Capítulo 20 | Lo que nunca se dijo #2
Sadie está aturdida. Le cuesta comprender todo lo que pasa. Su padre, un hombre que tenía dinero para vivir cien vidas, había amasado una fortuna a base de engaños y acabado con muchas vidas, incluida la de su propia madre.
Sadie sale a la entrada y Margaret está donde la dejó. No dice nada, solo se mueve hacia ella y Sadie camina hasta donde está sin pensar en si es apropiado o no, pero Margaret le rodea los hombros con su brazo y la insta a caminar.
—Vamos —dice Margaret.
De vuelta en el piso, Sadie se sienta en el sofá, Margaret se sienta a su lado y durante un rato ninguna de las dos dice nada. Luego Sadie se gira hacia ella.
—Necesito saberlo todo, Margaret —lo dice sin rabia, pero sí con firmeza—. Cuéntame todo y no te dejes nada porque si no eres capaz de decirme la verdad, de contarme todo lo que ha pasado, no quiero estar cerca de ti.
Margaret levanta ambas cejas en un gesto automático que no ha podido frenar. Es un movimiento que siempre hace cuando Sadie se atreve a amenazarla.
—Lo digo en serio —contesta Sadie a ese gesto—. Y no porque sea un arrebato de mi parte, es porque estoy cansada de estar rodeada de mentiras y no quiero a una mujer a mi lado que no pueda hablarme con franqueza.
Margaret la mira durante unos segundos en la que es testigo de cómo esos potentes ojos verdes incluso cambian de tonalidad. Toma la decisión de hacerlo, eso que venía alargando y dejando en un rincón porque ya no tiene sentido seguir ocultándole todo a Sadie.
—Te quiero desde la primera vez que me llevaste la contraria en la Akademie Vítek —confiesa Margaret y Sadie ni siquiera se inmuta—.
Al principio estaba confundida, nunca me había atraído ninguna mujer, menos alguien tan joven.
Además, siempre me he considerado muy profesional y me he mantenido alejada de cualquier tipo de romance en mi entorno.
Margaret aprieta la mandíbula, le está costando más de lo que creía porque nunca ha desnudado su alma de esa manera.
—Las primeras semanas fueron muy duras, darme cuenta de que me atraías se convirtió en un castigo.
Mi familia es profundamente conservadora, sobre todo mi abuela que me crio a base de castigos y repitiéndome una y otra vez que, si me salía de las normas, me convertiría en una vergüenza.
De una u otra manera, me lo creí y me esforcé por no serlo.
Al final nunca pude conseguir casarme con ningún hombre porque a todos los acababa aborreciendo y terminé igualmente convirtiéndome en esa vergüenza.
—Vaya —dice Sadie con la voz baja—. Siento que te sintieras así.
—Me acostumbré hasta que me labré mi propio camino lejos de ellos —Margaret hace un movimiento con los hombros que deja ver que ya no le importa su familia—.
Cuando pasó lo del despacho, cuando te incliné sobre mi mesa…
perdí el control. Lo único que quería era enseñarte que eras mía y que, como me llevaras la contraria, iba a castigarte.
Margaret suelta un suspiro tembloroso.
—Ahí entendí que había cruzado una línea y…
—Empezaste a ignorarme —termina la frase Sadie.
—Tenía que hacerlo, no podía tenerte cerca porque estaba enloqueciendo. Cuando te fuiste de Vítek, pensé que eso quedaría ahí —Margaret cierra los ojos recordando la desesperación que sintió al no volver a verla—, pero todo fue a peor.
—¿Cuándo comenzó lo de mi padre? —pregunta Sadie y llamarlo así, a ese asesino, le quema la boca.
Margaret está dispuesta a ser sincera, sin esconder nada como se lo ha pedido Sadie.
—Ya me había reunido con él con la excusa de hacerte un seguimiento —la comisura derecha de Margaret se levanta—.
Allí supe muchas cosas de ti y a tu padre, al parecer le caí muy bien.
Tiempo después, cuando lo vi en esa gala benéfica, no pude desaprovechar la oportunidad de saber cómo estabas y a él no le costó contarme que estabas en Miami, donde estabas trabajando y cuándo volvías.
Vi una oportunidad cuando me invitó a cenar.
Podría seguir tus pasos sin demasiado esfuerzo, todo era perfecto.
—¿Y en qué momento se te ocurrió la estúpida idea de empezar una relación con mi padre si, como me has dicho, ya sabías lo que sentías por mí? —esta vez el tono de Sadie es duro y por una décima de segundo, Margaret siente temor.
—Te dije que no era como pensabas —Margaret le repite la frase que le había dicho dos veces anteriormente—.
Tu padre se interesó en mí, pero yo no estaba dispuesta a cruzar esa línea.
Te quería a ti, Sadie, y aunque en ese momento era un sueño poder tocarte, jamás haría algo como acostarme con tu padre para estar cerca de ti.
Margaret toma una bocanada de aire.
—Me dijo que se sentía solo, que desde… —Margaret evita mencionar la muerte de Eva Zeman—, hacía muchos años no compartía su vida con nadie.
Me ofreció una amistad, simple compañía y no te miento al decirte que pensé que se trataba de una especie de broma o incluso una trampa, pero tiempo después me habló de su problema.
—La disfunción —dice Sadie.
—Sí —confirma la mujer—. Entonces ahí comprendí que de verdad lo único que quería era compañía, además para ese momento ya me había pedido apoyo para el centro comunitario porque no le había prestado demasiada atención y quería que todo estuviera más avanzado para tu vuelta.
—¿Entonces nunca tuviste una relación con él? —Sadie lo pregunta con desconfianza y al ver que Margaret dice que no, frunce el ceño—. ¿Por qué nunca me lo dijiste? Joder, Margaret, me dejaste creer todo este tiempo que estabas con mi padre y…
—Lo siento, Sadie —Margaret lo dice mirándola a los ojos, aunque no parece arrepentida—. Tu padre me pidió que no te lo dijera porque sentía vergüenza y yo me aferré a eso para seguir estando en tu vida. Luego… luego nos acostamos y pensé muchas veces en decírtelo.
—¿Por qué no lo hiciste? —Sadie se pone de pie y se pasa la mano por la melena—. Nos hubiéramos podido ahorrar muchas cosas.
—¿Eres consciente de nuestra diferencia de edad? —pregunta Margaret con el gesto contraído—. ¿Qué fuiste alumna de una institución en la que soy jefa de estudios?
—Te aseguro que he vivido bastante más que tú, Margaret —Sadie la señala con la mirada encendida—.
Sí, sé que eres mayor, pero incluso yo he sido la madura en toda esta historia.
Te lo dije una vez y te lo repito, desde que apenas era una niña he vivido prácticamente sola, he estado en tantos países que hay muchos que ni recuerdo.
He tenido que crecer antes de tiempo, entender que mi madre ya no estaría, llorar sola frente a personas que ni hablaban mi idioma, todo esto mientras mi jodido padre estaba al otro lado del mundo haciendo dinero a costa de personas inocentes.