Al descubierto: Cinco romances MM CAPÍTULO 1 #3
1%

CAPÍTULO 1 #3

Ellis estaba bajo el agua, con la cabeza echada hacia atrás y una mano apoyada contra los azulejos. Miró hacia él, y el cansancio de su rostro dejó paso a un hambre inconfundible.

Rowan soltó una risa baja.

—Esa no es cara de querer dormir.

—Puedo estar cansado e interesado.

—Qué hombre tan talentoso.

Ellis dobló un dedo, llamándolo.

Rowan se desnudó y entró.

El agua le golpeó los hombros, tan caliente que escocía.

Ellis lo atrajo hacia sí, deslizando las palmas sobre la piel mojada, y lo besó sin prisa.

El beso empezó casi con ternura, como el encuentro exhausto de dos bocas.

Después Rowan saboreó whisky y necesidad, y la contención que había entre ellos empezó a deshilacharse.

Ellis lo hizo retroceder hasta los azulejos.

—¿Seguimos limitándonos a dormir? —murmuró Rowan.

—Al final.

Su boca descendió por la garganta de Rowan y se demoró en el punto donde el pulso latía con más fuerza. Rowan hundió ambas manos en el cabello de Ellis y tiró de él hacia arriba para besarlo de nuevo.

La noche se redujo a sensaciones afiladas: el agua corriendo sobre ambos, la mano de Ellis extendida sobre su espalda baja, la pared fría contra los hombros de Rowan, el calor del cuerpo de Ellis en todas partes.

Se conocían físicamente de maneras que ninguno de los dos se permitía en lo emocional.

Ellis sabía cómo cambiaba la respiración de Rowan cuando el placer vencía a las burlas.

Rowan conocía la presión exacta que hacía que Ellis perdiera su cuidadoso control.

Cualquiera de los dos podía llevar al otro hasta el límite con una facilidad humillante.

Aquella noche, sin embargo, Ellis no dejaba de tocarlo como si necesitara comprobar que era real.

El humor de Rowan desapareció.

Le sostuvo el rostro entre las manos.

—Mírame.

Ellis lo hizo.

Lo que fuera que había sucedido en el trabajo seguía oculto, pero la soledad no.

Rowan lo besó con más suavidad.

El consentimiento pasó entre ellos en preguntas murmuradas, manos que respondían y aquella pausa familiar que daba a cualquiera de los dos la oportunidad de cambiar de opinión. Ninguno lo hizo.

Salieron de la ducha chorreando y se echaron a reír cuando Ellis estuvo a punto de resbalar con la alfombrilla.

En el dormitorio volvió la urgencia, entrelazada con algo más suave y más peligroso.

Ellis empujó a Rowan contra el colchón, pero aminoró cuando Rowan lo atrajo más cerca.

El placer creció en oleadas y no en chispazos, con una intensidad suficiente para reducir el lenguaje a nombres y sonidos entrecortados.

Después, Ellis siguió sobre él, respirando con fuerza.

Rowan recorrió con un dedo la línea entre sus cejas.

—Sigues pensando.

—Intento no hacerlo.

—¿Tan mal se me da distraerte?

—De forma espectacular.

Rowan los hizo girar hasta dejar a Ellis tumbado boca arriba. Se acomodó contra su pecho y escuchó cómo los latidos de su corazón se ralentizaban poco a poco.

—¿Mejor?

El brazo de Ellis se cerró alrededor de él.

—Mucho.

Durmieron sin poner alarmas.

La mañana llegó gris e implacable.

Rowan despertó con el sonido de puertas de armarios cerrándose de golpe y Ellis maldiciendo en la cocina. Encontró en el suelo unos pantalones de chándal de Ellis, se los puso y siguió el olor a tostadas quemadas.

Ellis estaba junto a la encimera con la camisa abotonada solo a medias, cerrándose el reloj con los dientes mientras servía café.

—Llegas tarde —dijo Rowan.

—Yo nunca llego tarde. El tiempo me tiene manía.

—Llevas calcetines distintos.

—Los dos son oscuros.

—Uno es azul.

Ellis bajó la mirada.

—Traición.

Agarró la chaqueta, besó una vez a Rowan y luego volvió para darle un segundo beso que duró más.

—Hay comida en algún sitio —dijo—. No juzgues la nevera por su aspecto.

—La juzgué hace meses.

—Cierra con llave cuando te vayas.

El ascensor se lo tragó.

Rowan llevó su café al salón y encendió la televisión solo para tener ruido de fondo.

Una reportera estaba frente a las puertas de la finca empapadas por la lluvia.

—La policía ha confirmado que un raro zafiro conocido como la Garza de Medianoche fue sustraído de una colección privada de alta seguridad poco después de la una de esta madrugada.

Los investigadores afirman que los intrusos sortearon varios sistemas de seguridad independientes sin dejar señales visibles de entrada forzada…

Las imágenes mostraban a agentes atravesando el salón de baile donde Rowan había llevado champán.

—…el propietario, un importante inversor cuya identidad no ha sido revelada oficialmente, ha ofrecido su total colaboración. Las autoridades se han negado a comentar las informaciones según las cuales la pieza podría haberse adquirido infringiendo restricciones comerciales internacionales.

Rowan silenció el televisor.

Sobre la mesa de centro, Ellis había dejado su libreta de trabajo bajo un montón de correspondencia.

Rowan no la tocó.

Terminó el café, se vistió y limpió sus huellas de la taza por pura costumbre antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Por primera vez aquella mañana, sintió miedo.

No de la policía.

De lo natural que había sido despertarse en casa de Ellis.