Capítulo 26
Las calles de Black River Falls están poco animadas, este jueves por la tarde.
Es verdad que la mayoría de la gente está en el trabajo y los niños en el cole.
La tienda estaba casi vacía cuando me he ido, aunque parece que el negocio va bien.
Los Rivera siguen tan sonrientes como siempre y me preguntan por Cam con regularidad.
La brisa es fresca y me recoloco la bufanda alrededor del cuello. Solo faltaría que atrapase algo la vigilia de la noche en la que tenemos que atrapar al espíritu.
Anoche me pasé más de dos horas al teléfono con Becca.
Cree que nuestro plan es sólido y me ordenó que me asegurase las espaldas.
Ya lo he previsto, evidentemente, teniendo en cuenta que no puedo confiar en las brujas ni, seamos honestos, en nadie.
Tengo fe en que Lonan no nos traicionará y protegerá a mi hermano, pero aun así no le revelaré la verdad que nos atañe.
Ídem para los polimórficos. Ignoro cuáles son las verdaderas intenciones de Zacchary y espero descubrirlas rápidamente para ahorrarme nuevos insomnios.
La boutique de la familia de Kelsey es encantadora. Una gran parte está dedicada a las flores y una pequeña sección a elementos de decoración en tonos blancos y madera. El conjunto es armonioso y da ganas de entrar y quedarse un rato.
—¡Buenos días! —lanza calurosamente Kelsey desde la trastienda al oír el tintineo de la entrada.
—¡Hola!
Aparece desde el pasillo, con una maceta en las manos.
—Llegas pronto. Entra, solo tengo que terminar esto.
El aire huele a flores.
—Es muy bonito. ¿Hace tiempo que trabajas aquí?
—Si omitimos los años cuando era niña y ayudaba, más de tres años. Empecé al acabar el instituto.
—¿Y te gusta?
Kelsey recoloca algunos ramos y empuja un mechón moreno detrás de la oreja.
—Es la empresa familiar, fundada por mis abuelos.
Lo que no responde a mi pregunta, pero no insisto pues un polimórfico se sitúa detrás del mostrador. Paul se presenta y le saludo con educación.
—Algunos sobrenaturales han sido heridos esta noche —me informa Kelsey—. Dos de los nuestros y un lícano. Nada grave, por suerte, las heridas son superficiales. Utilizamos lo que nos preparaste para curarles.
—Bien. Espero que se restablezcan pronto. No dudéis si necesitáis más. El sortilegio repulsivo de las brujas ¿ha funcionado?
—Allí donde lo han instalado, sí. Pero la zona no era lo bastante extensa.
Es difícil estimar por dónde irá el espíritu.
—¿Todo bien contigo? —pregunto.
—Cojo la chaqueta y salgo.
Espero a Kelsey fuera. Aunque estoy a punto de rodearme de brujas, estoy más bien contenta.
Anoche, Cam y yo cenamos en compañía de Rebecca en videollamada.
Fue una velada super agradable, que me recordó los buenos tiempos.
Soy consciente de que nuestra vida social no era muy rica antes de llegar aquí y me digo a mí misma que si Kelsey y yo nos acercamos, sería una presencia suplementaria en nuestras vidas.
Bueno, volvería a ser una sobrenatural, pero no se puede tener todo. No puedo huir de los seres a los que se supone que debo guiar. Es el camino de mi vida, como de tantos O’Reilly antes de mí.
—¡Oh! Que bien siente el aire libre. Tengo la sensación de estar haciendo novillos —me confía la polimórfica.
Caminamos hacia la escuela de brujas sin prisa.
—Qué bien que sientas que es una pequeña aventura. Y lo siento si antes he sido poco discreta.
—Tranquila. Este trabajo…
Se mete las manos en los bolsillos de la cazadora vaquera.
—Quería ir a la uni, pero entre la tienda y la manada, me he tenido que quedar aquí. Me gusta esta herencia familiar y la quiero…
—Pero no es lo que habrías elegido para ti.
—Exacto.
Me dirige una pequeña mueca avergonzada.
—No quiero dar la impresión de que me quejo. Mucha gente soñaría con un trabajo seguro y tener la seguridad económica que tenemos.
—Tienes derecho a estar frustrada, dado que no ha sido tu decisión. Todos deberíamos ser libres de elegir.
Una comprensión tácita pasa entre nosotras. Ella comprende que no me puede hacer demasiadas preguntas sobre mi situación y parece aceptarla.
Aún no, al menos.
—¿Cómo te encuentras? —pregunto, con prudentemente.
No quiero forzarla a hablar del aborto, pero no puedo evitar preocuparme. Atravesar esta prueba sola debe de ser aún más doloroso.
—Estoy bien. Me siento… libre.
Se muerde el interior de la mejilla.
—¿Crees que está mal?
—Para nada. Nunca está mal tener sentimientos, sean los que sean.
