Aileen O’Reilly Capítulo 19
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Capítulo 19

No sé qué me ha despertado. ¿Un ruido? ¿El instinto? En cualquier caso, me doy la vuelta en la cama unos minutos antes de que llamen a la puerta.

«Cómo duele».

Recojo el chándal que están en el suelo y llego a la puerta. Enciendo la luz del exterior antes de abrir.

—Será mejor que esa mierda sea… ¡oh! Lonan.

Me esperaba a Nashoba. El Alfa destaca sobre mí y ocupa casi todo el sitio. Me froto la cara intentando despertarme.

—El espíritu ha hecho una aparición en el norte. Ha atravesado nuestros dos territorios y no ha tocado a nadie. Le han sorprendido cerca de viviendas humanas y mis lícanos intentan averiguar si hay heridos.

—OK.

Demasiada información. Todo vuelve poco a poco a su sitio en mi cabeza.

—Necesito que alguien se quede aquí para…

—Cameron. Claro. Nashoba está aquí para eso.

Indica a su lobo detrás de él, quien me gratifica de un pequeño movimiento de la mano, algo burlón. Debo tener un aspecto horrible.

—OK. Deja que me vista y te sigo.

Casi me arrepiento de haber dado esta idea de ir a ver los rastros en el bosque. Debo decir que he dormido poco recientemente y dormía increíblemente bien.

Me pongo las deportivas y cojo mi sudadera grande del perchero. Nashoba entra en mi casa como si fuera su segunda vivienda. Se quita los zapatos y entra en la cocina para hacerse un té. No tengo energía ni para protestar y cierro la puerta tras salir.

El coche del Alfa está estacionado delante. Para mi sorpresa, sus lícanos están detrás y yo me subo en el asiento del pasajero, a su lado.

Las calles de Black River Falls desfilan tras la ventanilla. Apoyo la frente contra el cristal con la esperanza de que su frescor me despierte. No consigo concentrarme en nada, a pesar de lo urgente de la situación.

Lonan acaba estacionando en el límite del bosque, tras haber circulado por un camino caótico. Bajo y hago una mueca cuando noto que mis pies se hunden en el fango.

—Por aquí.

Uno de los lícanos pasa delante y el Alfa se sitúa detrás de mí. No me queda más remedio que intentar seguir el ritmo de las largas piernas del sobrenatural, y a oscuras. Tropiezo cada dos metros y los suspiros de Lonan puntúan mi avance.

El lícano se detiene y se gira a la izquierda. Una silueta baja aparece en los arbustos y acaba transformándose en zorro.

«Polimórfico».

Le saludo con una inclinación de cabeza, sin saber si ya le he conocido en su forma humana. Con su hocico señala hacia nuestra derecha.

—Hemos intentado no pasar por esta zona. Ahora te toca a ti —me insta Lonan.

Salto con una gracia sin par un tronco muerto y me adentro entre los árboles. Los pequeños ruidos del bosque me rodean, sin por ello estar demasiado presentes. El paso del espíritu ha reducido a más de un animal al silencio.

En los bolsillos de mi chándal, las pocas piedras que he cogido son algo pesadas. Evito tocarlas, aunque podrían protegerme de las ondas negativas. Son estas últimas las que debo percibir para poder comprender mejor.

Me anclo al suelo, coloco las manos sobre mi vientre para enfocarme en mi respiración y abrirme al mundo.

Un revoltijo de energías desciende sobre mí. El terror de los animales y el de las plantas. El hambre, la sed; las necesidades básicas para sobrevivir. La búsqueda, la alegría, y también la caza. Y después…

Hay esos trazos negros sobre un cuadro lleno de colores únicos, discordantes y a pesar de todo maravillosos. Una negrura que no pertenece a este mundo.

Me concentro en ella y enseguida siento que se me hace un nudo en la garganta.

Luchando contra mi instinto de protección, dejo que esas energías me atraviesen. Mis músculos tiemblan y empiezo a no sentir los dedos de los pies.

Algo sube en mí… cólera.

No, peor que eso. Ira.

Pura, voraz, destructiva.

