CAPÍTULO 11
Madison
Sigo dormida pero consciente. Siento algo demasiado blando bajo mi cuerpo. Estoy desorientada y tengo la boca seca. Intento moverme, pero noto mi cuerpo pesado. Intento abrir los ojos, pero parece que alguien me tira de los párpados.
Intento sentir; intento adivinar qué tengo bajo mi cuerpo, y no sé cómo, ni por qué, pero resulta que estoy tumbada en una cama. La ansiedad empieza a inundarme. Necesito levantarme antes de que llegue Jake.
Pero mi cuerpo no responde. Siento una tremenda agonía porque sé lo que viene a continuación, pero no consigo moverme.
Los párpados me pesan, siento que mi cuerpo no me pertenece, y aunque intento pelear, vuelvo a quedarme dormida.
Ha sido un día duro. Trabajo como comercial de ventas de una gran compañía.
Tengo una cartera de clientes bastante extensa, pero se ha caído una de las nuevas incorporaciones: finalmente ha firmado con una empresa de la competencia.
Cosa que a mi jefe no le ha sentado demasiado bien, y se ha pasado un buen rato gritándome.
Así que cuando llego a casa, tarde, tengo el ánimo más alicaído de lo habitual.
Me quito el uniforme, me bajo de los tacones y me pongo la ropa que a Jake le gusta: una braga y sujetador de encaje con un picardías. Me subo en unos tacones exageradamente altos y comienzo a hacer la cena.
Hoy es uno de esos días en los que sé que Jake va a llegar más tarde, así que me relajo un poco. Todavía llevo el maquillaje de haber ido a trabajar. Debería quitármelo antes de que él llegue, pero aún tengo tiempo.
Cuando termino de hacerme unos huevos revueltos, algo rápido, le aparto un plato y me siento en el sofá a cenar. Cuando he comido solamente un par de bocados, escucho la llave introducirse en la cerradura.
Mierda.
El color desaparece de mi cara; ha llegado pronto y no estoy preparada para él. Entra al salón y me encuentra sentada cenando. Su cara se pone roja de rabia y viene directo hacia mí. Me da un puñetazo en el estómago.
—¿Se puede saber qué mierda haces sentada ahí? ¿Por qué no estás en tu puto sitio? ¿Por qué mierda tienes eso en la puta cara?
Me da una patada en el muslo.
Está enfadado, y es culpa mía. Sabía que no estaba lista, pero he tenido un día de mierda.
Bajo la vista al suelo.
—Lo siento, Jake.
—Te he dicho mil putas veces que no soy Jake para ti, soy tu puto señor.
—Lo siento, señor.
Parece que escuchar el “señor” de mis labios lo apacigua un poco.
—Ve a quitarte esa mierda de la cara mientras ceno. Ya sabes dónde tienes que esperarme. Ah, y Madison, ya puedes esmerarte a fondo esta noche. Hay mucho que tengo que perdonarte —me dice mientras me mira con odio.
Asiento sin levantar los ojos del suelo y salgo corriendo al baño. Me desmaquillo más rápido de lo que he conseguido hacerlo nunca y me apresuro a llegar a la habitación.
Me pongo a cuatro patas sobre la cama y espero .
Es una postura muy degradante, pero lo acepto por Jake.
Del mismo modo que acepto muchas otras cosas para no quedarme sola.
Jake es mi vida.
Jake es lo único que tengo.
Jake ha estado siempre a mi lado.
Así que me trago el orgullo y me quedo en mi postura en la cama mientras lo escucho trastear por el salón.
Alguien llama a la puerta y levanto rápido la cabeza, intentando escuchar. Me mantengo alerta por lo que pueda ocurrir.
Jake habla con otro hombre que se adentra en mi casa —si los pasos que resuenan en el pasillo no me engañan—.
Cada vez escucho sus voces más cerca, pero no consigo entender lo que dicen.
Quiero salir de aquí y cubrirme, pero tengo miedo a las represalias, así que me quedo quieta, rezando para que esa persona se vaya pronto.
Se ve que al Dios al que rezo no es el correcto, porque Jake entra en la habitación seguido por ese otro hombre. Cuando voy a levantarme, me dan una orden.
—Ni se te ocurra mover un solo pelo —escupe con agresividad.
Me congelo en el sitio. No puedo enfadarlo más hoy .
