Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Él

La observo salir del aeropuerto, y me recompone el corazón ver el brillo de sus ojos al enamorarse de la ciudad en la que pude haber crecido.

No puede dejar de mirar a ambos lados con la boca abierta, maravillada por cualquier pequeño detalle que tenga delante. Incluso me atrevería a decir que olfatea el aire.

—Bienvenida a casa, conejita —susurro con una sonrisa.

Cuando se mete en un taxi —supongo que para comprar algo de ropa de abrigo—, me dirijo al hotel, donde hago el registro de las dos habitaciones, ambas con una identificación falsa para guardarme las espaldas.

Entro en su habitación a toda prisa y comienzo a cablearlo todo; cámaras, micros… No voy a dejar absolutamente nada al azar.

No con mi conejita.

Intuyo que vendrá pronto y no quiero que me vea aquí.

Salgo corriendo de su habitación y me dirijo a Burger King.

Sé que volverá muerta de hambre, pero no irá por sí misma.

Le compro una hamburguesa con patatas y Coca-Cola y se lo dejo sobre la cama.

A su lado, un panfleto sobre el baile que se llevará a cabo en la ciudad dentro de un par de días.

Me debato entre hacer lo correcto o no. Dudo. Lo sopeso. Me digo a mí mismo que es por su seguridad mientras pongo un somnífero en la bebida. La necesito inconsciente para llevar a cabo mi siguiente parte del plan.

Mientras termina de hacer sus compras, voy a un concesionario y me compro una moto. Una Yamaha R1 negra, por supuesto.

Mono negro.

Casco negro.

Necesito poder observarla sin ser visto.

Necesito protegerla de los demás, pero sobre todo de su mente.

La persona más peligrosa para mi conejita es ella misma.