CAPÍTULO 72
El hombre tragó duro, tenso. No sabía cómo manejar aquello, nunca imaginó que la propia Madelene fuese a verlo, menos que buscara una explicación porque el simple hecho de solicitarla ya daba entrada a la justificación y eso era algo que no buscaba.
Fue un cabrón ambicioso y terco. No había más.
Sin embargo, comprendía que tenía solo dos opciones: hablar de forma superficial para que lo terminaran de odiar, o ser brutalmente honesto pues ya no tenía nada más que perder, estaba vacío.
Aspiró con fuerza agachando la cabeza, reflexivo, avergonzado también y al final decidido, la miró.
—¿Por dónde deseas que empiece? —preguntó cauto, sintiéndose observado. Madelene cruzó una de sus largas piernas, enfundadas en un fino pantalón de lana color perla, cruzó los brazos dejando su bolso a un lado y arqueó una ceja.
—Cuando murió tu madre, ahí deseo que empieces, Kylian, ¿qué edad tenías y qué ocurrió? —sentenció seria, decidida.
El hombre pestañeó desconcertado, también sintiendo un ligero nudo en el pecho. Samantha era definitivamente hija de esa mujer, joder. Lo peor era que no podía negarse.
Resopló asintiendo vencido.
—Tenía doce, como sabes falleció de cáncer.
—Era una mujer muy vital, sonriente —evocó pausada, sin soltar su mirada. Kylian pasó saliva con dificultad al recordarla.
—Lo era.
—Y dime, ¿qué ocurrió cuando Julia faltó? —indagó serena, esperando respuesta.
Jamás se pensó hablando de ese tema, nunca, pero se sentía atrapado. Si simplemente le pedía que se marchara, no habría retorno con Samantha, con esa familia, el hecho de que la propia Madelene estuviese ahí quizá era una oportunidad que si no lograba manejar, le costaría la vida entera.
Decidido a hacer las cosas de la mejor forma, bajó la mirada y comenzó a narrarle cómo ocurrieron las cosas a partir de que su madre muriera.
La mujer escuchó atenta, sin pizca de juicio o lástima, solo asintiendo de vez en vez.
No era que la historia le resultara agradable, al contrario, le despertaba profunda tristeza comprender lo que ese chico había pasado, la manera feroz con la que afrontó las cosas y que ni él mismo lo notaba, lo solo que debió sentirse, el abandono en el que creció cubriendo frentes que no le correspondían.
Era un hombre fuerte y valiente.
La noche anterior Londo le contó, furioso, lo que fue a decirle el esposo de su hija.
Madelene lo dejó despotricar a gusto, sentada en la orilla del colchón, mientras se terminaban de poner crema en las manos.
Siempre supo que algo raro se cocinaba ahí, solo lo estaba corroborando, así como también sabía que lo que sentían, no era actuación.
—¡Es un hijo de…!
No terminó aquella frase pues su esposa alzó una ceja, gesto que conocía a la perfección y no estaba para regañinas, así que se contuvo.
—Quiero hablar con él, Lon.
Su marido arrugó la frente, enfadado.
—¿Para qué? Es un poco hombre, mira que…
—Quiero escucharlo, debemos saber, porque hasta ahora no entiendo nada.
—Ah, yo te explico, mujer. Es un canalla, que extorsionó a Samantha para obtener lo que quería mientras su hermana me embarraba en un fraude que pudo costar más de lo que imaginas.
Madelene se levantó y se ubicó frente a él.
—No me hables como si fuera tonta, Londo Streoss, eso lo entendí —advirtió por lo bajo, amenazante, ella jamás gritaba. Su marido respiró hondo.
—Quiero partirle los huesos.
—Yo quiero saber. Así que iré, hablaré con él, escucharé atentamente y luego tú y yo, decidiremos qué pensar sobre este tema. Pero no haremos más juicios sin tener toda la información.
Londo se frotó el rostro, molesto.
—No quiero que vayas a verlo. No tiene escrúpulos.
—Los tiene, fue a contarte todo, incluso lo de su hermana. Falló, cometió un grave error, pero sé que tú ves lo mismo, ese hombre y nuestra hija se quieren.
—No eres una celestina, Madelene.
—No me hables golpeado, no si quieres dormir en esta habitación —ordenó bajándole los humos.
Londo gruñó en cambio y se dejó caer en la cama, perdiendo la vista en el techo.
—Tengo derecho a estar cabreado, se metió con mi hija.
—Estamos enojados, indignados, claro que sí. Pero hay mucho más tras esto. Así que iré, me recibirá como el hombre recto que ahora veo que es, y luego tú y yo discutimos.
