27 Dorothy
E n cuanto entro en la mansión, me siento abrumada por la gratitud, las presentaciones, la celebración y los halagos. Todo el mundo quiere estrecharme la mano y saludarme, y creo que no hay ningún rincón de la mansión en el que pueda esconderme de todo eso.
Pierdo de vista a Rook en cuanto entramos en el salón de baile principal y, en cuestión de minutos, me mareo por la atención que recibo y tanto espectáculo.
Hay guirnaldas de luces por todas partes, colgadas del techo y alrededor de las puertas y columnas. Tres enormes lámparas de araña con sus adornos de cristal cuelgan del techo abovedado del salón de baile. Los cristales, al girar, proyectan arcoíris sobre el suelo de madera.
Creo que los lugareños se han vuelto ingeniosos con la luz para ayudar a combatir parte de la melancolía que deben provocar las persistentes nubes oscuras y la falta de sol.
En mi tierra natal, creo que soy más una chica de primavera y otoño, de vida y muerte, de sol y nubes.
Pero nunca podría negar la belleza de un cálido y soleado día de verano.
Algunas de estas personas, especialmente los niños, han nacido en un mundo sin luz solar.
No conocen nada más que la oscuridad. Me alegro de que hayan encontrado una forma de solucionarlo.
Porque la calidez que su luz imparte a una habitación es innegable.
Ana me guía por la sala y me presenta a las familias más importantes de Valle.
Están los comerciantes, los demás miembros del consejo y sus parejas.
Los acompañan también los panaderos (el oficio más venerado aquí, en el Este) y los eruditos, los historiadores de la magia y los expertos en Oz.
Además, se han unido los artistas y los autores.
Y, confirmando mi teoría sobre la luz, Ana me presenta a una mesa de artesanos de la luz, los hombres y mujeres responsables de iluminar Valle Resplandeciente.
Esto es lo que más me interesa. Me siento junto a los artesanos de la luz, que me dan la bienvenida a su grupo. Me cuentan sus razones para el diseño específico de la iluminación del baile, lo importante que es que sintiéramos que la sala estaba llena de calidez.
Me dicen que la mayor parte de la luz proviene de la magia acumulada por las brujas y el mago.
—Pero ¿cómo llega aquí? —pregunto—. Nadie conoce al mago, ¿verdad? Entonces, no es como si entrara en la ciudad y agitara su varita…
Eso hace reír a toda la mesa. El hombre a mi izquierda, que se ha presentado como Darius, es el primero en dar una explicación.
Parece ser el más entendido del grupo y se emociona fácilmente con esta conversación sobre la luz.
Cada vez que nos desviamos hacia la ciencia que hay detrás, sus ojos marrones se agrandan y brillan.
—Esta es realmente la mejor parte —explica, moviendo las manos con sus palabras—. La red eléctrica solía funcionar con magia cuando gobernaba la familia real. Pero todo el sistema se vio destruido en la guerra, junto con todos los que sabían cómo utilizarlo.
—Así que… —Se inclina hacia delante y abre mucho los ojos—. Yo, junto con toda la mesa, consultamos con las brujas de los puntos cardinales para instalar un nuevo sistema alimentado por magia.
La mesa permanece en silencio, esperando la revelación. No entiendo nada de sistemas eléctricos ni de redes, así que espero que me cuente algo sobre líneas eléctricas y transformadores que bien podría ser otro idioma.
—¡Es el camino de baldosas amarillas! —grita entonces.
—¿Qué? ¿En serio?
La mesa estalla en una charla sobre el sistema, cómo lo idearon, cómo funciona. Todos están entusiasmados con él y su pasión es contagiosa.
Pensaba que el camino de baldosas amarillas era un camino peculiar. Pero cuando lo vi por primera vez al salir de casa, me di cuenta de que brillaba a pesar de la falta de luz. Es algo que solo puede explicar la magia.
No tenía ni idea de que estaba andando literalmente sobre magia.
—¡Qué guay! —digo.
—¡Sí! —Darius vuelve a llenar su taza con la tetera que hay en el centro de la mesa—.
Si pudierais llegar al cielo, lo cual es imposible a menos que seas una bruja o un mago, pero si pudierais, veríais el camino de baldosas amarillas corriendo de aquí para allá por toda la Tierra de Oz como una vena dorada, brillando con la sangre de la vida.
—Solía ser un río mágico —me explica una mujer.
—Hasta que los dioses se marcharon —añade otra.
—Y todos los caminos de Oz conducen a la Ciudad Esmeralda —contribuye una voz detrás de mí.
Me giro y veo a Rook.
—¡Sí! —afirma Darius.
—¿Cómo lo sabías? —le pregunto a Rook.
Se encoge de hombros.
—El dato ha surgido de la nada.
Me levanto de la silla.
—¿Estás recuperando tus recuerdos?
—No lo sé. —Junta las manos detrás de la espalda y la chaqueta de su traje se tensa sobre sus anchos hombros—.
¿Son los hechos lo mismo que los recuerdos?
Por desgracia, sigo sin poder decirte mi nombre.
Pero puedo hablarte de los caminos. Puedo decirte que la magia tiene un sabor dulce cuando estás cerca de ella.
Puedo decirte que una maldición puede surgir de la nada, tan caprichosa como el viento.
Dios mío, ¿ahora tengo que preocuparme por estar maldita? Nunca se me había pasado por la cabeza.