—¿Incluso cuando se está tan enfadado que se podría matar a alguien? —bromea.
—Si alguien se lo ha buscado, sí.
—¿Como cuando un lícano fanfarronea demasiado?
—Por ejemplo. Pero un poco de pimienta les hace estornudar y esas grandes bestias se vuelve llorosas.
Kelsey ríe a carcajadas. No hace falta especificar que lo mismo podría funcionar con los polimórficos.
—Apuesto a que ya lo has hecho.
—Claro. A los lobos de Lonan hace dos semanas.
—¡Eres mi heroína!
Me cuenta cómo el padre de Zacchary y el de Lonan establecieron el buen entendimiento que reina aún entre las dos manadas.
Éstas se ayudan a menudo, y varios polimórficos y lícanos trabajan en las mismas empresas.
No es algo extraordinario, pero es agradable de oír.
He visto tantos clanes de especies diferentes guerrear por tonterías.
La conversación vuelve a nuestras preocupaciones del momento. Como consecuencia del ataque de esta noche, algunos humanos han acabado en el hospital a causa de violentos vómitos y las autoridades sospechan que es una intoxicación alimentaria.
—Que ganas tengo de que acabe esta historia —gruño abriendo la puerta del colegio.
Tener a los humanos de los nervios no nos ayudará. Los policías tienen que investigar, por precaución. No le he contado a nadie mi buena relación con Jake, y menos aún que me ha invitado a salir. Acabará por saberse tarde o temprano, pero mejor que sea una vez resuelto este desastre.
«Espero que no se adentre en el bosque…».
Sarah nos acoge en la entrada con una expresión austera.
—Buenos días. Seguidme.
Me regala una mueca asqueada repasándome de arriba abajo. Sus talones chirrían sobre el suelo y se dirige a la parte trasera del edificio.
—Te has granjeado amigas, parece —murmura Kelsey.
—Si tu supieras.
Sarah nos hace entrar a una sala larga bastante oscura en la que varias brujas se activan alrededor de una mesa imponente.
La estructura ha sido conservada de manera que una gran chimenea abierta de piedra vista preside el centro de la habitación.
El fuego crepita y calienta una marmita negra de hierro fundido.
—Tengo la sensación de estar en unos dibujos animados —comenta la polimórfica.
—Me alegra que eso la divierta, señorita Walker.
Judith hace su entrada, seguida de dos brujas de unos veinte años. Las que ya estaban presentes le hacen un pequeño gesto con la cabeza, antes de ignorarnos completamente.
—Todo está aquí —explica la jefa del aquelarre. Podéis mirar.
Me acerco haciendo caso omiso de las brujas que se apartan. Sobre la mesa están alineados minuciosamente frascos, algunas plantas secas y piedras cuya energía es tan intensa que se me hace un nudo en la garganta.
«No han hecho las cosas a medias».
Confieso que estoy sorprendida, lo que es bastante cínico por mi parte. Aunque Judith tenga sus artimañas, dejar en libertad un espíritu tan peligroso no le interesa. Desconozco su opinión sobre los humanos, pero dudo que les deje sufrir sin reaccionar. Lo mismo que a los otros sobrenaturales.
Cojo un frasco para mirarlo con más atención, bajo la mirada vigilante y molesta de todas. La magia de las plantas se ha amplificado con la de la bruja que haya hecho la poción. Es bastante más potente que los frascos que tengo en casa. Aunque hay algunas plantas que sé utilizar mejor que ellas.
«Protección, repelente, canalizador de la energía…».
«Piedras para encerrarlo…».
Todo parece en orden y de calidad.
—¿Habéis conseguido información de la bruja que ha invocado al espíritu? —pregunta Kelsey.
—Sí, al final ha revelado que Hannah era el blanco.
Judith indica la bruja a su derecha. Esbelta y con un magnífico pelo negro, podría grabar un anuncio de champú. Hannah cruza los brazos frente a su pecho.
—Estaré presente con vosotros mañana por la noche. Esto evitará que el espíritu venga a buscarme aquí.
—¿Eres capaz de gestionar la situación?
—Es una bruja confirmada, sabe lo que hace.
—¿Cuáles son tus predominancias?
Los labios pintados de rojo de Hannah se tuercen ligeramente en un gesto de disgusto. No le debe de gustar ser interrogada por una druidesa.
—El aire y la astrología.
«La primera podría resultar útil».
Si Judith la cree capaz de defenderse, no tengo nada que decir. La conoce mejor que yo y debo confesar que su presencia facilitará las cosas. Cuanto antes atraigamos al espíritu hacia el punto de invocación antes podrán las brujas enviarle de vuelta a su mundo.
Además, es preferible que vengan varias, aunque no me alegre la idea de estar rodeada de brujas. Así podrán dominar el sortilegio mejor que lo hizo la anterior, y controlar al espíritu para devolverle a su casa.
