Al límite del ocaso CAPÍTULO IV
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CAPÍTULO IV

- Pero Fernando, yo ni siquiera te gusto.

Ni te he gustado. Ni creo que a Mateo le guste de esa manera..

cuando termines, que estás avanzando mucho, volverás a tu vida, a salir, a tener chicas como antes.

No vas a tener problema en ello como no lo tuviste antes.

Yo solo estoy de paso, estoy aquí, catorce siete y por eso me ves.

Pero cuando me vaya, todo se habrá acabado y bajo ningún concepto voy a poner mi corazón para que me lo partan.

-Dime una cosa, Olga, siéntate en la cama a mi lado.

Y ella volvió a sentarse.

-¿Que quieres?

-¿Cuánto hace que no tienes sexo?

-No creo que quieras saber eso.

-Pues quiero saberlo.

-Nueve años. Desde los dieciséis.

-¿En serio? No puedo creerlo.

-Crees que mi vida ha sido fácil

-No lo sé, cuéntamela. Mañana no tenemos nada que hacer.

-Está bien. Siempre he sido una niña solitaria y triste.

Mi madre murió en el parto y siempre me sentí culpable cuando tuve uso de razón.

Por mí misma y porque me padre me miraba como si lo fuese.

Era la primera hija, por tanto la única.

Mi padre empezó a trabajar como un mulo, hasta terminar de pagar el piso.

Pero años después se derrumbó y empezó a beber.

No sé la causa, solo sé que se sumó a que yo me quedé embarazada a los dieciséis de un chico que creía que le gustaba y cuando se enteró a los tres meses, me dio una paliza de muerte. Y esa noche lo perdí.

-¿Y el chico?

-Nunca lo supo, ni una cosa ni otra. Solo fue experimentar. Y a partir de ahí, los golpes iban y venían cuando venía de la calle. Dejó de trabajar y tuve que seguir en el instituto, y por la tarde trabajando en un restaurante de cómoda rápida. Y terminaba el día con unos cuantos golpes.

-¡Joder Olga!

-No quería chicos ni en pintura, ni tenía tiempo, hasta que a los dieciocho antes de empezar al Universidad, eché beca, siempre la tuve, incluso en el instituto, pero nunca se lo dije o me hubiese quitado el dinero que era para los pagos y comer.

Como te decía un día que venía de beber lo mató una motocicleta.

Y me quedé sola y liberada aunque no lo creas.

Guardé el seguro que me dieron y terminé la universidad con beca y un máster.

Y luego trabajé dos años en una residencia supliendo una baja por maternidad que se alargó.

Respiró hondo…

-Y cuando me quedé sin trabajo, me agobiaba Almería.

Puse el mapa de Andalucía y pinché con los ojos cerrados.

Y salió Sevilla. Vendí el piso y me vine.

Y a los tres días vi el anuncio de tus padres.

El resto lo conoces. Esa es toda mi vida, tres maletas, un bolso y el de mano.

Y cuando acabe aquí intentaré comprarme un piso que sea mío y buscaré trabajo. Eso es todo.

Y Fernando se quedó mirándola anonadado. Y él se quejaba por sus tres años…

-Lo siento Olga. Tu vida ha sido dura.

-Lo ha sido sí, ahora si me rio, es la única felicidad que tengo. Si me enamoro, tendré que dejar de hacerlo porque ahora tus circunstancias son distintas, cuando vuelvas a tu vida normal…

-Ven acércate más- le dijo- y tomó su cara entre las manos y la acercó a su boca. Y la besó.

-No quiero dar pena, Fernando.

-Nunca me has provocado esa emoción. Te he visto dura, inquebrantable y muy guapa.

Ella sonrió.

Pero la deseaba que lo perdonase Dios, no quería hacerlo peor la deseaba. Tres años sin sexo iban a matarlo.

-Duerme conmigo.

-Fernando…

-Te deseo.

-Eso va a cambiar la relación, sin tener en cuenta que no sé nada de sexo y que puedo hacerte daño.

-Me da igual, no me va a doler más que lo que ya me duele. Desnúdate. Hace tres años que no veo una mujer desnuda. Te deseo tanto que me duele. Estoy celoso de Mateo, sí. No puedo evitarlo.

-Pero Mateo no me gusta en ese sentido… la miro fijamente.

-Quítame esos slips nuevos que me has comprado.

Y ella lo hizo y se desnudo porque desde la primera vez que lo vio, insufrible y todo, le encantó. Era un hombre y era distinto y tenía heridas como ella.

Se metió desnuda en su cama ay él la besó y la acaricio. Quiso echar las sábanas y la colcha fina a tras para mirarla y ella lo hizo.

Sus corazones galopaban como potros desbocados. Miró su pene duro, grande, alto como terciopelo y él pellizcó sus pezones y tocaba su sexo mientras la besaba.

Le hizo tener un orgasmo que ella no se esperó de ninguna de las manera. Rápido gimió y le dijo que se pusiera encima.

