Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 10
26%

CAPÍTULO 10

Él

Veo a través de las cámaras de la habitación como Madison intenta resistirse, pero es imposible mantenerse despierta con la cantidad de somníferos que le he puesto.

Así que me adentro en la habitación en cuanto cierra los ojos.

Me quedo en la esquina más oscura, junto al armario, por si hiciera falta meterme dentro en caso de que mi chica peleona recuperara la conciencia.

Le doy diez minutos para que el sueño sea más profundo.

Diez minutos en los que no puedo apartar los ojos del sube y baja de su pecho.

Diez minutos en los que no aparto los ojos de sus tetas.

Diez minutos en los que, al quedarse dormida medio de lado, un pecho se ha ido saliendo poco a poco del sujetador dejando a la vista el color oscuro de su aureola.

Diez minutos que han parecido horas cuando he empezado a ponerme duro.

Diez minutos en los que solo he podido pensar en mi chica sobre una cama, mojada para mí .

Diez minutos donde he visto el resto de mi vida. Donde he visto mi futuro con Madison.

Me acerco a ella dejando el sigilo atrás; es obvio que está completamente dormida. Espero que además le ayude a descansar.

A cada paso que doy más grande es la tentación de tocarla, de pasarle los dedos por el pelo en una pequeña caricia.

De arrastrar mis labios por su cuello, de dejar un rastro de besos por donde late su pulso.

Intento resistirme, pero tener a Madison tan cerca es más complicado de lo que pensé en un primer momento.

Así que dudo, pero lo hago. Me pongo de rodillas y acerco mi nariz a su pelo, absorbiendo el olor que allí se impregna: frutos rojos.

Sigue siendo inconfundible. Mi estómago pega un vuelco y no puedo evitar pasar los dedos entre los mechones.

Con la otra mano acaricio su cara con el poco amor que me queda dentro.

Mi negro corazón llamando al suyo roto.

Bajo la mano despacio por su cuello y veo como, a su paso, la piel se va erizando. Sigo hasta el borde de la camiseta cuando me percato de que se le marcan los pezones a través de la tela.

Sabía que reaccionaría ante mí. No tenía duda de ello.

Pero ver esas dos protuberancias a través de su ropa solo lo hace todo más difícil. Así que me saco la polla de los pantalones y la agarro fuerte. Doy un par de sacudidas y llevo un dedo a la punta, esparciendo el líquido preseminal. Siseo por el placer que me recorre el cuerpo.

Fijo mi vista en el trozo de piel más oscura en su pecho que Madison tiene al aire y me masturbo. Rápido, duro, fuerte. Miro su boca entreabierta, con ese color de labios rojo y solo puedo pensar en lo bien que me sentaría alrededor de la polla.

En el momento en el que la imagen de Madison de rodillas ante mí, con mi polla entre esos labios rojos, y las lágrimas —negras por la máscara de pestañas— recorriendo su cara por llevarme tan al fondo se materializa en mi mente, siento un hormigueo en las pelotas. No voy a durar mucho más.

Esto no estaba planeado, pero aun así dejo el placer recorrer todo el cuerpo.

No puedo evitarlo y recojo un poco de mi semen con un dedo y lo paso por encima de sus labios rojos, dejando una fina de capa de mí en ella.

Sentado junto a Madison, me doy unos minutos para recuperar el aliento y la compostura y llevar a cabo mi cometido:

Ponerle el rastreador.

No es algo que haga a menudo, pero he estado viendo las diferentes formas de hacerlo.

Ponerlo bajo la piel es la forma más sencilla, pero ella podría notar un bulto o dolor.

Así que vamos por la difícil. Saco de mi bolsa el separador bucal y lo posiciono en la boca de Madison, dejándola abierta por completo, lo que me facilita la tarea de llegar a su último molar.

Preparo el composite y, lo más atrás posible, posiciono el pequeño chip, lo recubro y le doy un par de pulsaciones de luz para que se endurezca.

Termino pasando un torno para limarlo y que no se lastime ni note nada nuevo en la boca. Trabajo terminado.

Antes de salir, noto la postura que tiene sobre la otomana. Me apiado de ella y la acuesto sobre las sábanas de la cama.

De camino a la puerta me llevo la bolsa del Burguer King.

—Dulces sueños, conejita. Cada vez estamos más cerca, aunque todavía no lo sepas.