Un libro preside un extremo de la mesa. Solo por la energía que lo envuelve, siento que es viejo.
—No es nada —murmura una bruja.
—¿Es de esta obra de donde ha salido el sortilegio para abrir el velo con el fin de invocar a un espíritu? —pregunto, aunque sepa ya la respuesta.
Las páginas están cubiertas de palabras, a veces latinas, a veces celtas. Domino más lenguas muertas que vivas así que para mí no es un problema. Hago desfilar las páginas tomando nota de todo lo que la obra encierra.
—¿Por quién os habéis tomado? —eructa una morena menuda con la tez escarlata.
—Intentemos ser educadas —comenta Kelsey.
—No tengo por qué ser educada frente a una humana que se cree con el derecho de imponer su ley. Ya no estamos en los tiempos en los que los druidas gobernaban las comunidades sobrenaturales.
—No las gobernaban —la corrijo sin levantar la nariz del libro—. Tenían un rol de guía y de curandero. Antaño era normal que los sobrenaturales viviesen todos juntos y eligieran un miembro de cada especie para dirigirles. Así que había un druida, pero también un lícano, un polimor…
—Paso de tu curso de Historia —escupe—. Quiero que te largues.
—¿Supongo que todas os habéis aprendido la fórmula para devolver el espíritu a su origen?
—Claro —replica Judith con una calma fingida—. No somos…
Cierro el libro de golpe.
Y lo lanzo al fuego.
Es típicamente en este tipo de situaciones cuando agradezco a mi madre que me enseñara a lanzar el cuchillo; y otras formas de manejar un puñal. El libro se ha colado justo al lado de la marmita, cayendo de lleno en las llamas.
—Pero qué…
—¡Como te atreves!
—Especie de…
Antes de que pueda moverme, una borrasca violenta me golpea el busto. Mis pies se levantan y me caigo de espaldas. Mi cabeza rebota sobre el suelo y mi respiración sale disparada de mis pulmones.
«¡Au!»
—¡No tenías por qué hacer eso! —grita Judith.
—¡Rápido, apagadlo!
Una pelirroja y Hannah corren hacia la chimenea. Si esta última no se hubiera precipitado en hacerme pagar mi gesto, puede que hubieran podido salvar el grimorio, que es tan viejo que ya casi se ha reducido todo a ceniza.
—¡La voy a matar!
—Judith ¡contenlas! ¡Ahora! —chilla Kelsey colocándose delante de mí.
Consigo ponerme de pie con dificultad. Ese pequeño vuelo en plano me dejará unos buenos moratones.
Pero valía la pena.
—Esa obra contenía sortilegios prohibidos por los tratados…
—¡Que estén prohibidos no significa que deban ser destruidos! —me interrumpe Sarah.
Lanzo una mirada orgullosa y furiosa contra las brujas.
—No se juega con el velo entre los Mundos. Ni vosotras ni nadie.
Contra mi piel, mi colgante de los O’Reilly parece pulsar du acuerdo.
—¡Salid! ¡Fuera! —grita Judith.
Kelsey me coge el brazo para hacerme cruzar la habitación sin miramientos.
—¡Hasta mañana! —lanzo antes de atravesar el umbral.
La polimórfica sigue arrastrándome hacia fuera, no sin mirar detrás por si alguna ha decidido seguirnos.
La brisa fría me sienta super bien. Mis costillas se han resentido y respirar es laborioso. Me estiro con precaución.
Un sonido inesperado me hace olvidar el dolor.
La risa de Kelsey resuena a nuestro alrededor y atrae la atención de los peatones. La polimórfica se dobla en dos para sujetarse el estómago, los ojos llenos de lágrimas.
—¡Uf, ha sido memorable ! Cuando has lanzado…
No consigue terminar, sin respiración. Su hilaridad desata la mía, lo que despierta el dolor en mis costados. Estamos medio agachadas en la acera, con las mejillas salpicadas de lágrimas y una sonrisa en los labios.
—Podrías haberme dicho que harías eso.
—Ha sido la inspiración del momento.
«Aunque esperaba encontrarme con ese libro para destruirlo».
—No olvidaré jamás sus expresiones decepcionadas. Ni te imaginas la cantidad de personas que habrían pagado por verlo.
—Ha sido un placer distraerte, querida.
Kelsey se levanta y me tiende la mano para ayudarme. No puede saber hasta qué punto su reacción me alivia. Solo habría faltado que me enemistase con los polimórficos…
—Hay un ambiente muy cargado desde que estás aquí.
—Espero que no dure. No tengo ninguna intención de cazar espíritus todas las semanas.
Me sonríe y me indica la dirección de la boutique.
—Yo tampoco. Vamos, ven, druidesa, vamos a conseguirte hielo para la espalda, de manera que estés en forma para mañana.
Hago una mueca ante la idea del lío que nos espera y no me lo tiene que decir dos veces para alejarme de esta maldita escuela.