Esta ira se infiltra en mí y me da ganas de destruirlo todo. Quiero gritar a todo pulmón hasta qué punto estoy en cólera contra esta vida, mi vida.

Antes de que mi madre desapareciese, tenía sueños. Quería ir a la universidad. Quería tener un trabajo normal además de mi papel de druidesa. Quería salir de fiesta, conocer a gente, viajar.

Ser libre.

Siento odio contra mi herencia demasiado restrictiva, contra quien mató a mi madre.

Y también contra mi madre, un poco, por haber tenido un hijo del que me siento obligada a ocuparme.

Ese pensamiento detestable hace aparecer la imagen de Cam.

Cam cuando tenía seis años, encantado de enseñarme lo bien que sabía leer.

Cam a los ocho años, recitando sus frases en la Lengua Antigua con orgullo.

Cam en el banquillo del equipo de béisbol, feliz a pesar de no haber participado.

El amor que siento por él barre la cólera de un manotazo. Repele todos esos pensamientos que me detesto por haberlos tenido alguna vez en un rincón de mi cabeza.

«Solo eres un ser humano —me recuerdo a mí misma—. La frustración es un sentimiento como cualquier otro. No te sientas culpable».

Más fácil decirlo que hacerlo.

Meto las manos en los bolsillos para coger las piedras y las hago rodar entre mis dedos. Poco a poco vuelvo en mí, cerrándome a las energías que me rodean.

Decido avanzar para aserenarme y asegurarme de que el segundo elemento que he percibido queda demostrado.

Después, doy media vuelta y vuelvo con los lícanos y los polimórficos. Me esperan tranquilamente donde les he dejado.

—Y bien, ¿qué has descubierto? —pregunta el Alfa, con los brazos cruzados sobre su pecho.

—He..

Un crujido a mi espalda me sobresalta. Desenfundo mi puñal y me doy la vuelta.

Kosumi está a un metro de mí, con pinta un tanto molesta.

—Tranquila, solo es el gran lobo malo.

Trago saliva con dificultad y guardo mi arma en el bajo de mi espalda.

—Tienes un verdadero problema con los puñales, ¿te lo han dicho alguna vez? —se impacienta Lonan.

—Sí.

Y es verdad.

—He descubierto que el espíritu siente mucha cólera.

Lo que tiene su importancia. En el otro mundo, los espíritus se deshacen de una gran parte de los sentimientos que han tenido durante su vida física.

Lo que significa, según mi opinión, que la persona que ha invocado a este espíritu está muy rabiosa contra alguien.

—¿Lo han invocado por venganza? —completa Kosumi.

—Es posible. Puede que el espíritu intente llegar a un objetivo, sin conseguirlo si éste está demasiado cerca del centro de la ciudad. Los aparatos electrónicos tienden a repeler al espíritu, al menos cuando está débil.

—Débil, no lo estará por mucho tiempo, a este ritmo. Empezará a aparecer más a menudo.

—Lo sé. Lo que nos lleva al segundo punto: ese espíritu es de origen sobrenatural.

—¿Lo que supongo le hace más poderoso? —pregunta Kosumi.

—Desgraciadamente, sí.

Los hombres gruñen amenazadoramente. Evito recordarles que el enemigo no está aquí.

—Eso es todo —concluyo.

Me hubiera gustado saber más, pero tengo mis límites.

Lonan da un paso hacia mí.

—¿Qué hay de las…?

—Ahora no —le interrumpo.

Miro de reojo a los dos polimórficos, el zorro y un pájaro difícil de identificar en la oscuridad. El Alfa comprende el mensaje y se calla. Con la cabeza, me indica la dirección para volver al coche.

Una vez en el habitáculo, le veo dispuesto a volver a la carga y le paro con un gesto de la mano.

—Dame dos días. Necesito dos días para reunir más elementos.

—No podemos perder tiempo.

—No lo perderemos.

Sus ojos, negros por la oscuridad, me atraviesan.

—Tenemos que actuar con inteligencia. Si el aquelarre Reed está implicado, hay que hacer las cosas bien. Y con discreción.

Se recuesta contra el respaldo de cuero y gira la llave de contacto.

—Dos días, druidesa. No más.