—Eres un gendarme —se quejó Londo sin moverse. Madelene sonrió acercándose a la cama.
—¿Cómo crees que crie a tus seis hijos, con mano blanda? —replicó observándolo. Ambos estaban muy preocupados, rabiosos, pero eso no impidió que el hombre alargara la mano y la atrajera hasta él de un movimiento que logró dejarla sobre su cuerpo y arrancarle un grito de sorpresa.
—Me gustas enojada, Maddy —coqueteó cerca de su rostro acalorado.
—Y tú a mí, Lon —secundó perdida en sus ojos.
—Haz lo que deseas, de todas maneras eso ocurrirá.
—Me alegra que lo tengas tan claro, cariño —susurró contra su boca.
Así que ahí estaba y no se iría hasta que su curiosidad quedara saciada.
No iba a inmiscuirse en la relación entre él y su hija, eso no podía hacerlo.
Pero desde el momento en que la usó, lo había convertido en su problema y prefería ella misma hacerse cargo antes de que uno de sus hijos hiciera alguna de las suyas.
—Debió ser muy difícil levantar esta empresa tú solo —expresó asombrada. Kylian le restó importancia negando.
—Debía hacerlo, Madelene, dependíamos de eso.
—No, no debías, aun así, lo hiciste.
—Por egoísmo, no quería morir de hambre —contradijo.
La mujer sonrió con suavidad, más tranquila. Ese hombre era un cabeza dura, nada más, uno como su marido o quizá un par de sus hijos. Eso era bueno, desde su perspectiva.
—Y lo llevaste a otro nivel, porque eso es lo que tú haces, ¿no es así? Llevar las cosas mucho más allá —declaró firme.
Kylian se tensó comprendiendo lo que entrelíneas decía, se mordió el labio inferior, frotó su barba y asintió finalmente.
—No podía dejar todo a la deriva.
—Y necesitabas un motivo. Así que construiste esto de nuevo convirtiéndolo en tu motor. Eso es admirable, Kylian. Un chico, casi adolescente, con tal furia y determinación.
—Madelene, sé que yo…
La mujer lo detuvo con un gesto delicado de su mano, acallándolo. No se atrevió a desafiarla y cerró la boca.
—Ya llegaremos a eso en un momento, ahora mismo quiero saber qué fue de tu padre en aquel entonces, de Kasha. Estudiaste en Harvard, trabajabas, ¿te divertías? —curioseó.
—Bueno, no había mucho tiempo para eso —aceptó sin agregar nada, pero ante el silencio de la mujer, tuvo que continuar—. Kasha ganó una beca gracias a su facilidad con los números, estudió en Londres. Mi padre comenzó a… bueno, se ha casado algunas veces —soltó un tanto avergonzado.
No entendía por qué tanta pregunta, parecía analizarlo y eso no le agradaba para nada, pero… pero era la madre de la pelirroja, se la debía sin duda, así que se tragó la réplica y asumió que debería seguir respondiendo como manso cordero.
—Vaya, complejo.
—Algo.
—Y dime, ¿cómo fue que reactivaste todo esto siendo tan joven? Obtener la credibilidad y confianza de inversores, de los empleados, no es tarea fácil.
Kylian torció el gesto y lentamente, sin darse cuenta, comenzó a desenterrar aún más de esa parte que nunca traía al presente.
Las discusiones, el trabajar el doble que cualquiera, las noches sin dormir, el cómo uno de los socios de su padre le puso trabas cada tanto, pero un par de empleados que aún conservaba, decidieron ayudarlo y no tenía idea de qué hubiese hecho sin ellos.
—Kylian, si la vida no te hubiera puesto en estas circunstancias, ¿a qué te habrías dedicado? —cuestionó recargando la barbilla en uno de sus codos. El hombre se recargó más relajado en el respaldo, se pasó una mano por el cabello rizado y sonrió.
—Amo esto, crear, vender, imaginar espacios, mi trabajo es una guarida que me gusta, pero quizá hubiese elegido algo diferente en aquel entonces como… Deportes extremos, un poco inmaduro, lo sé —aseguró sonriendo con una franqueza que desarmó a Madelene.
—Peligroso, diría yo —refutó alzando las cejas. Kylian, avergonzado lo aceptó con un gesto de cabeza. Sus ojos brillaban de solo pensarlo.
—Algo así.
—Suenas a justo el hombre por el que mi hija podría haber perdido la cabeza —soltó como si nada dejándolo pasmado. Enseguida su gesto cambió por uno contrito, dolido y bajó la mirada.
