CAPÍTULO VII
Cuando llegó a su casa, con temple y sin una lágrima, sabiendo que había salido con el hombre más mentiroso que había conocido colocó la compra y mientras hacia algo de comer, llamó a Mateo.
-,Hola guapa, ¿qué haces?
-La comida, en mi casa, sola.
-¿Y eso?, ¿habéis reñido?
-No. Hemos terminado para siempre. Dejó embarazada a Ana la noche que por lo visto no era lo que yo creía, ni lo que parecía. Menudo mentiroso.
-¿Qué dices mujer?
-Que está embarazada de dos meses.
-¡Joder…!
-Sí joder. Voy a preguntarte una cosa.
-Dime…
-¿Lo sabías?, ¿sabías que estuvo con ella y me mentiste también?
Mateo se puso en guardia.
-Olga. Lo que te hiciera no es asunto mío.
Soy tu amigo y su amigo también. Sí lo sabía.
Me pidió que no te lo dijera, pero aunque no me lo hubiese pedido, tampoco te lo habría dicho.
Tú lo sabías de sobra. Eres una mujer. Y no podía meterme más de lo que estaba en vuestra relación.
Espero que me entiendas. ¿Sabes por qué?
-No dímelo tú.
-Pues deberías saberlo porque me gustaste desde el momento en que te vi. Y me sigue pasando y solo quiero verte feliz. Lo que él te haya hecho no es culpa mía. Pero me gustaría partirle la cara.
Y Olga colgó.
-Pero qué…
-A la mierda los hombres.
-¿Que le gustaba a Mateo?, si le hubiese gustado… o no…
Y entonces sí que le entró al llantina.
Comió con llantina.
Recogió con llantina.
Tomó café con llantina y se tumbó en el sofá llorando.
-Era una mujer, sí, pero tenía sentimientos. Y todo el mundo se los pisoteaba.
¿Había que ser mala para vivir, o qué coño pasaba con ella?
…
Fernando sabía que no podría tener nada con Olga esta vez, aunque se lo suplicara mil veces, porque las anteriores mil veces le había mentido. Pero la verdad tarde o temprano sale a la luz.
Y tenía que pensar qué hacía con Ana y con el hijo que esperaba.
Esa tarde cuando se fue Ana, llamó a sus padres y se lo contó.
-¿Y Olga?- le dijo su madre.
-Lo sabes y no va a perdonarme. ¡Joder mamá!. No quiero a Ana, pero va a tener un hijo mío.
-Bueno, si quieres tener a tu hijo, tendrás que hacer todo lo posible por hacer que parezca una familia.
No la amas, pero después de lo que te hizo, te acostaste con ella.
No entiendo por qué lo hiciste, pero eres nuestro hijo y lo hagas estará bien.
Intenta al menos ser feliz. Y pídele perdón. Es lo mejor que has tenido en tu vida.
Colgó con lágrimas en los ojos, porque sabía que aunque no se casara con Ana, sí debía vivir con ella y con su hijo. Casarse… no. Al menos por ahora.
Y cogió el móvil y llamó a Olga.
Silencio.
Una.
Dos.
Tres.
Un mensaje no devuelto.
Una nueva llamada a Mateo.
-¿Qué pasa Fernando? Si me vas a contar lo de Ana, ya lo sé. Y por este fin de semana tendrás que llorar en otro hombro.
-¡Joder Mateo! Eres mi amigo.
-También lo soy de ella y creo que dejar de hablarme ¿y sabes qué?, siempre me gustó.
-Lo sabía.
-No demasiado como hacerle lo que le has hecho. Que pases buen fin de semana. Ahora serás padre.
…
Unos meses después, ella se quedó en paro dos meses, justo lo que faltaban para las oposiciones.
Mateo, la llamaba de vez en cuando, y en su cumpleaños, la felicitó y ella le dijo que si quería tarta y café.
Y Mateo fue a su casa.
La abrazó después de esos meses y ella a él.
-Gracias por dejarme compartir tu cumpleaños- toma mi regalo.
-Mateo, no era necesario- pero le regaló una caja de bobones y un ramo de rosa rojas preciosas.
-Sí lo era, es tu cumpleaños y necesitas un regalo. Me alegro de que por fin pueda verte. -¡Estás guapísima!
-Gracias. Tú también.
-Veintisiete ya.
-Sí, no me lo recuerdes.
-Bueno en unos meses te llevo diez.
-No los aparentas.
¿Y el trabajo?
-La semana pasada se me cumplió. Pero me viene bien porque las oposiciones al Ayuntamiento en dos meses. Así que voy a aprovechar para avanzar y estudiar a fondo. Quiero aprobarlas Mateo.
-Sé optimista, llevas meses estudiando.
-Sí. Y tengo exámenes de otras veces. Quiero ir muy preparada. Solo hay cinco plazas, y no quiero saber la gente que se presenta.
-Tampoco hay tantos trabajadores sociales.
-De otras provincias.
-Eso sí, pero no lo pienses. Tu estudia estos dos meses y si no, buscas trabajo y la próxima.
-Es verdad. Venga siéntate y hago café. Voy a poner las flores en un jarrón con agua.
-¡Qué coqueto tienes el piso!
-Sí, he comprado algunas cosillas nuevas. Me encanta el despacho que he dejado. Da a la calle. Y puso aire acondicionado en las dos habitaciones que me quedaban.
Pasaron un rato maravilloso, él miraba lo guapa que estaba después de seis meses sin verla, apagó la vela de 27 años y tomaron café y tarta.
Mateo, le contó anécdotas del trabajo, que estuvo en Cádiz y en la Sierra de Cazorla, porque faltaban bomberos. Que se había comprado un coche nuevo y terminado de pagar su piso y estaba ahorrando para hacerle unas reformas y meter muebles nuevos.