-Tomo pastillas- dijo ella- y a él le provocó una ternura infinita. Si estuviera bien le haría el amor de otra forma.

Olga se puso encima sin hacerle daño y colocó su pene en su sexo y fue bajando y sintiéndolo. Fernando cerró los ojos gimiendo.

-Buff Olga, no voy a durar nada nena si te mueves así.

Y ella se movió y arrimaba su boca para besarlo y él la besaba , tocaba su trasero para hundirse más en ella y mordía sus pezones y cuando sus cuerpos ardían ambos llegaron a un clímax demencial.

Ella se quitó de encima y se puso a su lado. Y él intentaba recobrar la respiración.

Había sido precioso.

Commo un tsunami.

Como algo que nunca tuvo.

Un regalo.

Se echó en su pecho acariciándolo.

-¿Qué tal estás?

-Ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.

-Con un hombre gruñón e insufrible.

-Y celoso, no se te olvide.

Y él se rio con ganas.

-Tienes que perdonarme mujer.

-Si te he perdonado. Después de la bronca que te eché… ¿quieres que me vaya a mi cama?

-Ya nunca. Estás donde debes estar. Vamos a dormir.

-¿Te duele?

-Me has dado la pastilla. Mañana te cuento mi vida. Estoy cansado.

Se besaron y ella apagó la luz.

A la mañana siguiente volvieron a hacer el amor.

Despacio.

Lento.

En silencio.

…

Y después como toda rutina, lo bañó y recogió la casa y salieron a desayunar.

-Estás muy seria, Olga.

-Sí, lo reconozco. No sé qué puede salir de esto. No quiero salir herida Fernando.

-Olga, vamos a vivir esto, el tiempo que podamos, luego se verá.

No te preocupes tanto. Mira incluso hasta los matrimonios de años no duran.

La vida o las relaciones no tienen garantía de nada.

Pero si no te atreves a vivir una historia, nunca sabrás si es duradera o acaba.

He visto muchas cosas en mi trabajo. No quiero que te preocupes. Hoy estoy muy

bien, animado, por ti. Quiero terminar esta maldita terapia y poder caminar.

-Está bien, no me preocuparé tanto. Y el mes que viene tenemos médico quizá te mande muletas ya. lo dijo la vez pasada y estás haciendo los ejercicios en la barra en fisioterapia caminando.

-Hago lo que puedo. Vamos a pedir venga.

Mientras desayunaban, ella le preguntó por su vida.

-Soy hijo único y tuve una vida feliz, nada parecido a la tuya.

Demasiada paciencia han tenido estos años.

Fui a la universidad e hice Ingeniería Medioambiental, luego cursos que me sirvieran para ser bombero.

Siempre quise serlo. Me preparé las oposiciones y las saqué a la primera.

Y ahora estoy de baja. Unas de las escaleras de un edificio, de hundió y yo con ellas.

Y me golpeé la columna. Pensé que había tenido mala suerte y que me iba a quedar parapléjico, pero tuve mucha suerte, al verdad.

Aunque me cueste tres años de mi vida. Soy joven.

-¿Volverás?

-Volveré Olga, es mi vida y no se hacer otra cosa. Quiero trabajar al final de año. Llevo tres meses y los últimos tres me dijeron que ya podía correr, hacer pesas en el gym, una vida normal y eso quiero con tu ayuda.

-Te ayudaré claro.

-¿Y tú qué harás?

-Comprarme un piso y quizá me prepare oposiciones cuando salgan, mientras buscaré algún trabajo, tengo cursos hechos también.

-Unas oposiciones sería algo fantástico.

-Sí, no me importa estar dos o tres años preparándomelas si trabajo.

-Hazlo. Es un sueldo fijo toda la vida.

-Bueno y de chicas que me dices…

-Salía con una chica cunado tuve el accidente.

-¿Sí? Y ¿qué pasó?

-Pues creyó que me quedaría en silla de ruedas. Llevábamos un año saliendo. Se llamaba Ana y era administrativa en la central. Bueno sigue siéndolo.

-¿Y cuando vayas a trabajar?

-Olga, eso pasó a la historia. Ha salido y está saliendo con un compañero, Óscar.

-¿Lo conoces?

-Claro, tiene dos años menos que yo, como ella.

-¿La sigues queriendo?

-Para nada.

-¿Y antes de Ana?

-Bueno, en la Universidad, Instituto, algunos rollos, pero fueron pasajeros. Mujer es que tú no has tenido vida sexual.

-Sí que tuve, anoche.

-La primera.

-Como si lo fuese. Nunca tuve un orgasmo. Se acercó a su cara y se lo dijo bajito y a él le dio ganas de estar bien y tirarla a suelo.

-Si estuviera al cien por cien, te iba a matar.

-¿A qué?

-A orgasmos mujer.

-¡Qué bruto eres!… Anda vamos que tengo que hacer la comida. Nos llevamos pan de paso.