Al límite del ocaso CAPÍTULO VIII
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CAPÍTULO VIII

El tiempo pasó muy largo para Mateo, aunque el curso era muy interesante.

Pensaba a diario en Olga y en su cumpleaños, cuando acababa y después de cenar con el grupo del curso y se iba a dormir.

Y sabía que no podía llamarla. Pero aún así, mantenía la esperanza de que ella lo llamara, o le enviara un mensaje.

Pero no lo hacía y a veces miraba por la noche el móvil y se desesperaba. Era dura.

Pero si ella era dura, él tenia paciencia.

Y por fin acabó el interminable mes y medio.

Y aunque estaba en Sevilla ya, había limpiado la casa, hecho una compra y había ido a llevarle un regalo a la niña de Fernando. Había nacido diez días atrás. Y era una niña preciosa.

-¡Enhorabuena tío!

-Gracias.

-Tienes una nena preciosa.

Se tomaron una cerveza y Mateo, quiso sacar el tema.

-Voy a pedirle a Olga salir.

-Le llevas diez años- dijo más rápido de lo normal.

-No le importa, a mí tampoco, la cuestión es que no te importe a ti. No quiero perder tu amistad.

-No quiero que salgas con ella.

Y Mateo sonrió.

Fernando, vives con Ana, tienes una hija preciosa y Olga no va a salir contigo nunca más. Yo puedo hacerla feliz. En cuanto acabe los exámenes…

-¿Exámenes de qué?

-Las oposiciones al Ayuntamiento. Se presenta en ocho días. Y le estoy dando espacio. Siempre me gustó y lo sabes. Ella también lo sabía.

-¿Hablas con ella?

-No desde que me fui a Madrid al curso. Antes la llamaba un par de veces al mes, porque cuando supo que yo sabía lo de aquella noche, no quiso hablarme más. Pero insistí y antes de irme fui a su cumpleaños.

-Y qué…

Mateo permaneció en silencio.

-¿Te has acostado con ella?

-Sí. Me he acostado con ella. En su cumpleaños. Y no hemos hablado ni hablaremos hasta el último examen. Se lo prometí.

-¡Joder Mateo! No vuelvas a hacerlo

-¿Por qué? Soy mayorcito ya.

-No quiero.

-Lo que tu quieras no me importa.

-Pues dejaremos de ser amigos.

-Pues tendré que hacerte ese favor. Porque me gusta y la quiero. Y haré todo lo posible para hacerla feliz y ser feliz con ella.

-¡Maldita sea Mateo…!

-Venga que te vaya bien y cuida a Ana y a esa niña tan bonita. Cuando se te pase, me hablas.

-Jamás…

-Pues jamás. Eres un egoísta de mierda. Que te den…

Y salió de la casa de Fernando y no pensaba volver.

…

Mateo, tenía turno de mañana el día del examen de Olga. Y en cuanto acabó se fue a la Universidad, donde se realizaban los exámenes. Ya habían tenido el primer día, el día anterior y ese se acababan. No quiso molestarla hasta que ella se lo había pedido. Y ya le costó esperar.

Estuvo sentado fuera casi una hora. Irían a comer por ahí en cuanto salieran. Estaba nervioso como un adolescente por verla.

Y cuando empezaron a salir , él miraba la puerta cada vez, hasta que la vio guardando en el bolso

No sabía cómo iba a recibirle, pero él estaba deseando abrazarla y esperaba que ella sintiera lo mismo.

Olga levantó la vista y lo vio. Se puso nerviosa. Ahora que empezaba a relajarse después de los exámenes…

Estaba tan maravillosamente guapo…

Fue hacía él con una sonrisa resplandeciente y él la abrazó, y ella se dejó. Y eso ya dijo algo de qué había entre ellos.

La besó largamente.

-¿Qué tal mi niña?

-Yo creo que bien, peor estoy tan cansada que em quedo dormida.

-Vamos a comer algo, y luego te acompaño y te echas una buena siesta.

-¿Contigo?

-Bueno, yo me dejo.

-¡Qué bobo!. He pensado en ti.

-Menos mal mujer, vas a matarme. He estado dos meses pensando en ti cada segundo.

-Quería hacer esto y quiero sacar una plaza, decía ella quejándose.

-Sé optimista, si no este año, ya habrá otras oposiciones si no al Ayuntamiento, a la Junta.

-Pero quiero esta, está cerca de casa relativamente, puedo coger el tranvía, de ida y vuelta.

-Bueno pequeña- le dio la mano y salieron de allí.

Se fueron a Triana y estuvieron tomando tapas y después se fueron a casa.

-¿Dónde vas?, no te vayas- y ella se reía.

-Voy a dejar esto en el despacho cargar el móvil y me doy una ducha.

-A eso puedo acompañarte.

-Ya estás tardando.

Y cuando ella llegó a la ducha, ya estaba desnudo, con el grifo abierto y tieso como un junco.

