Al otro lado de la oscuridad (Bilogía Oscuridad 1) CAPÍTULO 1
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CAPÍTULO 1

Madison

Sarah me espera en la cafetería donde hemos quedado. Como siempre llego tarde, pero hoy tengo excusa. Paso de escribirle; se que va a pensar que es como cualquier otro día.

Ella todavía no lo sabe, pero hoy voy a contárselo. No puedo esperar más.

Cuando llego al establecimiento mi amiga ocupa nuestra mesa de siempre. Pido un café con leche, y punto. Sin todas esas mierdas que están de moda ahora.

¿Qué está bebiendo Sarah? Por supuesto, un pumpkin spice latte. No puede aborrecerme más todo lo que tiene que ver con la calabaza, no entiendo a quien se le ocurrió ponerla en un café. ¿En serio? Solo de pensarlo me resulta vomitivo.

Me siento en la mesa con Sarah y me pone mala cara.

—¡Qué raro! Solo has llegado 20 minutos tarde —me dice, exasperada.

—Lo siento, estaba haciendo la maleta —contesto, mientras una sonrisa se expande por mi cara.

Parece que los ojos se le van a salir de las cuencas. Sabía que iba a sorprenderla .

—¿Qué coño dices? La ruptura con Jake te ha trastornado la puta cabeza. Nunca has salido del pueblo —me dice muy sorprendida.

—Lo sé, y creo que justamente es lo que necesito. Salir, respirar otro aire, buscar un lugar que me haga estar en paz. Así que he buscado por internet; me voy a Alaska a conectar con la naturaleza, a caminar por el bosque —le cuento, mientras sueño con todo lo que me voy a encontrar en este viaje.

—Vale, levántate. Voy a llevarte al hospital. Definitivamente estás drogada, no estás pensando de forma lógica. ¿Qué va a pasar con tu trabajo? —exclama con preocupación.

—Lo he dejado. Ya no hay motivo para preocuparse.

Sarah se ha quedado en shock, puedo notarlo. No me reconoce, pero yo tampoco lo hago.

Necesito reencontrarme; saber quién soy.

Hace unas semanas que he conseguido salir de mi relación con Jake. Fue mi primer novio, mi primer amor, mi primer todo.

Nos conocimos en el orfanato. Cuando pasas tantos años allí metido todos se convierten en familia.

Y cuando Jake cumplió la mayoría de edad me escapé con él.

Todavía me quedaban un par de años para salir, pero solo nos teníamos el uno al otro.

Ninguna familia nos quiso. Daba igual, no nos hacía falta; nos queríamos nosotros. Eso era suficiente .

Nunca tuve una familia, y en el orfanato se aprendía a base de golpes, así que la dinámica de nuestra relación siguió ese mismo patrón.

Gritos, golpes y abusos eran mi pan de cada día.

Hasta que, hace unas semanas, lo encontré con otra en mi cama mientras me hacía dormir en el sofá. Ese fue mi límite.

Sarah solo sabe que lo pillé con otra; que el ruido de sus cuerpos chocando entre sí fue lo que me hizo despertar.

Pero no le he contado la verdad. Al menos, no toda.

Cuando el ruido me despertó me levanté con sigilo y me asomé tras la puerta, que estaba entornada.

Solo se escuchaba el golpeteo de sus cuerpos cada vez que él la penetraba.

Ella a cuatro patas, con una mordaza en la boca —la misma que usaba conmigo— y las manos atadas al cabecero de mi cama mientras él se la follaba por detrás, tirando de sus caderas para que sus embestidas fuesen más duras.

En ese momento sentí como se desgarraba mi corazón. Jake era lo único que tenía. Lo único constante en mi vida.

Dolía. Dolía como el infierno. Pero no podía apartar la mirada.

Mi vista se quedó fija en la unión entre sus cuerpos. En la polla de Jake dura, entrando y saliendo de la mujer. En ella, y en como lo mojaba, como se apretaba cada vez que él le daba un empellón.

En la excitación de ella resbalando por sus piernas y empapándolo todo.

En la marca que dejaban sus dedos en la cadera por la fuerza con la que la mantenía quieta.

En como los ojos de ella se abrían por el placer.

En como intentaba gemir con la bola en la boca.

De forma inconsciente empecé a apretar mis piernas, notaba la humedad entre ellas, cómo mis pezones se iban poniendo cada vez más duros.

Jake aceleró; estaba cerca, lo sabía. Gruñó, y le dio un azote a la mujer que ocupaba el que debía de ser mi lugar. La amenazó con darle una paliza si se corría. El sexo era para él, para su disfrute y el de nadie más.

Para mi sorpresa, y la de Jake, eso la hizo gemir.

No aguantaba más la excitación. Llevé una mano a mi pecho para pellizcarme el pezón, e introduje la otra sigilosamente en mis bragas. Dios, estaba empapada. No recordaba haberlo estado nunca.

Me metí un dedo dentro y comencé a moverlo, mientras seguía observando como Jake tiraba del pelo de la chica y arremetía contra ella .

Se me escapó un gemido, y Jake, pensando que fue la mujer a la que se estaba follando, le escupió en la espalda y le dió otro azote, increpándola por disfrutarlo.

En el mismo momento en el que su mano hizo contacto con la piel de la mujer, vi un chorro salir de su coño y dejar a Jake empapado.

Él se apartó corriendo y yo huí de nuevo al sofá, con una pulsación en mi entrepierna que nunca había estado ahí.

Tenía los muslos empapados, y solo podía pensar en llevar los dedos a mi coño y hacerme a mí misma lo que acababa de ver en esa mujer.

Los gritos comenzaron en la habitación y, con mi mejor actuación, los “pillé” in fraganti .

Cuando la mujer salió de mi casa, me fui con ella.