CAPÍTULO 3
ÉL
Madison ha quedado con su amiga Sarah en una cafetería. Lleva una mochila al hombro, así que espero que dejarle tantas señales de Alaska surtiera efecto.
Llevo mucho tiempo vigilándola, y no voy a ser capaz de resistirme mucho más. Cada noche me quedo con la mano en alto a punto de llamar a su puerta. Cada noche me doy la vuelta y vuelvo a la mía.
Pero ahora, después de verla en esa cafetería, tengo esperanza de que mi plan se ponga en marcha y Madison siga cada uno de los pasos que he pensado para ella.
El primero, sacarla de este pueblo.
Y supongo que mi plan funciona si me fío de las caras que pone Sarah en este mismo momento. La entiendo. Madison jamás ha salido del pueblo, y hacer un viaje tan largo, sola y después de una separación, no es algo que pegue con su forma de ser para nada.
La Madison sumisa va a desaparecer poco a poco. Y pienso encargarme personalmente de ello .
Cuando sale de la cafetería, mira a ambos lados de la calle, un poco descolocada y sin saber adónde ir. Le pasa siempre, supongo que piensa si volver a casa —con Jake— es la mejor opción.
Así que no pienso mi siguiente movimiento, simplemente lo hago. Atravieso mi moto en la acera, cortándole el paso.
Ella decide ir en dirección contraria, huyendo del que hasta hace poco fue su hogar.
Uno - cero cabrón.
Mi sonrisa se ensancha debajo del casco.
No volverá a pisar esa casa ni recibir un golpe de ese malnacido jamás.
Pero sobre todo, no volverá a ser tocada por otro hombre que no sea yo.
Tiene dueño, pero todavía no lo sabe. Madison puede ser libre. Pero será libre siendo MÍA