Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 2
7%

CAPÍTULO 2

Madison

Llevo varios días viviendo en un hotel de mala muerte, escuchando las camas chocar contra las paredes a mi alrededor.

Cada vez que eso ocurre siento cómo mi coño se humedece, y contengo la necesidad de apretar las piernas. Necesito salir pronto de aquí.

He intentado ligar con varios hombres en el bar del hotel. Pero, todas y cada una de las veces que lo intento, un amenazante Jake aparece en mi mente y salgo corriendo a encerrarme en mi habitación.

Esto se está convirtiendo en un círculo vicioso; cada vez que estoy cachonda bajo al bar, pero termino arrepintiéndome en el último momento.

No he podido volver a tocarme. Cada vez que lo intento, los ojos de Jake me miran desde la oscuridad, y termino llorando en una esquina.

Nunca se me ha permitido sentir placer; yo existía solo para su disfrute.

Lo veo constantemente en mi cabeza. Cada amenaza intensificando el latido de mi corazón en mis oídos .

El pánico me bloquea. La ansiedad me hace temblar.

Me duermo de puro agotamiento y me despierto con el cuerpo dolorido de dormir en posturas extrañas. Jake no me permitía dormir en una cama, así que, ahora que tengo una, no me atrevo a acostarme en ella. Duermo en el suelo o la silla de la habitación.

Pero me lo he propuesto, y esta noche va a ser diferente.

Cuando empiezo a escuchar el “ pum pum pum” contra mi pared, el nerviosismo me recorre y empiezo a sentir.

Me pongo uno de mis vestidos más cortos, comprado recientemente, me subo en unos tacones y me voy al bar del hotel.

Desde la barra, analizo los hombres a mi alrededor.

Ninguno me atrae, pero necesito una solución desesperadamente.

Necesito sacar a Jake de cabeza; dejar de tener miedo. Así que me fuerzo.

Mi cuerpo, mi decisión, mi placer.

Me decido por un hombre al final de la barra, el menos asqueroso de los que tengo cerca, aunque huele algo a sudor. Me acerco, pero no le hablo; no me interesa saber quién es, solo si está soltero, y es lo único que le pregunto.

Se gira y me mira de arriba abajo. Abre los ojos de par en par y en sus labios aparece un gran sonrisa.

—Hola, encanto. Para ti, soy la persona más soltera del mundo—dice, posando su mano alrededor de mi cadera y acercándome a él .

“Vaya, un sobón”, pienso mientras pongo los ojos en blanco.

—Genial, ¿cuál es el número de tu habitación? —Se queda descolocado por completo. No debió pensar que funcionaría. Está claro el porqué.

—Eeh… eh, sí, sí La 36 —tartamudea mientras se levanta, tropezando.

—Pues vamos.

Subimos al ascensor. En cuanto se cierran las puertas empiezo a notar los nervios, la ansiedad, el miedo.

Intento respirar y mantener la mente en blanco. No estoy haciendo nada malo, voy a disfrutar de mi cuerpo.

Inhalo.

Exhalo.

Mientras, el hombre —del que ni siquiera sé el nombre— me devora con la mirada e intenta tocarme el culo.

En el momento en el que cruzamos el umbral de su habitación, empieza a recorrerme el cuerpo con sus manos, e intenta besarme.

—Nada de besos. —Le empujo, seria.

Pero vuelve a la carga, no se rinde.

—Me ha tocado el gordo de la lotería, ¿crees que te voy a dejar escapar? Estás muy equivocada.

Me empuja y caigo sobre el colchón. Se coloca sobre mí, me sube el vestido y me baja las bragas .

Cuando mete dos dedos en mi coño, duele, como siempre. Como Jake. Así que me quedo quieta. Como siempre. Espero. Como siempre. Se cansará. Como siempre. Terminará. Como siempre.

Escucho como se quita el cinturón mientras me dice algo, pero no lo entiendo, ya no estoy aquí, estoy en mi habitación, con Jake.

—Esa es mi niña, siempre preparada para recibirme. Qué bien cumples con tus obligaciones. ¿Quién es mi puta favorita? ¿Cuál es el coño del que más disfruto?

