Aileen O’Reilly Capítulo 24
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Capítulo 24

—Ed, te he dejado estos recibos, que tendrás que llevarle a Carmen cuando cierres —le explico a mi colega mostrándole dónde he guardado dichos papeles bajo la caja.

—De acuerdo

La monotonía de su voz es tal que a veces pienso en grabarle para ponerla para dormirme por la noche.

—Buena suerte y buenas noches.

—A ti también.

A falta de ser enérgico, es educado. Ya es algo.

Una clienta habitual entra y la saludo antes de salir. El aire fresco me hace temblar y me ajusto la cazadora de cuero usado al cuerpo. Desato la bici y me subo intentando recordar las indicaciones de Lonan y las imágenes GPS que he mirado hace unos cinco minutos.

Me dirijo a una parte de la ciudad que todavía no he explorado. Hay que reconocer que he estado muy ocupada con toda esta historia. Hay edificios bonitos y el que acoge la escuela de las brujas es tan viejo como lo había descrito el Alfa.

Éste me espera justo enfrente, apoyado en el capó de su gran automóvil.

Delante de él, Kosumi, Zacchary y Kelsey hablan.

Era más bien reticente a la idea de dejar que participase el Alfa polimórfico, aun siendo consciente de que no nos queda más remedio.

Creo que sus intereses convergen con los nuestros en este caso, pero no olvido que tiene una buena relación con Judith.

Observo a Kelsey, para ver si está pálida. Sus rasgos están marcados por la fatiga, lo que no me extraña teniendo en cuenta los últimos acontecimientos. Parece en forma.

—Solo faltabas tú —me saluda Kosumi.

Bajo de la bici y la ato a un arbolito.

—He venido cuanto antes. Hola a todos. ¿Alguna novedad esta noche?

—El espíritu se ha paseado por una parte de mi territorio —me informa Zacchary—. Tengo dos heridos leves y varios humanos se han visto afectados, por lo que hemos oído.

Que no haya heridos tan graves como Cody o Sam es un buen punto, aunque ignoro en qué medida el espíritu saca fuerzas de los humanos. La magia natural que poseen es diferente y es mucho más difícil evaluar cómo podría cambiar su comportamiento.

—Vamos allá —refunfuña Lonan precediéndonos.

Kosumi y Zacchary le siguen, dejándonos a las mujeres juntas para cerrar la marcha. Cruzo la mirada de Kelsey, en la que leo todo lo que necesito saber: la infusión ha funcionado. Siento en ella una mezcla de alivio y tristeza que la acompañará bastante tiempo.

Mientras entramos en el edificio, le cojo brevemente la mano para apretarla. Quiero que sepa que no está sola, sin por ello imponerle que me hable. Sus dedos me devuelven el gesto.

—Buenos días —se apresura una señora de edad avanzada acercándose a grandes pasos. La señora Reed les recibirá en su despacho. Síganme, por favor.

La bruja gratifica a los dos Alfa con un gesto de la cabeza y luego su atención se centra en mí. Un picoteo me sube por las piernas mientras su magia tantea el sortilegio que me protege.

—Déjalo —le susurro entre dientes.

Se sobresalta y acata. Una luz mezquina aparece en su mirada inquisidora. Sin decir nada más, pasa delante de nuestro pequeño grupo. Lonan, Kosumi y Kelsey me miran con perplejidad antes de seguirla.

«Mantén la calma, mantén la calma…».

Sé muy bien que seré descubierta antes del final de esta reunión, si no ha pasado ya, pero esto no evita que esté de los nervios y rabiosa contra el mundo entero.

«Quería una vida tranquila en un pueblo perdido de Wisconsin, no encontrarme en medio de toda esta mierda…».

Mierda causada por las brujas, para más inri.

Subimos al segundo piso y entramos en un despacho digno del malo de una película de James Bond. Espaciosa y en madera oscura, la habitación tiene un rincón con sofás y cuadros que deben de valer fortunas.

Enfundada en un traje chaqueta estricto, Judith sale de detrás del escritorio para venir a saludarnos.

—Buenas tardes, un placer teneros aquí. ¡No me esperaba que fuerais tantos!

El comentario va dirigido a Zacchary quien, parece, no ha sido totalmente honesto respecto a este encuentro. Esto le hace subir un poco en mi estima.