-Fernando no se ha casado, pero viven juntos en su piso- el mes que viene dará a luz Ana. Van a tener una niña. Son más compañeros que amantes Olga.
-Me alegro por ellos, Mateo. Pero yo he pasado página.
Primero me dejó al acabar el trabajo para pensarse no sé qué, luego me mintió estando conmigo.
No puedo perdonar algo así. Además no pienso en él, sigo mi vida.
Soy joven, estoy sola, aunque no me sienta sola.
He vivido muchos años sola. Pero ahora lo veo como lejano. Nunca debí hacer lo
que hice. Lo cuidé y me pagaban bien. Pero no era su momento.
-Te quiere aún.
-Ese es su problema. Yo ya no siento sino decepción e indiferencia. Trabajé, me pagaron y se acabó.
-Me parece ideal que tomes tus decisiones.
-Sí.
-Siento haberte dicho que me gustabas, no debí decírtelo.
-Ya lo sabía Mateo. Siento no haberte correspondido en ese momento.
-¿Por que te llevo diez años?
-No digas tonterías, primero no los aparentas, y segundo, no me importa la edad.
-Tengo que ir a Madrid un mes y medio a hacer un curso. ¿Quieres que te llame cuando vuelva, y salimos a cenar o a dar un paseo?
-Cuando haga los exámenes, por supuesto que sí. Eres mi único amigo. Y eres terco. No has dejado de hacerlo.
-Porque quería saber si estabas bien.
-Estoy bien.
Hubo un momento de silencio y al siguiente él arrimó la boca a la suya y la besó, despacio- Olga se dejó. Lo necesitaba, necesitaba el calor humano de un hombre, un hombre que era su amigo y él que vio que era correspondido, la besó profundizando en su boca, uniendo sus lenguas.
Olga lo abrazó por le cuello y cuando se dieron cuenta estaba dentro de ella, la ropa tirada en el suelo, gimiendo en el sofá, con una necesidad, ardiente, caliente, necesaria.
La penetraba despacio como si fuese de algodón, peor no pudo contenerse al final y eran llamas encendidas.
Y ella sintió con Mateo lo que nunca por nadie, otra vez.
Pero mejor que con Fernando. No debió comparar, pero lo hizo.
Mateo era un hombre que sabía lo que hacía.
Era distinto en todos los sentidos y cuando llegaron al clímax, ella pronunció su nombre.
Descansaron un rato en silencio.
Desnudos.
Callados.
Abrazados.
Tumbados en el sofá.
-Olga…
-Qué…
-No me arrepiento.
-Yo tampoco.
-¿No?
-Para nada.
-Me has comparado.
-Sí. Y sales ganando por goleada.
Y él se rio a carcajadas.
-¡Qué sincera eres!
-Solo he tenido dos hombres en mi vida. Lo sabes. El primero ni cuenta, cuando me quedé embarazada y lo perdí y luego Fernando y me preocupa, porque es tu amigo y no quiero que lo pierdas por mi culpa.
-No voy a perderlo por tu culpa. Si lo pierdo será por él. No va a influir en mis decisiones nadie. Yo no me metí en las suyas, salvo para ayudar.
-Lo sé. Pero quiero que me des tiempo Mateo. Hasta que acabe los exámenes. Además vas a estar en Madrid.
-Puedo llamarte al menos.
-No quiero que lo hagas.
-¿Por qué?, no seas terca.
-Quiero centrarme en los exámenes y pensar y que pienses qué es esto. Prométemelo.
-Te lo prometo, pero si te apetece a ti llamarme…
-No lo haré y cuando vuelvas y termine, hablamos de todo esto.
-Está bien, pequeña. Como quieras. Pero no hemos acabado. Es tu cumple.
Y estuvieron toda la tarde haciendo el amor en el sofá.
Ella sabia que Mateo sí iba a ser un problema, pero en esos dos meses no iba a pensar mientras estudiaba. Tenía sus metas claras y no quería que le pasara lo que con Fernando.
Se daba para penar en él, la siesta y nada más.
-Aggg joder Olga, nena eres perfecta. No corras tanto que me voy a correr en segundos.
-Quiero que te corras, hazlo, madre mía Mateo…- le decía cuando él mordía sus pezones y ella estaba arriba de ese cuerpo para el pecado.
De su olor.
Del olor de su colonia.
De sus manos grandes y sus caricias certeras, del sabor de su sexo. Y él se volvía loco.
De su boca en el suyo chupándola como si fuese la última a vez.
Y esa noche pidieron cena, y cuando acabaron él se despidió y se fue. Porque al día siguiente salía temprano para Madrid.
Y cuando la abrazó y la besó antes de salir, todo cuanto quería decirle, se lo dijo con la mirada.
Y ella se quedó vacía.
La casa se quedó sola y vacía.
Cerró bien la puerta y recompuso el sofá. Recogió la cocina y se dio una ducha y se fue a la cama.
No quiso preguntarse si había hecho bien o mal. Solo sabía que debía aprobar. Y que Mateo olía muy bien. Ni duchada despareció su olor.
Había sido algo grande para ella, importante. Pero quería comprobar si para Mateo había sido igual.
Mateo por su parte, se fue a casa con una sonrisa de felicidad en la cara. Había tenido en sus brazos a la mujer que le había gustado desde que la vio por primera vez en casa de Fernando.
Y había sido suya.
Y ahora le gustaba más que nunca.
Ahora tenía sentimientos por ella.
La necesitaba.
Y ese viaje se iba a hace muy, pero que muy largo, sin poder hablarle.