—Madelene, cometí un error y si ahora me arrepiento de ello es por… por lo que siento, por lo que Samantha me genera, no por ser alguien que aprende de sus errores. De no haber sentido esto por ella, quizá nunca habría experimentado la culpabilidad —admitió con crudeza.
—Lo sé, me crie en esta sociedad, ¿lo recuerdas?
El acuerdo que le propusiste a mi hija es uno de tantos que ocurren.
No me espanta, solo jamás imaginé que esa frivolidad alcanzara a mi familia, lo cierto es que…
ese es su entorno, ese que tanto la he forzado a que perteneciera —concluyó entrelazando sus dedos con elegancia.
—Samantha es como es…
—Y siempre lo será —completó su madre. Kylian sonrió con un dejo de ternura.
—Madelene, sé que hice las cosas mal, que actué de una manera despreciable y egoísta. Lamento lo ocurrido pero estoy dispuesto a resarcir en una parte, otra jamás podré porque no tiene arreglo.
—¿Cómo, Kylian? Porque amenazar a mi hija con meter preso a su padre, suena fuerte. Ella llegaría hasta el final por salvarlo de algo así. Comparten la determinación.
—Ella es una mujer maravillosa, yo la lastimé bastante. Sé que suena ridículo pero les ofrezco una disculpa, me abrieron las puertas de su casa y… No supe entender que debí darme la vuelta y olvidar ese absurdo.
—O no quisiste —intervino con sagacidad. Kylian se frotó la frente, nervioso.
—Sí, no quise.
—¿Cómo lo solucionarás?
—Le di el divorcio antes de que se marchara —dijo imaginando que ya lo sabía pero por su expresión, falló. No era que se hubiese escandalizado, solo que sus ojos azules, iguales a los de la mujer que amaba, se habían abierto de más y sus manos se apretaron.
—¿Se lo diste?
—Bueno, ella no… no firmó. Pero sé que lo hará, solo que pase el tiempo y…
—Y ¿es lo que quieres? —cuestionó seria, con postura rígida.
—Madelene, esto ya no se trata de mí, sino de ella. Sam tiene la última palabra.
—¿Y si mi hija decidiera no dártelo? ¿Qué estarías dispuesto a hacer? —lo interrogó.
Kylian se levantó agobiado, dio un par de vueltas con las manos en la nuca y casi un minuto después se atrevió a encararla. Sabía bien cuál era su respuesta.
—Luchar por ella —determinó con seguridad, para luego colocar las manos en el respaldo y mirarla de frente—. Sé que no la merezco, que no estarán de acuerdo y que a Samantha eso la afectaría así que tampoco haría nunca más algo que la lastimara. Ella solo merece cosas buenas.
La mujer se puso de pie y se acercó para quedar al otro lado del sofá, con las manos entrelazadas frente a su cadera, inspeccionándolo. Kylian sintió un nerviosismo recorrerle el cuerpo. No tenía idea de qué esperar y ya no sabía dónde sujetarse para afianzar su vida.
—Eres un hombre frío, calculador —empezó consiguiendo con sus palabras que se irguiera.
No objetaría a ninguna, preparado incluso para que Madelene Streoss le exigiera romper cualquier relación con la pelirroja de ahora en adelante—.
No te detienes jamás, sabes lo que quieres, y tu determinación te ha ayudado a conseguir grandes cosas.
Pero la vida no va solo de eso, Kylian, y me parece que lo has entendido.
—No me perdonaría herirla de nuevo, hacerla sufrir.
—Eso es simple, no lo hagas.
El hombre arrugó la frente, desconcertado.
—¿Están dispuestos a pasar por alto lo que hice? Fui muy bajo.
—Sin duda lo fuiste, pero te olvidas de algo importante, Kylian, te casaste con Samantha y esto no es nuestra decisión.
Y si te preocupa que nosotros nos interpongamos, eso no sucederá.
Tus métodos fueron detestables, sin duda, pero creo que la vida ya te está dando una buena lección.
Eres inteligente, no harás otra estupidez.
—¿Por qué me dices todo esto, Madelene?
—Porque la gente se equivoca, y muchas veces debido a ello, cambia.
Creo que tú simplemente necesitas recuperar lo que enterraste —susurró en calma, notando la maraña de pensamientos que dejaba revoloteando en aquella cabeza que aprendió a ser hermética por necesidad—.
Ahora, me marcho —concluyó. Él asintió agachando la mirada, confuso.
Cuando llegó a la puerta aguardó antes de abrirla y lo miró—.
Tampoco pienso hacer nada para ayudarte, pero si ella te acepta de nuevo, serás bienvenido a nuestra familia, hablo en nombre de mi esposo y de todos. Buenas tardes, Kylian.