—Sentaos —propone indicando los dos sofás negros enfrentados—. Sarah, tráenos café y té, por favor.

—En seguida.

—La bruja-secretaria sale y nos sentamos. Me encuentro entre Lonan y Kelsey, y Kosumi decide quedarse de pie.

—¿A qué debo el honor de este comité?

—Lo sabes muy bien, Judith —declara el Alfa polimórfico.

Sentada en el único sillón, la bruja cruza los dedos alrededor de su rodilla.

—Me temo que tendrás que ser más explícito.

—Sabemos que el espíritu lo invocó una de tus brujas —lanza Lonan—. Sabemos que ha perdido el control de su experiencia. Igual que sabes que varios de los nuestros han sufrido heridas y a pesar de ello has dejado que el espíritu siga libre.

Los rasgos de Judith se crispan tanto que temo que explote.

—Creo recordar que habíamos hablado de diplomacia… —murmuro de boquilla.

Una palabra que no parece formar parte de su vocabulario.

—¿Por qué estáis tan convencidos que es uno de los míos quien ha invocado este espíritu? —pregunta—. ¿Cómo sabéis que no ha sido Aileen?

«Ya estamos».

Miradas confundidas se intercambian a mi alrededor. Me sorprende gratamente descubrir que Zacchary no me ha descubierto. Debe de haber pensado que la bruja ya sabía qué soy.

—No soy una bruja —explico, antes de que la confusión crezca.

La secretaria, que ha vuelto con la bandeja, se detiene a medio camino de la mesa de centro. Intento no prestarle atención para mantener la mirada inquisidora de Judith, cuyos ojos se desorbitan brutalmente.

—Una druidesa.

—Sí

Casi puedo oír su mente trabajar a cien por hora.

—¿Por qué no me lo dijiste cuando nos conocimos?

—Lo sabes muy bien.

Ya no me apetece aparentar ser educada con ella, no cuando intentaba aprovecharse de que fuera una bruja para disimular las fechorías de las suyas.

—¿Qué bruja ha creado este sortilegio que llevas? Es muy potente —subraya Judith.

—Eso no es de tu incumbencia y no es lo que nos ha traído aquí.

Saco mi teléfono, abro las fotos y lo deslizo sobre la mesa hacia ella.

—Tu bruja no ha sido muy lista colocándose ahí. Su sortilegio se le ha escapado de las manos y este espíritu ha causado muchos estragos. Estragos que se podrían haber evitado si vosotras hubierais reparado vuestra estupidez.

Judith observa un momento la foto antes de devolverme mi smartphone con un gesto elegante.

—No te permito que me hables en este tono, druidesa.

—Tiene todo el derecho —me apoya Kelsey—. Hay quien ha estado a punto de morir por culpa vuestra. ¿Por qué no habéis capturado aún al espíritu?

—¿Y por qué no nos habéis dicho nada? —completa Lonan.

Judith se hunde lentamente en el sillón, con los brazos sobre los reposabrazos.

—Sarah, déjanos.

Casi había olvidado a la segunda bruja. Deja por fin la bandeja y sale, no sin esconder su descontento.

—Si no os he dicho nada es porque quería arreglar este problema interno discretamente.

Descubrí la presencia de esta amenaza al mismo tiempo que vosotros, la noche en que el lícano fue herido.

Primero creí que había sido una criatura sobrenatural y necesité varios días para comprender que era cosa de un espíritu.

Necesité dos más para descubrir qué bruja lo había hecho.

Es una alumna y ha sido castigada severamente, podéis creerme.

—¿Qué hacéis para devolver al espíritu a su mundo?

—Preparamos sortilegios. Pero nos faltaba el lugar de la invocación, que está claro que tú has encontrado.

—¿No os lo ha revelado ella? —pregunta la polimórfica.

—No. Parece que no quiere que le devolvamos a su mundo.

—Por lo que he percibido, este espíritu ha sido convocado por cólera —subrayo—. No es imposible pensar que lo ha llamado para vengarse de alguien.

Los labios de Judith se retuercen con indignación.

—Vosotros, los druidas, tendéis a creer que nosotros, brujos, somos seres viles y egoístas y…

—No estamos aquí para disertar sobre vuestra especie, Judith. Hay vidas en juego y comprender lo que anima este espíritu puede ayudarnos a capturarlo. Si vuestra alumna le ha invocado realmente para vengarse de alguien, esa persona podría ser útil.

