Al oeste de la maldad (Maldito Mundo de Oz 1) 6 Cleo
12%

6 Cleo

H ay sangre por todas partes y el campo de campanillas de invierno al sur del camino de baldosas amarillas está lleno de gente celebrando lo que acaba de ocurrir.

«Su liberación».

Cleo está de pie junto al cuerpo de la bruja. No puede apartar la mirada, por miedo a que la bruja esté fingiendo. Porque si está fingiendo, la matará del todo. Acabará con ella por haberla llevado a este lugar donde una casa cayó del cielo.

Cleo pensaba que la casa estaba destinada a matarla, pero cuando la voz aguda de Delphine se filtró a través de la ventana rota, notó que se le hundía el corazón.

Hasta que la chica…

La chica está de pie en medio del campo, empapada en sangre.

¿Quién es?

Tiene el pelo castaño oscuro y lleva un camisón blanco con flores rojas. O lo serían si no estuviera bajo la maldita oscuridad que cubre la tierra de Oz desde la Gran y Terrible Guerra.

Desde entonces, todo está siempre bañado por un azul plateado y la chica no puede escapar de la maldición. Nadie puede.

Ha dicho que se llama Dorothy. ¿No es eso lo que ha oído?

Dorothy Gale.

Ese nombre no significa nada.

La expresión que ve en el rostro de Dorothy le transmite que es como si estuviera molesta por haber tenido que quitar una vida.

Cleo se vuelve hacia la bruja.

Sus ojos abiertos parecen mirar fijamente al cielo. No se ha movido desde hace varios minutos y el cuchillo continúa clavado en su cuello, desde donde se ha derramado toda la sangre de su cuerpo.

¿Estará realmente muerta?

¿Cómo ha conseguido esa chica matarla con solo un cuchillo de cocina?

No hay nada mágico en el arma ni en la chica.

Salvo por su indiferencia al haber asesinado a alguien en camisón.

Cleo da un paso adelante. En Oz, es bajita, pero al estar junto a Dorothy, se siente más pequeña, aunque la chica solo le saca unos centímetros.

Tiene que resistir el impulso de caer de rodillas para suplicar.

«Inclínate —parecen decirle sus rodillas—. Inclínate y muestra respeto».

«No», piensa Cleo y bloquea las piernas.

Nunca más.

—¿Qué está pasando? —pregunta Dorothy de nuevo. Mira a los habitantes del Este que se agolpan detrás de Cleo. Son hombres y mujeres del campo, granjeros. Deben de haber venido al oír el estruendo provocado por la caída de la casa.

«¿Qué está pasando?».

Es un comienzo. Es un final. Una traición, un castigo.

Todas estas palabras se agolpan en su cabeza. No está segura de saber cómo pronunciarlas. Aprendió sola a leer, a pronunciar las palabras, y no siempre le salen bien.

Pero la chica la mira expectante, esperando mientras la sangre gotea de sus manos.

Tiene que decir algo.

Cleo se aclara la garganta y habla.

—Nos has salvado. La bruja está muerta —pronuncia con voz temblorosa.