CAPÍTULO 6
ÉL
Volamos en el mismo avión, yo varios asientos por detrás de ella. Puedo ver cómo su nerviosismo desquicia al pasajero de al lado. Es la primera vez que sube en uno, así que entiendo que esté cagada.
Está siendo demasiado fácil guiarla hacia la que había sido la cabaña de caza de mi familia muchos años atrás. Una simple llamada desde un número oculto y ni siquiera dudó; aceptó antes de que pudiera terminar de contarle dónde estaba situada.
Como tengo su número de teléfono, decido conectarme al wifi del avión y mandarle un mensaje; total, me aburro. Tengo dos opciones; hablar con ella y darle más detalles de la cabaña, o empezar a hacerle notar que alguien le sigue los pasos. Evidentemente, opto por la última.
Yo: La conejita sale sola de su ciudad, ¿no crees que deberías mirar mejor tras de ti? Siempre puede haber alguien observando .
Segundos después de que el teléfono suene, los movimientos en el asiento se incrementan, lo que me hace saber que ha leído mi mensaje.
Al no recibir respuesta, envío otro.
Yo: Es de mala educación no contestar cuando te hablan Madison. Ese vuelo debe ser muy aburrido.
En cuanto recibe el nuevo mensaje se pone de pie.
Empieza a buscar cualquier cosa que le llame la atención, cualquier cosa que desentone a su alrededor.
Una azafata se acerca para ver si la puede ayudar en algo, pero sale corriendo hacia el baño.
Cuando pasa a mi altura, me bajo más la capucha de la sudadera y miro por la ventanilla. Va a ser un vuelo muy divertido.
En el último momento decido jugar con ella un poco más. Quiero que se enfade, que sienta cualquier cosa, me da igual el qué.
Así que voy tras ella al baño y llamo a la puerta.
—¡Ocupado!
Vuelvo a llamar, esta vez con un poco más de insistencia.
—¡Te he dicho que está ocupado!
Llamo una tercera vez, intentando esconder la risa .
—¡Joder! ¿Tienes putos problemas de audición? ¿Es que no puto entiendes que el puto baño está jodidamente ocupado? Tremendo gilipollas. Ya ni siquiera se puede mear en paz en este jodido cacharro.
Esta es mi Madison, con ese carácter. Me alegra tanto saber que está ahí, debajo de todas esas capas de dolor.
—Perdona, Madison. No quería molestar —le digo cambiando un poco mi voz.
Nada más decirlo corro al primer hueco libre que encuentro, ahogando la risa. Segundos después, sale agitada del baño mientras se abrocha los pantalones y me deja ver un poco de ese tanga de hilo rojo que lleva puesto.
Mueve la cabeza de un lado a otro, buscando algo, pero sin lograr ver nada. Su pecho inflándose al ritmo de su agitada respiración.
—Joder, Madison, los nervios te están volviendo loca. Relájate.
La observo volver a su asiento, y la dejo descansar el resto del vuelo. No se imagina todo lo que le queda por delante.
—Descansa, conejita. Van a ser días muy largos. Voy a sacarte de ese puto cascarón.