CAPÍTULO 12
ÉL
A través de las cámaras, la observo dormir por primera vez en mucho tiempo. Su cara refleja paz. Está serena, tranquila, cosa muy poco común en ella. Esa calma parece darle un poco de luz a mi alma.
Miro el reloj en el ordenador y veo que son las cuatro de la mañana. Debería acostarme ya; mañana tengo planeado algo grande para mi conejita. Algo donde pueda estar a mi lado.
Donde pueda volver a acogerla entre mis brazos.
No puedo esperar.
Me desperezo delante del ordenador y voy hacia la cama, perdiendo la camiseta por el camino.
El sueño me envuelve tan pronto me acuesto, y me estoy dejando ir cuando escucho un pequeño gemido.
No sé cuánto tiempo llevo en la cama, pero no puede ser demasiado.
Me mantengo alerta mientras me levanto poco a poco, intentando hacer el mínimo ruido por si vuelvo a escuchar algo. Silencio absoluto .
Voy a acostarme nuevamente cuando lo vuelvo a escuchar. Bajo, muy bajo. Fijo la vista en la pantalla del ordenador.
Madison se retuerce en las sábanas, habla en voz baja, tan baja que los micrófonos de la habitación no consiguen captar lo que dice. Está sufriendo y no sé qué hacer. Me quedo congelado con la vista en el monitor, viéndola retorcerse y llorar en sueños. No puedo moverme.
Se me acelera la respiración. Odio no saber qué está pasando por su cabeza; qué coño está soñando para que sufra a ese nivel.
Tomo la decisión de mandarlo todo a la mierda y sacarla de donde está. Me levanto de la cama y corro hacia el final del pasillo, directo a su habitación. Doy un par de golpes en la puerta que parecen traerla de vuelta porque la escucho sollozar.
Voy a coger mi teléfono para ver cómo está mi conejita, pero cuando bajo la vista me doy cuenta que he salido sin él y sin camiseta.
Estoy en medio del pasillo con un simple pantalón de chándal gris que poco hace por ocultar lo que hay debajo.
Me encamino de vuelta a mi habitación movido por la necesidad de saber cómo se encuentra Madison. Todavía no puedo revelar mi presencia.
Estoy nervioso. Ver a mí conejita en ese estado me ha removido por dentro .
Y en mi cabeza solo se refleja la imagen de una cara: Jake.
Estoy seguro de que pasara lo que pasara en ese sueño, él es el culpable de todo.
La sed de venganza cada vez está más presente. Ese hijo de puta va a llorar sangre.
Va a arrepentirse del daño que le ha hecho a mi conejita.
Va a pagar con creces todo por lo que le ha hecho pasar.
Cuando llego a la pantalla del ordenador no tengo claro qué imagen me rompe más, si ver a Madison pelearse con los sueños, o el sufrimiento que se refleja en su cara llena de lágrimas, agazapada en una esquina, con la respiración acelerada y la ansiedad recorriéndole el cuerpo.
Es hombre muerto.
Decido hacer una última llamada antes de acostarme. Necesito que alguien lo vigile mientras estoy aquí.
Recurro a mi jefe.
Siempre encuentra la mejor solución.
La más sangrienta.
La más creativa.