—¿Sugieres utilizarla como cebo? —pregunta Kosumi.

—Es una posibilidad.

—No pondré a mis alumnas en peligro.

—Tenéis que conseguir respuestas. Y activaros. Las cosas no mejorarán —insiste Lonan.

—Podemos ayudaros a atraparle —interrumpe Zacchary—. Podemos unir fuerzas, seremos más poderosos juntos. ¿Qué os parece? ¿Aileen?

No me pasa por alto el tic en la mejilla de la bruja. Que se tenga en cuenta mi opinión debe de serle muy desagradable.

—Seguro que somos más eficaces juntos. Antes de atacar, tenemos que descubrir no solo quién es el objetivo del espíritu si no también qué sortilegio específico se ha utilizado y preparar lo necesario para obligarle a hacer para el viaje inverso a través del velo.

—Ya estamos en ello —afirma Judith—. Preparamos pociones de protección, y también lo necesario para abrir el velo con más seguridad de la usada antes.

—¿Puedo preguntaros dónde ha encontrado un sortilegio como este? —pregunto—. No es algo que deba estar a mano de cualquiera. Sobre todo, tras los tratados de restricción de uso de la magia sobre el velo entre Mundos de 867 y 1544.

La mujer levanta el mentón.

—En efecto estaba en una sección privada de la biblioteca, a la que esa alumna ha tenido acceso por descuido. No volverá a pasar.

Sus explicaciones me parecen demasiado fáciles, pero no intento averiguar más. He expuesto claramente el hecho de que esta situación ha escapado a su control lo que, está claro, la saca de quicio. Se contiene únicamente por una mezcla de orgullo y educación.

—Espero que las brujas que se encarguen de devolver al espíritu tendrán más experiencia —enuncio—. Y serán conscientes de que no se juega con fuerzas que no se es capaz de dominar.

—Yo seré parte del grupo que devolverá el espíritu al otro Mundo.

—Bien.

—¿Cómo podemos participar?

Durante la hora siguiente preparamos la mejor estrategia para capturar al espíritu.

Dicha estrategia estará influenciada potencialmente por la presencia de un cebo, a la espera de las respuestas que Judith tiene que obtener de su alumna.

Tanto lícanos como polimórficos tienen prisa por entrar en acción y librarse de esta amenaza, con lo que estoy de acuerdo.

—Tenéis mucho que preparar… Tal vez podría venir a verificar vuestras pociones y sortilegios —sugiero.

La expresión de la bruja se petrifica.

—No necesitamos…

—Si Aileen quiere comprobar lo que hacéis, dejaréis que lo compruebe —decreta Lonan en un tono que no admite réplica.

—No es…

—Tenéis que entender que seamos reticentes en confiar plenamente en vosotras a la vista de los últimos acontecimientos —comenta Kelsey.

—Es que… Ella…

Las fosas nasales de la bruja tiemblan con los nervios.

—De acuerdo. Pero no tocará nada.

«Ya veremos».

—Si ya se ha dicho todo, os dejamos con los preparativos —declara Lonan levantándose—. Confiamos en que nos tendréis informados de como siguen las cosas de aquí al viernes por la tarde.

—Claro.

Noto que cada palabra le cuesta a Judith. Es evidente que haberla puesto frente a su fracaso la ha más que ofendido. Mi presencia no ha debido de arreglar nada.

Las despedidas son frías y yo me limito a un “hasta el jueves” antes de salir. Había olvidado hasta qué punto las reuniones entre sobrenaturales podían ser largas y agotadoras.

Zacchary y Kelsey nos saludan antes de subirse al coche. Desato mi bici, con los lícanos en silencio cerca.

—El ambiente era muy tenso —observa Kosumi.

—El placer de tratar con brujas cuando tienen la culpa.

Con las nubes y el crepúsculo acercándose, no quiero demorarme más y me subo a la bici.

—¿Aileen? —me interpela el Alfa.

—¿Eh?

Ya no estoy realmente allí, entre la fatiga, los nervios puestos a prueba y las ganas de ver a mi hermano.

—¿Por qué son tan tensas las relaciones entre brujas y druidas?

Recojo todas mis trenzas sobre un hombro mientras busco cómo resumir milenios de rivalidad.

—Es porque ellas tienen el poder, pero nosotros tenemos el conocimiento.