-Venga que la manguera no aguanta mucho nena. está lista y llena-

Ella se reía.

Pero cuando se desnudó, sintió un poco de pudor.

-Vamos cielo. Ay qué mujer, y le tiró de la mano-

-Que me matas chiquillo…

-Eso pienso hacer toda la tarde.

-La abrazó y ella lo tocó. Y lo movió con sus manos pequeñas de viento.

-Buff pequeña, vas a matarme sin que te toque.

Y él la tocó también hasta que le provocó un orgasmo tremendo.

Ella gemía bajo la lluvia y la subió sin darle tregua a sus caderas y entró en ella sin previos aviso, sin darle tiempo a sus pulmones, sin descanso, mordiendo sus pezones grandes y rosados, lamiendo sus pechos y ella se aferraba a su cuello.

Y la embestía una y otra vez contra la pared de la ducha hasta que juntos alcanzaron un orgasmo que los dejó temblando.

-¡Joder Olga!- le dijo en su boca.

-¡Ay, madre mía, Mateo!

-¡Qué ganas tenía de ver cómo te corres! ¡Está preciosa! Y también de correrme y penetrarte como un bruto.

La bajó y la besó.

-Ya digo que está un poco loco.

-Ven que te lave y te enjuague.

Y entre juegos y risas, acabaron la ducha que se alargó más de lo necesario.

De ahí secos, pasaron a la cama. Él echó la ropa para atrás y se la subió encima.

-¿Qué?

-¿No descansas?

-Después, he tenido reten y tengo que…

Y ella fue a su miembro.

-¡Ay pequeña, aggg!,¡joder Olga!, despacio, nena, ohhh sí, así me gusta. Aggg … hasta que ella lo chupó, mordisqueó, y lo metí en su boca e hizo que saltara por los aires.

-Ahora me dejas dormir. Descansa la manguera.

Y él se reía.

-Es verdad, vamos a dormir un poco. Me das un poco de pena.- Y ella se reía.

-¿Mañana tienes trabajo?

-Sí, por la mañana como hoy. Esta semana así. Pero me tienes para comer.

¡Qué cara!

-Haz cosas buenas. Yo traigo dulcecitos para el café . no vamos a salir de la cama hasta que pase el fin de semana.

-¡Qué exagerado eres! Y cuando se estaba quedando dormida, dijo:

-Me encantas Mateo...

Y él la beso en el cuello, sonrió y se abrazó a ella.

Esa noche se fue después de cenar y charlar un rato.

Pero el siguiente apareció con un bolso de ropa para quedarse con ella.

Y se quedó. El fin de semana fueron a su casa. La chica que tenía le había dejado limpia toda la casa, hecha una compra y recogido del tinte los uniformes.

…

Y así, empezaron una vida que a ella le pareció maravillosa. Cada uno tenía su casa y su independencia, al menos por ahora y pasaban la mayor parte del tiempo en un piso o en otro.

Era divertido, romántico, más sexual que su manguera y a veces, ella se preocupaba por su trabajo.

Era un hombre diez para ella, seguro, la escuchaba con paciencia.

La abrazaba todo el tiempo. Ella le decía que era una lapa y él que estaba celoso porque era muy joven y él diez años más. Cuando era un hombre espectacular.

La cuidaba.

La protegía.

Y un mes después, ella no había buscado trabajo en espera de los resultados de las oposiciones. Si no sacaba una de las cinco plazas, entonces buscaría.

Pero esa mañana, fue sola porque Mateo trabajaba y vio su nombre la tercera de la lista. Y no paraba de llorar.

Los cinco se fueron a celebrarlo. Dos chicos y tres chicas. Y salvo una mujer de unos cuarenta años, el resto eran más o menos de su edad.

Y allí entre tapas y cervecitas por el centro. Estuvieron leyendo los trabajos que les correspondían.

A ella se le asigno estudiar y conceder las plazas para residencias públicas de mayores de la capital, por distritos. Además debía ir a ver a los solicitantes a sus casas. Ver cómo estaban, la edad, los certificados de los médicos…

Le gustaba su trabajo y se incorporaban en una semana.

-Nos darán un despacho a cada uno.

-O quizá sea un despacho amplio para más trabajadores.

-Bueno. Decía otro- lo importante es que nos han dado la plaza. Y es un sueldazo mayor que el de la Junta y para toda la vida.

-Cuando se fue a casa, se llevo comida para Mateo, porque ella había comido tapas por los dos. Y estaba deseando de que llegara y decírselo. No tenía a nadie más con quién compartir esa alegría y todo su esfuerzo y trabajo.

Y cuando llegó Mateo, casi lo tira al suelo.

-Luego dices que estoy loco yo. ¿Eso es un sí?

-Es un sí, la tercera he quedado. Empiezo la semana que viene de ocho a tres. Como lo hacía cuando hice las suplencias.