Lo único que me consuela ante la presencia de este desconocido, es que todavía tengo la ropa interior puesta. Aunque esté en una postura muy comprometida.
—¿Ves qué bien entrenada la tengo, Mikel? —se jacta Jake con ese otro tío—. Hace todo lo que yo le pido, cómo se lo pido y cuando se lo pido. Sin rechistar. Te daré los consejos que necesites —dice, orgulloso de mí.
—He venido por un pago, no por consejos —le suelta tajante el desconocido—. Si no tienes lo que necesito o no puedes darme lo que quiero ahora, tendrás grandes problemas, Jake.
—Tranquilo, Mikel. Mi chica es una cumplidora, ¿verdad, Madison? —me pregunta, mirándome con cara de que no lo rete bajo ningún motivo.
—Sí, señor —respondo rápidamente, intentando no ganarme otro puñetazo.
—Esa es mi putita. —Jake se acerca a las cadenas para enganchar mis manos y meter la bola en mi boca, abrochándola en la parte posterior de mi cabeza —. Puedes sentarte en esa silla y observar, Mikel.
⟪¿¡QUÉ!?⟫
El corazón me va a mil por hora. Necesito salir de aquí. Nunca había hecho esto antes, no quiero que nadie me vea degradarme de este modo.
Me muevo .
Quiero irme.
Pero Jake me sujeta del pelo y me devuelve a mi lugar.
—Chssss, ¿quién te ha dado permiso para mover ni un solo centímetro de tu cuerpo? —Baja la voz para que solo yo pueda escucharlo—: Vas a quedarte donde estás y enseñarle a nuestro invitado lo bien que lo haces.
Y, por si no me había quedado claro, me da un puñetazo en la espalda que hace que pierda la postura y caiga sobre la cama aullando de dolor.
No estoy sola.
No estoy sola.
No estoy sola.
Jake está siempre a mi lado.
Jake está siempre conmigo.
—¡He dicho culo arriba! —me grita mientras me eleva tirando de mi pelo. Las lágrimas empiezan a caer por mi cara, pero vuelvo a mi postura tal como se me pide.
Jake me agarra los pechos y los pellizca.
Fuerte.
Tira de ellos, los magrea, buscando únicamente su placer, buscando que se le ponga dura. Me tira del pelo y me toca en todas partes con unas manos que cada día me producen más rechazo .
Unos minutos después, me quita el sujetador y vuelve torturar mis pechos hasta que me produce tal dolor que otra lágrima resbala por mi mejilla, y la ve.
Eso me vale un azote.
Fuerte.
—Sin lágrimas, Madison. Tú dolor me da asco —dice mientras me mira desde arriba con una mueca que deja claro su desagrado.
Se acerca a mi cadera y aprieta sus manos en ella. Sé que me van a salir marcas.
Pasea sus dedos por la línea superior de mi ropa interior y tira de ella, rompiéndola. Se me escapa un jadeo del susto, y me gano un empujón.
Noto el aire en mi coño y me siento jodidamente avergonzada. No puedo verlo, pero estoy segura de que los ojos de ese hombre están sobre mi sexo. Quiero salir de aquí, como sea. Quiero que me trague la tierra; quiero hacerme una bolita y desaparecer.
Veo por el rabillo del ojo a Jake coger el bote de lubricante y extenderlo sobre mis pliegues, pero cambia de idea en el último momento.
—Mikel, ¿quieres prepararla para mí?
No lo veo, pero debe asentir, porque noto en mi culo el tacto de una mano que no conozco. Tengo ganas de vomitar .
No paro de salivar con la bola en la boca y ni siquiera puedo respirar con normalidad. El corazón se me va a salir del pecho.
Noto como Mikel me echa el lubricante por el culo y el coño, y fuerza un tapón anal dentro de mí.
Mi corazón se rompe un poco más, si es que quedaba algo sano.
Todavía siento la mano de Mikel en mi culo cuando Jake me penetra de una estocada.
Quema.
Duele.
Escuece.
Y como siempre, no espera a que me acostumbre; comienza a moverse y buscar su placer.
Un empellón, y otro, y otro, y otro.
Sigue quemando.
Sigue doliendo.
Sigue escociendo.
Entra y sale de mí.
Escucho bajar la cremallera del pantalón de Mikel y más lágrimas resbalan por mi cara.
No puedo verlo, pero tampoco lo necesito.
Jake empieza a dar empellones más erráticos. Va a correrse, por fin, pero para y sale de mí. Eso no es normal .
