Capítulo 15
Al bajar la escalera, con el maletín golpeándome el muslo, veo a Nashoba y Cody sentados a la mesa con Cameron. Los dos sobrenaturales han llegado mientras preparaba mis pertenencias médicas.
—Hemos pensado que el pequeño preferiría tener compañía en vez de guardas fuera —explica el lícano de pelo largo.
¡Que amables! Aunque mi hermano esté acostumbrado a estar solo, prefiero que esté rodeado de adultos.
—Bien.
Miro el reloj del horno y abro la nevera.
—Tenéis comida lista. Cam tiene que estar en la cama dentro de una hora y media máximo.
—¡Tomamos nota!
Intercepto el guiño que le hace Nashoba a mi hermano.
—Lo digo en serio. Se vuelve gruñón si no duerme sus ocho horas.
—Le dijo la sartén al cazo —comenta el interesado.
Le paso la mano por el pelo alborotado y tiro de él con suavidad para que eche la cabeza hacia atrás. Le doy un beso en la frente.
—Pórtate bien con tus niñeras lobos ¿de acuerdo?
—¡Eh! —protestan Cody y Nashoba a coro.
Les hago un gesto de despedida con la mano y salgo rápidamente. Un coche me espera delante de la casa y la ventana de detrás se abre revelando el rostro pálido de Kelsey. La polimórfica parece cruelmente privada de sueño.
—Te llevamos.
Lo había supuesto y me alegra no ir en bici por la noche. El crepúsculo a teñido el cielo de bonitos colores que no tengo tiempo de admirar antes de subirme al coche.
Un hombre hace de chófer, con una mujer a su derecha. Los dos están en silencio y serios, seguramente concentrados en protegernos del peligro.
A mi lado, la angustia de la polimórfica me hace un nudo en la garganta. Tritura sus cutículas hasta el punto de hacerse sangre.
—Cuéntame más sobre Sam… ¿le conoces bien?
Simulo obtener información sobre mi paciente, pero en realidad, solo intento remontarle la moral. Desde joven desarrollé grandes aptitudes empáticas, muy útiles para mi rol. Sin embargo, nunca reconforto a nadie por obligación.
Kelsey se humedece los labios.
—Crecimos juntos, es uno de mis mejores amigos. Siempre ha sido muy bueno en el combate, me cuesta creer que le hayan herido.
—Incluso los más fuertes acaban tocados algún día.
Baja la cabeza para disimular sus ojos grises llenos de lágrimas.
—Estoy segura de que mejorará. ¿Cuáles son sus formas animales?
—Ciervo, zorro y puma.
No hace falta preguntar qué forma debía tener durante el combate.
Cada polimórfico domina tres formas animales diferentes. Es importante para mí saber cuáles para adaptar el tratamiento.
Aparcamos frente a un edificio bajo, en el lado este de la ciudad. La casa es nueva, con solo una planta y grandes terrazas.
Kelsey salta del choche y la seguimos de cerca. Teclea el código en el interfono y me sujeta la puerta.
No hago ninguna pregunta: sé que este edificio, y seguramente los de al lado, está habitado únicamente por polimórficos. El instinto de manada también lo tienen muy fuerte; les gusta vivir todos juntos.
Subimos deprisa los escalones y Kelsey llama dos veces a la puerta. Abre una señora de unos cincuenta años. Sus rasgos se iluminan.
—¡Kelsey! Me alegro de verte, tesoro. Y, oh… ¿es la druidesa?
«Ya no tengo opción de pasar desapercibida».
Saludo a la polimórfica con la cabeza y una sonrisa.
—He venido a visitar a Sam.
—Sí, ¡entrad, entrad!
Nos hace un gesto para que la sigamos. Abrigada con su pijama, parece minúscula y desamparada. Una madre loca de inquietud.
El olor de Sam me asalta las fosas nasales en cuanto abre la puerta de su habitación. Mezcla de transpiración y de un no-sé-qué agrio y preocupante. El perfume de un cuerpo que sufre.
La polimórfica enciende la lámpara de la mesilla de noche desvelando la cara sudorosa de su hijo.
—Parece que la fiebre empeora.
—¿Puede poner agua a hervir, por favor?
—¡Claro!
Me arrodillo al lado de Sam y levanto la manta para ver sus heridas.
—Pierna derecha, costado derecho y hombro izquierdo.
Kelsey saca la silla del escritorio para sentarse, los hombros bajos. No le pregunto si se siente lista para ver las heridas: parece decidida a quedarse cerca de su amigo.
