Al oeste de la maldad (Maldito Mundo de Oz 1) 44 Dorothy
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44 Dorothy

M e siento en el suelo, noto la visión nublada y zumbidos en los oídos.

¿Qué he hecho?

La bruja ha desaparecido. Solo quedan su ropa y la máscara dorada.

¿Cómo no me he dado cuenta antes?

Aprieto los ojos con fuerza y ella aparece en mi memoria. La veo en el porche de la granja, diciéndole a la tía Em que me cogiera.

Quiero irme a casa. ¿Quién era ella?

¿Qué está pasando?

Durante la mayor parte de mi vida adulta, he sentido un impulso desesperado por encontrar respuestas a quién soy y de dónde vengo. Las respuestas estaban a mi alcance y yo… ella…

Fue el agua la que lo hizo.

Le doy la vuelta a mis manos y examino las palmas carnosas. No parecen diferentes a antes, pero he visto cómo el agua brotaba de mí literalmente.

«El agua mata a la bruja».

— Dios mío —murmuro—. He matado a dos brujas de los puntos cardinales.

Revuelvo entre la ropa de la bruja, buscando algo, cualquier cosa, que me dé una pista sobre lo que me quería decir. Ha mencionado: «Solo podía ver hasta aquí. Dorothy, estás en casa».

Un trozo de papel me llama la atención.

He encontrado una nota doblada en su bolsillo.

La emoción, o algo parecido, me inunda el pecho. La desdoblo y empiezo a leer una elegante letra inclinada.

Querida Dorothy:

Preveía que este momento llegaría. Intenté luchar contra ello, por supuesto, pero es lo que me merezco, ¿no?, después de todo lo que he hecho. Por favor, perdóname por provocarte. Tenía que ser así.

Tengo dos cosas para ti: Un regalo y una advertencia.

Primero, el regalo. Toma mi máscara dorada. Úsala para proteger al rebaño y para encontrar la verdad.

Y segundo, una advertencia. No confíes en el Mago de Oz.

No lo busques. Nunca es lo que parece. Mi querida Dorothy, debes destruirlo si tú…

—¿Kansas?

Me doy la vuelta.

Rook está de pie en el castillo de la bruja.

¿Rook está aquí? ¿Está vivo?

—¿Cómo…? ¿Eres tú de verdad?

Él sonríe.

—Creo que sí.

Tiene el pelo revuelto y la mandíbula cubierta de tierra. Sus manos están manchadas de sangre y hay más en la camisa.

Las lágrimas me nublan la visión.

—¡Creía que estabas muerto!

Me levanto de un salto y corro en su dirección. Choco con él con más fuerza de la que pretendía y él suelta un bufido, seguido de una risita.

—Me alegro mucho de que estés aquí.

Me rodea con sus brazos y me abraza con fuerza. Huele a él, a tierra, a invierno y magia.

—No te vas a creer lo que ha pasado.

Sus dedos recorren mi cabello. Todo va a salir bien. Vamos a ver al mago y voy a averiguar cómo volver a casa.

Rook acerca su boca a la suave concha de mi oreja.

—¿Puedo contarte un secreto, Kansas?

Me río, agradecida por él y por este juego que nos traemos. Me aparto.

—Sí, claro.

Me sonríe, pero es una sonrisa afilada. Más afilada de lo que recuerdo. Una sensación incómoda se apodera de mis hombros.

—Soy el Mago de Oz —dice, alejando el brazo de mí.

Y entonces, me clava un cuchillo en las costillas.