Necesito que esto termine cuanto antes. Siento como cada vez me pliego más sobre mí misma. Necesito que mi alma abandone mi cuerpo. No quiero sentir más. No puedo sentir más.
Vuelve a entrar. Siento más lubricante, y está siendo un poco más gentil. Sigue siendo rápido, pero no duele tanto. Parece que tiene algo más de consideración por estar Mikel aquí.
—¿No se le permite hablar? —escucho como alguien pregunta detrás de mí.
Mis ojos se abren de par en par.
Se me para el corazón.
No.
No.
No.
No puede ser.
No.
Siento como mi alma cae en picado. Se me revuelve el estómago.
Quiero vomitar. No puede ser. No me ha hecho esto.
No ha dejado que otro me folle, no puede haber hecho eso.
Mi corazón termina de partirse. Algo me desgarra el pecho y las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas.
La respiración se me acelera. Se me nubla la vista.
Lo único que quiero es salir de mi cuerpo.
Siento asco, me repugna. Quiero moverme, pero las cadenas me retienen.
Quiero gritar, pero la bola me lo impide.
Solo soy su puta muñeca. Su muñeca rota.
—No —contesta Jake desde mi derecha.
Cada vez que siento la piel de Mike chocar con la mía, la miseria me lleva un poco más. En el siguiente empellón, lo poco que quedaba de mi alma se hace trizas. Solo siento dolor, físico y mental. Este último duele más si cabe.
Siento como Mike se corre en el condón que lleva puesto y después alguien vuelve a entrar en mí.
¿Cómo no he notado el condón?
Me ha vendido. Me ha usado como moneda de cambio. Me ha roto del todo. Mis pensamientos son erráticos y solo puedo pensar en desaparecer.
—Nuestra deuda está saldada. Vete. No quiero volver a verte, Mikel.
Comienza a coger ritmo, a entrar y salir de mí, una y otra vez. Me sujeta las caderas con mucha fuerza, me clava sus dedos. Solo siento dolor.
Uno, dos, tres… Dejo de contar y el tiempo se vuelve a hacer eterno. La casa se queda en silencio y solo se escucha el ruido de nuestros cuerpos, los jadeos de Jake, sus respiraciones aceleradas. Las lágrimas corren silenciosas por mis mejillas .
Jake no tiene consideración con mi cuerpo y sigue follándome a gran velocidad y con dureza. Sus dedos siguen apretándome con fuerza, pero ya nada parece importar demasiado.
Jake sale de mí y se corre sobre mi espalda, como siempre.
Ya solo estamos los dos en la habitación, pero he dejado de estar aquí; lo poco que quedaba de mi ser se ha ido con Mikel por esa puerta.
—No me hagas volver a castigarte, Madison.
No me gustan las consecuencias de tus actos.
Sufro con estas cosas. Sufro al tener que hacerte daño.
No puedes hacerte una idea de lo que me ha dolido ver como tu coño acogía la polla de Mikel, como disfrutaba con tu cuerpo.
Lo duro que se ha puesto nada más verte.
Lo feliz que ha sido martillando tu coño y metiendo el tapón en tu culo para que estés más prieta.
No quiero volver a tener que pagar una deuda con tu cuerpo.
Duérmete de una puta vez y reflexiona sobre lo mala que eres.
Lo que tu comportamiento causa en mí: el dolor que me causas.
Esta noche te quedarás encadenada pensando en tus actos.
Pensando en la consecuencia de haberme descentrado en mi trabajo.
Yo la cago, tú pagas. Y pagarás con lo único valioso que tienes: un puto agujero caliente. No eres más que eso.
Me despierto gritando y empapada en sudor. Me levanto rápidamente y corro a la esquina.
No he vuelto a estar en una cama desde ese día, solamente hago uso de ella para que Jake me folle.
Para que haga con mi cuerpo lo que él quiera.
No sé qué hacía en la cama, pero no quiero volver ahí.
Nunca.
La crisis de ansiedad solo aumenta. El corazón me martillea en el pecho a un nivel que no es normal. El sudor frío me recorre el cuerpo. No puedo dejar de temblar y se me nubla la vista.
Soy consciente de que estoy hiperventilando y que, si sigo así, terminaré desmayándome, pero quizá la oscuridad me haga sentir mejor.
Mi alma, mi corazón y mi cuerpo ya están destrozados.