Capítulo 17
Una vez sus deberes comprobados, Cam sube a su habitación mientras yo preparo la cena. Con los ingredientes esparcidos frente a mí, apoyo mi móvil contra la pared y llamo a Rebecca. Necesito una mirada externa a la situación.
—¡Babe! —canturrea su voz.
Mi mejor amiga aparece, luminosa y vivaz. Tiene el pelo mojado y una mascarilla hidratante le cubre la cara.
—Esta noche vas a salir.
—Sí, es el cumpleaños de Lorie. Seguramente acabaremos en un club.
Un pinchazo de envidia me atraviesa el pecho.
No por la juerga, sino simplemente por la libertad de ser despreocupada, ni que fuera por una noche.
Cuando vivía en Auburn con ella, a veces salía.
Cam se quedaba con Joëlle o con amigas brujas.
Mirando atrás, era una inconsciente. Era joven, quería divertirme y disfrutar de momentos de olvido en medio de todas las responsabilidades y de tanto dolor.
—¿Sobrevivirá tu hígado? —pregunto.
—¡No hay nada menos seguro! Y ahí, ¿qué ha pasado estos últimos días?
Corto las verduras con una fuerza algo excesiva.
—Digamos que… me han tocado los huevos.
—¿El sheriff? —se alegra.
—Este tipo de huevos, no, ¡Becca!
—¡Ah!
Consigue que vuelva a sonreír y me sienta bien.
Mientras corto y cocino todo lo que necesito, le resumo la situación: el lícano herido, Lonan y nuestro acuerdo, los polimórficos y finalmente Judith, que se ha presentado en la tienda esta mañana. Rebecca me escucha sin interrumpir, lo que es lo bastante raro como para que lo señale.
—Bueno, no te preguntaré cómo vives el hecho de retomar tu puesto de druidesa, porque no es una prioridad… ¿qué sabes sobre el espíritu?
—No mucho. Actúa de noche, lo que no es inhabitual. Solo ha herido a sobrenaturales, pero ignoro si es por elección o porque son los únicos seres con los que se ha encontrado en el bosque. Por lo demás...
—Tienes que averiguar sin falta qué bruja lo ha invocado. Los espíritus no vienen aquí por voluntad propia.
—Lo sé.
Deja su teléfono sobre el tocador para retirar la mascarilla con precaución.
—La manera en que lo haya invocado tiene su importancia. Las intenciones detrás de su gesto son primordiales para entender cómo enviarle de vuelta.
—¿Qué quieres decir ?
—Las emociones son centrales, lo sabes —continúa mientras empieza a maquillarse—.
Una bruja puede fallar en su sortilegio si no domina lo que siente.
Igual que un lícano puede llegar a no poder transformarse.
Identificar los sentimientos que hay detrás de esta invocación os ayudará a devolver a ese espíritu a su lugar de origen.
—Para eso necesitaremos una bruja.
—Sí.
Intercambiamos una mueca.
—No me convence la idea de que pidas ayuda a ese aquelarre. Seguro que averiguan que no eres una de ellas.
—Sí. He dejado que Judith crea lo contrario para ganar un poco de tiempo.
—¿Todavía tienes las protecciones que os hice? Por si vienen a hurgar a tu casa.
—Están puestas.
Becca se petrifica, con la máscara cerca de las pestañas.
—¿Y si intentan hacerte daño para obtener información? Una palabra tuya y voy para allá…
—Ya te he dicho que no. No te pondré en peligro. Y si de verdad es necesario… Nos iremos.
Inclina la cabeza a un lado y su mirada se posa en la mía a través de la pantalla.
—¿Podrías irte? Te han llamado las hadas. Este sitio te ha atraído. Huir sería darle la espalda al universo.
—Para proteger a Cam, le daré la espalda al universo sin dudarlo.
Además, si las hadas me han llamado por culpa de ese espíritu, la cosa se arreglará pronto.
Encontraré cómo enviarle de vuelta y no dudaré en forzar a las brujas a ayudarnos.
Si tienen malas intenciones, no podrán contra los lícanos y los polimórficos. Me aseguraré de ello.
—No lo dudo. Las brujas actúan solas a menudo, a pesar de su aquelarre. Seguramente se trata de algunas brujas ladinas, y no del grupo entero.
