

Fingir que soy feliz.

Fingir que todo va bien.

Fingir que me importa algo.

Fingir que me tratan bien.

Fingir una sonrisa.

Fingir sentimientos.

Fingirlo todo.

Fingir.

Fingir.

Fingir.

Suspiro, sacando todo el aire de mis pulmones, y me levanto. Cada uno de los músculos de mi cuerpo chillan de dolor por la postura en la que he pasado demasiadas horas. Pero así es mejor, prefiero centrarme en el dolor físico que enfrentarme al del alma .

Llamo al servicio de habitaciones y pido que me traigan el desayuno. ¿Me lo puedo permitir? Probablemente no, pero ahora mismo tampoco tengo fuerzas, ni ganas, de ver a gente feliz rondando por el restaurante eligiendo qué comer.

Me doy una ducha en lo que llega el desayuno, y, envuelta en la toalla, saco mi móvil para ver la temperatura exterior para elegir ropa acorde.

Me decido por las botas de pelo, un pantalón largo negro y un jersey de cuello vuelto que tiene polar por dentro, ovbiamente negro también.

Es súper calentito. Me miro en el espejo y no termino de reconocerme del todo.

Mi pelo moreno me llega a media espalda y, como Jake no está, decido dejar mis rizos al natural, que cada uno vaya por donde quiera. Me pongo un poco de rímel y los labios rojos. Siento que me dan poder. Son un escudo para todo lo que viene de fuera.

Cuando vuelvo a mirarme en el espejo, siento más confianza. Más ganas de salir por la puerta y enfrentarme al mundo.

Desayuno un café con tostadas mientras veo la televisión local y trazo un mapa con las cosas que quiero ver en el pueblo antes de subir a la cabaña. Salgo del hotel rumbo al centro, fijándome en cada detalle que decora las calles y quedo completamente enamorada .

La decoración es preciosa en esta época del año; calabazas blancas, verdes y naranjas por todos lados; telarañas falsas y luces naranjas en los escaparates de las tiendas.

El ambiente es muy festivo y, aunque no va acorde con lo que siento en ese momento, intento contagiarme de la alegría que me rodea.

Los niños van de la mano de sus padres disfrazados de brujas, esqueletos y algún que otro personaje de películas de terror.

También veo algún que otro adulto disfrazado en pareja con su pequeño.

Incluso un hombre con una máscara de Ghostface.

No puedo evitar sonreír. Es una sonrisa pequeña y de medio lado, pero está ahí, y ya es más de lo que esperaba que ocurriera hoy.

El suelo, húmedo por la lluvia, refleja las luces naranjas de los escaparates y de las velas que algunos locales tienen en sus puertas , creando un ambiente mágico.

Siento que formo parte de una celebración íntima, cercana.

El contraste entre el mar, las calabazas, la niebla y los picos nevados de la montaña es cautivador.

Y es en ese mismo momento que siento que he tomado la decisión correcta viniendo a Alaska.