Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 5
14%

CAPÍTULO 5

ÉL

No sé si alegrarme o no por que sea tan sencillo guiar a Madison a lo que yo quiero. En parte me alivia que mi plan se esté llevando a cabo de un modo tan sencillo. Pero, por otro lado, me da pena. Todo lo que Jake ha hecho con ella es visible a cada paso que da.

Se lo ha quitado absolutamente todo y solo ha dejado el cascarón de una persona. Está tan traumatizada que no sabe ni quién es. Desde que salieron del orfanato ha vivido por y para él siendo su muñeca; su títere.

Ella le cocinaba, limpiaba su casa, trabajaba, lo mantenía. Por la noche, cuando llegaba de estar en el bar con todos sus amigos, lo esperaba en la cama en la postura que él quería, para que se la follara e irse a dormir al sofá. Y al día siguiente vuelta a empezar.

La rabia me hierve en las venas. Tengo ganas de reventarle el cuerpo a puñetazos al imbécil de Jake.

Llevo mucho tiempo vigilando desde lejos a Madison, observándola a través de la ventana de su salón hacerlo todo por y para él. Viendo como no queda de ella más que la cáscara de lo que fue. Va por la vida, pero no la vive. Existe, sin más.

Después de varias semanas de analizando la rutina de Madison descubrí a Sarah y me alegré de que tuviera a alguien más que a Jake.

Aunque, por desgracia, no estaba todo lo presente que me gustaría, siempre viajando.

Se excusaba en los viajes de trabajo, pero no siempre eran verdad y esas mentiras me dolían como propias. Decidí que había tenido suficiente.

Me había cansado de ver a Madison sufrir, pero sobre todo, no podía soportar los celos de verla con Jake, de ver como cada noche ella se abandonaba a él. Como si ella no importara; la sumisión que le procesaba era total.

Así que empecé a seguir a Jake. Escuchaba las conversaciones que tenía con sus amigos en el bar, o la cantidad de veces que entraba en clubs y se follaba contra la puerta del baño a cualquier chica que se pusiera en su punto de mira.

Pero decidí ir más allá, porque había demasiadas cosas que no encajaban con quién decía ser.

En uno de esos polvos fortuitos, le quité el móvil e instalé una app que me permitía rastrearlo todo.

Días después empezó a brotar la mierda: la forma en la que se ganaba la vida Jake, trapicheando de bar en bar, haciendo clientes, enganchando a la gente a lo peor de este mundo.

A la primera te invitaba. la segunda te la cobraba a la mitad, y para cuando te querías dar de cuenta, no podías vivir lejos del polvo blanco.

¿Cuál era el punto fuerte de Jake? Cualquier chica, en cualquier bar.

Empezaba ligando con ellas ofreciéndoles rayas de coca y, una detrás de otra, caían sin pestañear.

Una noche como cualquiera de las otras en que lo vigilaba Jake se acercó a una niña.

No había que ser un lince para saber que no era mayor de edad, pero le daba igual.

Estábamos en octubre, y los padres siempre eran algo más permisivos con sus pequeñas de cara a que pudieran salir antes de la noche de Halloween.

Pero cuando lo vi cerca de esa chica la rabia me comió por dentro y actué.

Hacía tiempo que tenía un as bajo la manga.

Varias noches atrás, mientras observaba a Jake, alguien tenía sus ojos en mí.

Vanesa, una prostituta que había perdido a su chulo hacía poco, buscaba el modo de salir de las calles, y creyó que podría darle la oportunidad de hacerlo.

Me habló de algunas de las cosas que le gustaba hacer al pedazo de mierda.

Así que cuando me ofreció su ayuda, no dudé.

Cuando Jake se fue a casa esa noche, llevé a Vanessa en mi moto y la dejé en la esquina de la calle. Ella corrió a la casa y lo interceptó en la entrada. No sé cómo lo consiguió, pero él accedió a dejarla entrar.

Corrí al lateral desde donde siempre observaba a Madison. El plan era que Vanesa sacara a Madison de allí. No tenía idea de cómo iba a hacerlo, pero me dijo que lo arreglaría. Supongo que confié demasiado en ella.

Cuando la vi metiéndose en cama de Jake me enfadé conmigo mismo. Lo que no imaginé en ningún momento era que Madison se levantaría con el ruido, que se acercaría a la puerta del dormitorio y, mucho menos, que se quedaría observando.

Madison no podía apartar los ojos de Vanessa y Jake, pero yo no podía apartarlos de ella.

Vi el momento exacto en que su respiración cambió. El momento en que empezó a apretar sus piernas. Pero, sobre todo, vi cuando llevó esa mano a su pecho, cuando metió la otra bajo sus bragas.

No pude evitar ponerme duro solo con ver la excitación de Madison reflejada en su cara; cómo le ponía ver a otros sin que estos lo supieran.

Fue la primera vez que veía en ella una reacción positiva al sexo.

Levanté la vista a su cara y escuché como se le escapaba un gemido mientras movía su dedo dentro y fuera de ella. No pude evitar tocarme por encima de la ropa. Parecía un niño de quince años viendo a su primera mujer.

Pero los sonidos de Madison eran música para mis oídos. Ambos estábamos a punto de corrernos, pero fue Vanessa quien lo hizo, y entonces comenzaron los gritos.

Al cabo de un rato, Vanessa y Madison salían de la casa cogidas de la mano.