—Sí. Tengo que crear protecciones y ser estratega antes de enfrentarme a ellas.
Luego mencionamos algunas opciones de protección a mi alcance.
Rebecca habla mientras se maquilla, como para demostrarme una vez más que es capaz de hacerlo en cualquier circunstancia.
Una vez, consiguió prepararse en un autobús abarrotado, de pie, con un espejo minúsculo.
Su extraña serenidad me hace mucho bien.
—Tendrás que conocer la naturaleza del espíritu para imponerte a él.
Sabes bien que una parte de la magia consigue sobrevivir a la muerte.
Podéis estar frente a un espíritu humano o un espíritu sobrenatural.
Bruja, lícano, polimórfico… no sabes qué pizcas de magia quedan ni si podrían resultar ser peligrosas.
—Sí, en eso es donde estoy atascada. Las heridas puede que parezca arañazos, pero esto no demuestra para nada que se trate de un ser capaz de asumir una forma animal. He observado los rastros de energía que ha dejado, sin éxito.
—Me temo que tendrás que seguir con la caza de rastros. Y esperar que, la próxima vez que el espíritu salga, no mate a nadie.
—No me gusta jugar con vidas.
—Lo sé. Pero no te queda otra. Esperemos que los restos de energía sean suficientes. Si no…
«Tendré que cruzarme en el camino del espíritu».
Un escalofrío me sube por los brazos.
—Puede que la bruja sepa cuál es la naturaleza de lo que ha invocado.
—Es posible. Sin embargo, es magia caprichosa: podría ser que quisiera llamar a un espíritu de bruja y se haya encontrado con uno de lícano.
Saco la tarta del horno y suspiro. Voy a tener que hablar de todo esto con Lonan y no sé cómo abordar el aquelarre Reed. El Alfa y yo nos tenemos que ver mañana, en previsión de la noche siguiente en la que podría reaparecer el espíritu.
—Supongo que también eres consciente del desequilibrio que este espíritu crea con su presencia en el mundo de los vivos.
Hago una mueca y casi me quemo con el plato.
—Sí…Gracias por cargarte mi negación.
—De nada. Prefiero esto a que no estés preparada.
Tiene razón. El desequilibrio mágico generado por el espíritu podría atraer a criaturas no recomendables a las inmediaciones.
—Tengo la esperanza de que no se quede suficiente tiempo para provocar este tipo de daños.
—Ese es mi deseo, Babe. Si no, corres el riesgo de tener que cazar monstruos durante más tiempo.
Esa perspectiva es cualquier cosa menos alentadora. A mi pesar, me pongo a hacer la lista de todo lo que podría necesitar para afrontar criaturas con intenciones mucho menos loables.
—Bueno, de momento no puedes hacer nada más, así que ¡ayúdame a elegir qué me pongo!
Intento alejar mis pensamientos aterrados para concentrarme en ella. Rebecca saca sus atuendos del armario para exponerlos sobre la cama y ponerlos uno a uno frente a ella. Verla en ropa interior no es ninguna novedad: no sentimos ningún pudor entre nosotras.
—Hmm… ¿Tienes previsto ligar, esta noche?
—No es el objetivo, pero nunca se está a cubierto de un encuentro.
—En ese caso, el short negro con el top blanco y los tacones rojos. Eficaz y práctico.
—¡Gracias, Babe!
Subo los escalones de dos en dos y llamo a la puerta de mi hermano.
—¿Sí?
—Es Becca
—¡Qué bien!
Abro justo a tiempo de verle saltar de su cama y correr hacia mí. Me coge el teléfono de las manos y cierro la puerta tras salir, dejándoles su momento fraternal.
Abajo, acabo de recoger la cocina, con un nudo en el estómago. Tengo la cabeza abotargada con todo lo que tengo que hacer, mientras mi cuerpo grita que tengo que descansar. Sin embargo, sé que esta noche volveré a dormir muy poco. Demasiados seres cuentan conmigo.
Además del peligro, una pregunta me taladra sin cesar, pérfida y egoísta.
«¿Tengo la capacidad de ayudar a todos sin por ello poner en peligro la seguridad de Cameron?».