Deshago los vendajes con precaución desvelando heridas mal cerradas. A pesar de las buenas intenciones de quien le ha curado, el cuerpo del polimórfico necesita ayuda para sanar. Abro mi maletín y me pongo en marcha.
—El agua está caliente… Oh…
La madre de Sam aparta la mirada, pálida.
—Paula, tendrías que esperar en el salón… —sugiere Kelsey.
—Tenga —me apresuro a darle tres frascos—. Coja una pizca de cada e infusiónelas. Prepárese un saquito para poder hacer varias infusiones durante los próximos días; lo necesitará.
La empujo suavemente fuera de la habitación para protegerla. Tener un objetivo cuando alguien cercano está en cama ayuda mucho.
Kelsey vuelve con el bol de agua caliente que le he pedido que vaya a buscar. La polimórfica observa el más mínimo gesto mío mientras preparo vendas empapadas de plantas para las heridas.
—Tengo la sensación de que no te gusta que sepamos tu secreto… pero debes saber que estoy contenta de que estés con nosotros. Y agradecida también.
«Solo conocéis un secreto de una laaaaaaaarga lista…».
La contemplo por encima del hombro. Es difícil identificar la energía de las personas cuando sus emociones son tan intensas. Sin embargo, entreveo un aura combativa y rebelde.
—¿Quieres que te enseñe?
Asiente con la cabeza y se acerca con precaución, como si temiera agravar la situación.
—Aunque duerma, nota las presencias a su alrededor. Es importante hablar y comunicarle buenas vibras.
Kelsey se aplica en copiar mis gestos.
—¿Hace mucho que eres druidesa?
La pregunta es a la vez torpe e inocente.
—Desde que nací.
Saca la lengua hacia el lado de los labios, entre concentración y burla.
—Perdón. Hasta hoy no sabía que los druidas existían.
—No pasa nada. Te puedo contar más. Otro día.
Se ríe suavemente mientras pone la última capa del vendaje sobre la pierna.
—Mi clan está contento de que estés aquí. Mi cuñado cree que puedes aportar equilibrio a la comunidad sobrenatural de Black River Falls.
Su forma de hablar del marido de su hermana me interpela. No parece apreciarlo de verdad.
—¿Y a ti qué te parece?
Su naricita se mueve.
—Creo que Zach confía con demasiada facilidad, pero he comprendido que los druidas son neutrales. Que son consejeros y guías, por decirlo así. Y también curanderos.
—En efecto, es así. La mayoría de los nuestros hacemos todo lo posible para mantenernos neutrales. Pero haces bien en desconfiar: la neutralidad es mucho más difícil de mantener de lo que parece.
Kelsey me ayuda a mover ligeramente a Sam para que podamos llegar a su hombro herido. Gracias a su fuerza, consigue mantenerle levantado mientras cambio el vendaje.
—Supongo que tienes emociones, como todo el mundo. La cólera, entre otras. Si fuera tú, querría abofetear al Alfa Oselana por haber traicionado mi secreto.
No puedo evitar sonreír. Cada vez me gusta más.
—Lo cierto es que se me ha pasado por la cabeza.
—No intento defenderle, pero todo lo que hace, es para proteger a los suyos. En especial a su hija.
Mis dedos se ralentizan ante el tono de su voz.
—Y, sin embargo, no tiene motivos para inquietarse, parece estar bien rodeada.
—Lo está por un buen motivo.
La polimórfica se muerde el interior de la mejilla. Con un suspiro, le hago un gesto para que recueste a Sam boca arriba.
—No puedes decirme esto y dejarme así.
Kelsey asiente con la cabeza y se pasa el pelo oscuro por encima del hombro para triturarlo.
—La mujer de Lonan fue asesinada hace ya unos cuantos años, en circunstancias… extrañas. Era la descendiente de una estirpe única de lícanos blancos. Su hija ha heredado esta singularidad.
Ya he oído hablar de estirpes de sobrenaturales con particularidades. Esto explica esa chispa siempre tan viva de las pupilas de Winona.
—Se murmura que quienes mataron a Jessica son brujas… Algunos creen que necesitaban algo de ella para un hechizo.
«Cómo pasar de un drama a una película de terror».
Me cuesta tragar y me agacho delante de mi maletín para esconder mi expresión.
Tras haber dado instrucciones a Paula, subo al coche al lado de una Kelsey nuevamente silenciosa. Entre lo que me ha contado y la investigación sobre el espíritu, me tengo que rendir ante la evidencia: no será fácil que concilie el sueño antes de un buen rato.