Me acerco y le abrazo con fuerza.
—Todas esas cosas son un comienzo.
—Supongo que sí.
Me vuelvo hacia la mesa.
—Gracias a todos por vuestra compañía esta noche. Me ha encantado oíros hablar sobre vuestros trabajos.
Levantan sus copas y tazas de té hacia mí mientras nos marchamos.
—¡Por Dorothy!
Rook y yo seguimos adelante. Siento que todo el mundo me está mirando y cada vez tengo más ganas de esconderme detrás de alguno de los setos decorativos.
Llegamos a la mitad de la sala cuando Ana se acerca corriendo.
—¿Alguien ha visto a Fink? —Recorre con la mirada el salón de baile, buscando al miembro del consejo.
—Yo no —replica Rook.
—Yo tampoco —añado.
Ana resopla.
—Se supone que esta noche le toca estar al mando de la guardia, ¡pero no aparece por ninguna parte! —Vuelve a refunfuñar antes de marcharse.
Rook y yo seguimos avanzando.
Nos detiene una pareja de mediana edad que me da las gracias por matar a la bruja. Justo cuando nos alejamos de ellos, dos hombres se interponen ante nosotros, me estrechan la mano y me preguntan de dónde saqué la fuerza y la entereza para matar a una bruja tan poderosa.
No tengo respuesta para ellos y, mientras balbuceo una explicación, Rook les dice que íbamos a tomar algo y les pide que nos disculpen.
—Gracias —susurro.
—Solo fingían respetarte —dice Rook, dejándome sujetar la curva de su codo mientras seguimos caminando—. No pierdas el tiempo con hombres insignificantes.
Levanto la vista hacia él. Está sonriendo a alguien que nos saluda con la mano, y su atención se aleja de mí.
Teniendo en cuenta que es un hombre sin recuerdos, sigo admirando la confianza que parece sacar de la nada.
Estamos a punto de llegar a la mesa de bebidas cuando tres mujeres, todas con vestidos de diferentes tonos de morado, se interponen en nuestro camino. Desde el principio queda claro que están más interesadas en Rook que en mí y en el asesinato de la bruja.
Le preguntan a dónde irá desde aquí, si piensa quedarse.
Aún no hemos hablado de nada de eso. Después de esta noche, tengo pensado continuar viaje para ver al mago.
—Kansas y yo partiremos mañana hacia la Ciudad Esmeralda —les informa.
Mi mirada se dirige hacia él.
—Pero ¡tú tienes que quedarte! —asegura una mujer mientras le coge del otro brazo—. ¡Encajarás perfectamente aquí, en Valle!
¿Va a venir conmigo?
—Aunque me halagan tus palabras —replica él, sin apartar la mirada de las mujeres—, prefiero quedarme al lado de Kansas.
—¿Creía que te llamabas Dorothy? —inquiere la rubia.
Las tres mujeres se vuelven hacia mí. Hasta ahora apenas me habían prestado atención.
—Me llamo Dorothy. Kansas es un apodo.
—Pero ¿eres de Kansas? —pregunta la tercera mujer.
—Sí.
Se ríen todas juntas.
—¡Qué apodo tan extraño! ¿Te imaginas si todo el mundo me llamara Valle?
Se echan a reír de nuevo.
—¿Te imaginas si tu apodo fuera Insufrible? —Las mujeres se quedan inmediatamente en silencio.
—Rook —lo calmo—, no pasa nada.
—Si nos disculpáis —les dice a las mujeres—. Le prometí a Kansas —pone especial énfasis en mi apodo— un baile.
Siento cómo me sube el calor por la garganta.
—¿Lo dices en serio? —Me aleja de allí.
—Sí.
—No sé bailar.
—Soy muy buen bailarín. Creo.
—Pero… si vamos a montar un espectáculo o algo así, no hace falta. No me molesta que esas mujeres se burlen de mi apodo. De hecho, creo que me ha acabado gustando. Es como una broma privada entre nosotros y…
—Kansas… —Me detiene al borde de la pista de baile.
—¿Qué?
—A mí también me gusta tu apodo, pero si les dedicas un segundo más de tu energía, habrán ganado. Así que no lo hagas.
—Pero… Vale.
—Ahora baila conmigo.
Trago saliva, con el corazón latiéndome con fuerza en los oídos. No era una pregunta, sino una orden. Me gusta su decisión. La forma en que no se doblega ante nadie.
—Tengo que advertirte que no soy muy buena bailarina. De hecho, me he saltado las dos últimas fiestas de la cosecha porque en la anterior tropecé con mis propios pies y acabé de bruces en una pirámide de fardos de heno.
Rook se ríe.
—Seguro que fue un accidente.
—Todos se rieron de mí.
—Traidores, todos ellos. —Sigue sonriendo mientras dice esto, y no puedo evitar reírme.
—Está bien. De acuerdo. —Pongo mi mano en la suya e inmediatamente me lleva a la pista de baile, donde se sincroniza a la perfección con el cambio de música del cuarteto de cuerda.
Mis primeros pasos son torpes y le pido perdón a Rook una y otra vez, pero se lo toma con calma. Su agarre es firme y sus pasos aún más seguros. Es un buen bailarín. Más capaz de lo que habría imaginado.
Cuanto más lo conozco, menos puedo entender a este hombre que en un momento parece ingenuo y al siguiente es casi brutalmente sincero. Capaz y seguro de sí mismo en todo lo que hace.