EPÍLOGO #3
Esa misma noche, cuando acabaron de cenar lo que entre los dos prepararon, Kylian sostuvo dos videollamadas a Boston.
Desde que se había decidido quedar con Samantha en Londres había tenido que delegar muchísimo de su trabajo.
Primero por la distancia obvia, luego porque necesitaba tiempo para reconstruirse y construir la relación con ella, así que soltar el control en ese sentido lo había tomado como una prueba de fuego que para él había logrado pasar no sin esfuerzo, pero que, por los motivos correctos, no se sintió tan complicado.
—¿Qué tal van las cosas? ¿Están listos para tener al jefe obseso ahí de nuevo? —bromeó Samantha cuando entró a la habitación, mientras ponía en pausa una película. Kylian se quitó la camisa sonriendo.
—Están resolviendo lo del permiso en Chicago sin mi ayuda, y eso es justo lo que necesitaba escuchar así que de jefe obseso queda poco —admitió con alivio y humor, mientras se bajaba ahora el pantalón.
Sam lo contempló embelesada. Sus movimientos tan masculinos siempre la encendían.
Si no fuera porque ahora ella también tomaba precauciones, quizá ya estarían esperando otro bebé, y no es que no quisieran, pero acordaron buscarlo de nuevo hasta sentirse listos, por ahora querían simplemente gozarse.
Por otro lado, admiraba lo mucho que había avanzado, sus cambios.
Delegar no le había resultado sencillo al principio.
Lo vivió a su lado. Pero la realidad es que Maxime llevaba meses manejando gran parte de las operaciones diarias, y desde hacía dos, Káran se había hecho cargo de las reuniones con el Concejo que antes exigían su presencia física.
Claro que Kylian seguía firmando, decidiendo, revisando cada reporte que le llegaba. Amaba su trabajo, lo apasionaba, eso lo sabía bien, pero ya no era su motivo, y por ello había conseguido desempeñarlo desde una pantalla en Londres y no desde la oficina en Boston.
Sí, le había costado soltar ese control y, bueno, seguía costándole en realidad, aunque cada vez un poco menos. Así que estaba profundamente orgullosa de él, de todo lo que había logrado atravesar.
Cuando quedó tan solo en bóxer, se aventó sobre la cama, a su lado, y besó su cadera aspirando su aroma.
—También hablé con tu padre —soltó separándose un poco de ella, para verla a los ojos.
Sam lo miró expectante. Ya sabía lo que Londo le había propuesto, también que Kylian se rehusaba a aceptar.
No quería intervenir esta vez, pero cuando se enteró le aseguró que ella estaba de acuerdo en lo que ellos dos decidieran—.
Firmaremos en cuanto volvamos. Seré su socio.
Sam abrió los ojos de par en par y se alejó de él para arrodillarse sobre el colchón y tenerlo de frente. Kylian se incorporó expectante, un poco nervioso si era sincero.
—¿Estás seguro? —preguntó su mujer, aturdida.
Él no supo descifrar esa reacción.
—Sí, bueno. Si él cree que soy el adecuado para desempeñar ese papel, creo que puedo intentarlo y de paso darle descanso. Tu padre es un hombre que tiene todo mi respeto, pelirroja, lo admiro. Pero si tú… —comenzó. Sam no lo dejó terminar, cubriendo con los dedos sus labios.
—Yo nada. Esto es entre ustedes. Confío en ti, Kylian, sé que cuidarás de sus intereses pase lo que pase. Él lo sabe también, de lo contrario no te lo habría ofrecido.
—¿Entonces? —cuestionó un tanto extraviado.
Ella sonrió al tiempo que sus mejillas se sonrojaban.
—Entonces estoy orgullosa de ti —admitió con la voz rota.
Él arrugó la frente, acercándose—. Sé que has tenido que enfrentar todos tus fantasmas, tus monstruos, y a pesar de que no ha sido nada fácil, que te desafía en muchos sentidos, no desistes.
Ahora ya te perdonaste, de lo contrario no habrías aceptado la sociedad.
Kylian sintió un apretón potente en el pecho y acarició su barbilla, despacio. Cómo la amaba. Esa mujer había cambiado su vida, estaría en deuda por ello siempre.
—Cuando era joven, y hasta antes de conocerte, creí que el amor era una estupidez que debilita.
Odié durante años siquiera pensarme en una situación donde sentir algo por otra persona me convirtiera en vulnerable, en un despojo, como pasó con mi padre cuando mamá murió.
Pero contigo, Samantha, entendí que si bien amar de esta manera es abrumador, también es liberador.
Lo que siento por ti me da fuerzas, me da motivos trascendentales, me hace sentir inexperto y a la vez, ridículamente seguro.
No sé si algún día me perdone lo que hice, lo que nos hice, pero sí sé que haré todo lo que esté en mis manos para que nuestra vida sea tal como tú y yo la queramos.
Samantha dejó salir un sollozo con los ojos anegados y se abalanzó sobre él.
—Dios, Hades, qué cosas dices —susurró contra su oreja, mientras Kylian la abrazaba con fuerza.
—Te amo, Samantha Streoss, no hay más verdad en mí que esa.
—Ahora quiero casarme contigo de nuevo —gruñó dándole un golpecito con el puño en la espalda, consiguiendo con eso que él riera como ahora lo hacía todo el tiempo.
—Aún no te pido matrimonio de nuevo, pelirroja, no arruines mis planes —replicó feliz. Ella sollozó aún más fuerte; no era de lágrima fácil, por lo mismo le encantaba verla así.
—Oh, vamos, Kylian Craig, ¿por qué gozas viéndome en este jodido estado? —se quejó abrazándolo con más fuerza.
—Mientras llores por los motivos correctos, siempre lo gozaré, preciosa.