Aileen O’Reilly Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Doy un paso al frente. Ya no tengo frío, ya no tengo miedo. Todo se resume a este portal brillante, a esa luz detrás de la cual se esconde aquella que me dio la vida. Tantos años sin ella, tantas lágrimas y pena, que se pueden olvidar simplemente cruzando el velo…

Me surgen recuerdos de mi madre. Las lecciones de druidismo, los ánimos, los apartamentos minúsculos que llenábamos de risas…

Cameron.

Ese pequeño bebé que ya tenía el pelo pelirrojo, tan minúsculo en brazos de nuestra madre.

«Cameron».

Me obligo a detenerme. No, no puedo cruzar el velo pues eso significaría morir. Ni hablar de dejar a Cam solo.

Saber el efecto que ese Mundo tiene sobre los vivos y experimentarlo son dos cosas muy distintas. Por suerte para mí, amo a mi hermano más que a nada, si no, habría podido sucumbir.

La atracción no es sin embargo más que una ilusión de felicidad. Los muertos tienen que quedarse a su lado del velo. Esa es la manera en que funciona el universo. Así es el único medio de mantener el equilibrio.

—¡Hacedlo! ¡Ahora!

Obnubiladas por el portal, las brujas han olvidado su objetivo. Judith reacciona la primera y tiende la mano hacia el espíritu, mientras sus labios se mueven rápidamente.

Un sonido gutural sale del portal.

Se me hiela la sangre y se me para el corazón.

«Imposible…»

Mi medallón me quema la piel, como para contradecirme.

Las brujas gritan a coro, inflamadas por la rabia por vencer. Una violenta borrasca se levanta y empuja al espíritu hacia el portal.

Cuando está a solo un metro, el espíritu deja de luchar bruscamente. Su forma se estira, como aspirada por el otro Mundo, y desaparece en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Cerradlo!

Mi orden es inútil, las brujas ya están en ello. Consiguen cerrar el velo con más facilidad que al abrirlo y el portal se arremolina y encoge hasta desaparecer…

Mi alivio es tan intenso que se me llenan los ojos de lágrimas y me doblo en dos.

«Ese sonido…»

No me bastará toda una vida para olvidarlo.

Hannah y otra bruja se desploman de rodillas, abatidas por la cantidad de magia que acaban de usar.

—¡Aileen! ¡Deprisa!

La voz de Lonan proveniente del bosque a mi derecha me sobresalta. Me levanto, los miembros pesados.

—Hay que…

Judith está recogiendo las piedras que han permitido la apertura del velo para asegurarse de que el sortilegio esté finalizado. Me indica por señas que me vaya sin dedicarme in una mirada.

Me vuelvo a poner en acción, entumecida hasta la punta de los dedos. Me dirijo hacia la voz del Alfa.

«Por favor, que el lícano sigua vivo cuando lleg…»

Mi pie se engancha en una rama y me caigo cuan larga soy sobre el suelo húmedo. Algo me roza la mejilla y mi rodilla emite un ruido sordo al rebotar contra una superficie dura.

«Qué demonios…»

Ruedo sobre mi lado derecho por puro instinto de supervivencia. Una rama se abate sobre el punto en que estaba y se rompe por el impacto.

—Me cago en …

Ruedo una segunda vez, huyendo de otra rama a punto de reducirme a puré. Me pongo de pie de un salto y gimo al sentir la protesta de mi rodilla.

Un silbido irritado me indica dónde se sitúa mi enemiga.

A tres metros de mí, la bruja mueve los dedos en el aire. No veo mucho, pero me parece reconocer a la pequeña morena que me insultó ayer en la escuela. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que he visto salir a siete brujas de los choches, pero solo a seis durante el ritual.

Le sostengo la mirada, en la que se refleja el brillo tímido de la luna.

—¡Solo era un libro!

«Aileen O’Reilly, o cómo hacer broma con alguien que te quiere matar».

—¡No tienes que imponer tu ley, aquí!

—No es mi intención.

Me aparto imperceptiblemente hacia un tronco. No estoy segura de que pueda usarlo como escudo teniendo en cuenta que ella puede mover las plantas.

«Pobres árboles, que no se han metido en nada».

Mi única oportunidad es dejarla sin capacidad de hacer daño antes de que me mate. Puesto que no le puedo quitar la vida, tengo que dominarla. Llevo encima frascos que harían demasiados daños… y mis cuchillos.

«Pues los cuchillos”.

Otra rama avanza hacia mí con un crujido siniestro. Corro hacia la derecha como puedo, supero un arbusto y lanzo.

No acierto a darle a la pierna por un centímetro.

«Maldita falta de luminosidad”.

—Si crees poder detenerme así…

Nuevo crujido. Solo me queda un cuchillo —el más grande, no adaptado para lanzamientos—, tengo la rodilla hinchada y no veo nada.

«¡Ni hablar de morir en manos de una bruja loca!»

Dispuesta a intentar un último lanzamiento, me aparto de detrás del tronco…

Y choco un torso amplio.

—¿Qué haces, coño?

Lonan me aprieta el brazo hasta hacerme daño. Ve el puñal en mi mano y la sangre en mi mejilla.

—¿Qué…?

La rama embrujada se rompe en mil pedazos en el suelo. La silueta de la bruja desaparece entre los árboles.

—Me estaban atacando. Aparte de eso, todo bien.

Lonan me domina desde arriba y no consigo ver su expresión. Pero el aura de furor extremo que le envuelve es suficiente.

—Después nos ocuparemos de esto. Anoki está herido.

—¿Quién es Anoki?

Intento seguirle y casi me quedo exhausta a causa de mi rodilla.

—El primo de Nashoba y Kosumi.

«Joder».

Sin pedirme permiso, el Alfa pasa el brazo bajo mis piernas, me lanza sobre su hombro y corre entre los árboles.