Al oeste de la maldad (Maldito Mundo de Oz 1) 38 Cleo
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38 Cleo

C leo agudiza el oído, atenta al lejano batir de alas. No quiere estar sola en el silencio del bosque, y mucho menos entre un montón de cadáveres.

Cruza los brazos sobre el pecho, contiene la respiración y se concentra.

Ahora solo hay silencio. Suelta el aire, llenando el vacío, pero solo puede llenarlo hasta cierto punto.

El silencio puede que le resulte familiar, pero nunca le ha gustado la oscuridad, nunca se ha sentido cómoda en ella.

Incluso cuando se escondía de Delphine, lo hacía en una habitación bien iluminada. Quizá se encogía detrás de una cortina de terciopelo o se acurrucaba detrás de una estatua de mármol, pero nunca en una habitación a oscuras.

La oscuridad siempre le ha recordado a las arenas movedizas.

En lo profundo del bosque, bajo el cielo maldito, ahora tiene esa sensación. Como si el bosque la estuviera arrastrando hacia abajo.

¿Cuánto tiempo tendrá que quedarse aquí?

Y entonces se da cuenta de que no tiene por qué hacerlo. No pertenece a nadie. Quizá nunca lo hizo. Quizá se quedó con Delphine porque pensaba que no tenía otra opción. Pero ahora lo tiene claro.

Si posee libre albedrío, entonces no es necesario que se quede allí. No hay nada que le impida salir de ese bosque y desaparecer en Oz, en algún lugar donde nadie la conozca, donde nadie espere nada de ella.

Quizá vaya a un sitio donde pueda hablar sin sentir el terror apremiante de ser escuchada.

Se separa del gran roble y da un paso.

Crac .

Una rama se rompe detrás de ella.

Sin pensar en las consecuencias, se da la vuelta. Pero no hay nada allí.

No hay movimiento en las sombras. No hay ningún animal del bosque pasando por allí.

Solo los cuerpos esparcidos de los monos muertos y el hombre que...

Espera.

Ella se apresura hacia adelante, tropezando en la oscuridad hasta el lugar donde yacía el hombre llamado Rook.

El cuerpo ha desaparecido.

Lo único que queda es un mosaico de hojas ensangrentadas.

Da una vuelta completa para escudriñar la oscuridad, sin encontrar nada.

No sabe qué significa esto, pero es consciente de que no puede ser nada bueno.

Se gira hacia el oeste y echa a correr.