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues conceder las plazas de las residencias a las personas mayores, por distritos y residencias. Tengo que ir a sus casas. Me encanta mi trabajo.

-Me alegro nena. Ya somos dos funcionarios de Ayuntamiento- y no la soltaba.

-Sí.

-Me doy una ducha rápida y comemos.

-Ummm. He comido con los que han conseguido plaza. Pero he comprado algo. Me tomó el café contigo.

Celebraron como sabían ellos celebrar los eventos. En la cama.

…

Una tarde en que él tenía guardia, llamaron a la puerta. Miró por la mirilla.

Fernando.

Y se puso nerviosa.

Abrió la puerta.

-¡Hola Fernando!, ¿qué tal estás?

Hubo un silencio largo.

-¿No me invitas a pasar?

-Pasa, sí, ¿quieres un café?

-Pues sí, no he tomado.

Y ella puso dos con unos dulcecitos.

-¿Qué quieres Fernando?

-Directa y sincera como siempre. Solo ver cómo estabas.

-Ha pasado más de un año. Estoy muy bien. Aprobé las oposiciones al Ayuntamiento y estoy trabajando desde hace casi un mes.

-¿Te gusta?

-Sí, es diferente a las suplencias pero sí, me gusta. Concedo las plazas a las residencia de Sevilla capital, solo. Hay más usuarios que plazas, pero las concedo por preferencia y orden. No me caso con nadie.

-Una chica dura.

-Ya no soy una chica, tengo casi veintiocho años. Bueno, ¿y Ana y la pequeña?, ¿te va bien?

-Quiero a mi hija.- deberías ser feliz o hacer lo posible por serlo. Ana es una buena chica, aunque te dejara. Deber perdonarla. Tú no sabes cómo hubieras actuado en un caso así.

-Soy bombero. Sé como hubiera actuado. No la hubiera dejado y menos acostarme on otro a los dos meses.

Y ella lo miró…

-Bueno Fernando conmigo lo hiciste.

-No teníamos nada.

-Sí tú lo dices y eso le viene bien a tu conciencia, no tengo nada que decir.

-Veo a Mateo muy contento.

-Será por está contento conmigo. Yo también lo estoy con él. Si quieres saber si salimos juntos, sí, llevamos tres meses saliendo. Antes no lo dejé. Pero fue insistente.

-¿Lo quieres?

-Lo quiero sí, Fernando y no lo siento. Para mí ha sido un gran apoyo y un hombre muy especial. Es una buena persona y me da lo que necesito.

-¿En la cama también es bueno?

-No voy a contestar a esa grosería.

-Lo siento, no quería molestarte.

-Sí, querías hacerlo. Y no entiendo como siendo tu mejor amigo no le hablas porque sale conmigo.

-¿Te lo ha chivado?

-No. No me habla de ti, pero lo sé. Y sé que no quieres por mí. Y te digo que es una bobada infantil y una pataleta tuya.

-No quería que saliera contigo. No debió.

-¿Por qué? Tú habías decidido tu vida. Tenía derecho a luchar por mí. Mira, yo solo te deseo que seas feliz a pasar de todo Fernando.

-No puedo. No puedo olvidarte.

-Pero te acuestas con ella.

-Siempre pienso que eres tú.

-Fernando… eso no es bueno para ti. Nuestro tiempo pasó y yo la verdad, te recuerdo con cariño, no te guardo rencor, pero quiero a Mateo.

-Es mayor que tú.

-A mi la edad no me importa y está en plena forma. ¿Quieres algo más?. Tengo que mirar unos expedientes y tampoco quiero recibirte si no está él.

-Olga…

-¿No me quieres de verdad?

-No, Fernando. Ya no.

-Seré infeliz por tu culpa.

-¿En serio y por qué?, esperabas que fuera tu amante y te fueras después a tu casa con tu pareja y tu hija. ¿Por quién me tomas? Y no me importa si eres o no feliz. Eso es problema tuyo.

-¡Maldita seas, por salir con él!

-¡Que te jodan Fernando! Sal de mi casa ahora mismo.

-¿Y si no quiero?

-Si no quieres tendré que llamar a la policía. Y fue rápida hacia la puerta abrió y él salió.

Y tuvo miedo.

Un miedo tremendo.

Un miedo irracional.

El corazón le palpitaba-

Le galopaba en el pecho.

-¿Quién era ese hombre desconocido?

-Esa mirada que no daba a nada bueno.

Y empezó a temblar.

En ese momento entró Mateo por al puerta. Y la vio temblando en el sofá.

-¿Que te pasa cielo?

Los dientes le rechinaban porque volvió al pasado, a su padre.

Y Mateo la abrazó..

-Cuéntame qué ha pasado. ¿Es el trabajo?

-No.

-¿Entonces?

-Fernando.

-Hijo de puta. ¿Qué te ha hecho?- lo voy a matar…