Qué bien lo sabes mi niña, solamente el tuyo.

Siempre me habla al oído, bajito, mientras me ata a la cama y me mete la bola en la boca.

A Jake no le gusta que haga ruido, así que intento salir de mi cuerpo.

A Jake no le gusta que me revele cuando me pega, así que me quedo quieta.

A Jake no le gusta que tenga vello, así que me depilo.

A Jake le gusta que lo espere en su cama, a 4 patas y la vista baja. Y lo hago.

Así que ahora, mientras me mete la bola en la boca, no lo miro a la cara, porque sé lo que viene; sé lo que duele. Pero es lo único que tengo, así que me quedo quieta y dejo que termine. Para que después se quede a mi lado .

Jake me tira del cuello hacia atrás mientras que con su mano recorre mi espalda.

—Culo arriba.

Obedezco.

Siempre me folla por detrás porque no le gusta verme la cara cuando me penetra. Para poder imaginarse a quien quiera, o eso dice.

Pasea su mano por mi cuerpo. Me agarra un pecho y tira. Duele, pero no me muevo y sigo en silencio. De lo contrario, será peor.

Coge el bote de lubricante y me llena el coño y el culo. Dice que follarme es peor que follar una muñeca porque estoy más seca que una abuela.

Hasta hace poco, no sabía a qué se refería.

Mete un tapón anal en mi culo. Dice que así lo siente más apretado, y me penetra, fuerte, de una estocada. Duele. Mucho. Quema.

No me da margen a acostumbrarme, le da igual. Empieza a darme una estocada tras otra, rápido, buscando solo su placer. Recorriendo mi cuerpo con sus manos, tirándome del pelo.

—Qué buena es mi puta. Mírala, qué callada. Cómo siempre. Para que las monjas no nos vean. Con la boquita cerrada. Para que no nos castiguen. Qué bien te he enseñado. El tuyo, es el único agujero que me gusta follar. El único que siempre me la ha puesto tan dura.

Es posible que sean minutos, pero a mí me parecen horas; horas de tirones de pelo, empujones, agarrones y azotes. Hasta que se corre. Fuera, porque un hijo mío daría mucho asco.

Abro los ojos y vuelvo al presente. El hombre del bar tiene los pantalones por los tobillos y su polla dura en la mano.

Mis bragas están en el suelo y mi vestido por el ombligo.

Se acerca y entro en pánico, empujándolo y huyendo.

Los pantalones por los tobillos le dificultan perseguirme.

Corro hasta llegar a mi habitación, me encierro y voy directa a mi esquina, y lloro.

Vuelvo a llorar de miedo; porque no tengo control sobre mi cuerpo.

Vuelvo a llorar de miedo; por lo que casi ocurre.

Vuelvo a llorar de miedo; porque siempre está presente, aun que no esté.

Y, como siempre, me duermo entre lágrimas.

Por la mañana, me preparo para ir a trabajar y sacar a relucir una sonrisa y buen humor que no tengo. Pero finjo, como llevo haciéndolo toda la vida .

Al pasar por la recepción del hotel, llaman mi atención varios panfletos de un bosque en Alaska. Los miro extrañada; no había nada parecido cuando llegué, ni siquiera un mapa del pueblo. Pero voy tarde, así que sigo mi camino.

Durante varios días, vuelvo a ver en carteles las fotos de las montañas, e incluso algún folleto más en la sala de espera del hotel.

Una de las mañanas, cuando salgo de mi habitación, encuentro un papel arrugado ante mi puerta.

Escrito del puño y letra de alguien se lee: “Tongass National Forest”.

La curiosidad llega a tal nivel que tengo que googlear el nombre.

Para mi sorpresa, está en el sudeste de Alaska…

Me lo tomo como una señal, me compro un billete de avión, mando un mensaje a mi jefe dejando el trabajo y me preparo una mochila rápida.

Quedar con Sarah será lo último que haga antes de ir al aeropuerto.

Necesito reconectar conmigo misma. Nunca he hecho nada para mí, y ha llegado el momento.

No tengo nada que me retenga donde estoy. Nadie me espera, tampoco un hogar.

Así que es el momento perfecto para sanar y descubrir quién soy.

Quién es Madison.