Aileen O’Reilly Capítulo 14
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Capítulo 14

De vuelta a mi sillón —sí, me he apoderado de él— me masajeo el puente de la nariz mientras Lonan saluda a sus invitados en la puerta. He dejado la estatuilla en manos de Nashoba para que la deje en algún lugar del jardín donde nadie la pueda tocar.

«Casi había olvidado que ser druidesa significa gestionar las mierdas de todo el mundo».

De pie, cerca de la mesa de centro, Kosumi carraspea.

Me levanto para ponerme de cara a los polimórficos.

El Alfa tiene unos cuarenta años largos, al contrario de su mujer, que parece más joven.

Mas bajos que los lícanos, desprenden sin embargo el mismo poder.

El hombre, Zacchary, tiene el rostro marcado del que ha recibido muchos golpes, lo que no quita que tenga un aura cordial.

A su lado, su mujer y su cuñada comparten los mismos ojos almendrados y unos labios bien definidos.

La energía propia de los polimórficos invade la habitación y se mezcla con la de los lícanos. Me centro en mi respiración para que no me ahogue.

—Os presento a Aileen Morgan —declara Lonan.

—Encantado, Aileen, yo soy Zacchary —se presenta el Alfa tendiéndome la mano—. Esta es mi mujer, Tracy, y su hermana, Kelsey.

—Un placer conocerlos —me fuerzo a articular.

El Alfa polimórfico no es tonto y frunce la nariz.

—Espero que, a pesar de las circunstancias en las que hemos sabido de su existencia, llegaremos a llevarnos bien. La comunidad sobrenatural de Black River Falls tiene gran necesidad de una druidesa.

Asiento con la cabeza.

—Haré lo que pueda.

Y me apetece de verdad, a pesar de mi deseo de abofetear a Lonan.

Éste indica los sofás para que nos instalemos.

Estar en la misma sala que dos Alfas es todavía más asfixiante, no solo para mí, sino también para los otros.

Kosumi y Nashoba encuadran a su jefe, mientras que Kelsey se aparta ligeramente de su cuñado.

Debemos de ser de edades parecidas y sus rasgos están hundidos por la inquietud.

—¿Cómo va vuestro herido?

—Sam tiene fiebre desde esta mañana —me explica Tracy—. Sus heridas sanan, pero su cuerpo parece tener una reacción que no entendemos.

—Creo que tendremos que pedir ayuda a las brujas, aunque ignoremos la naturaleza de lo que le ha hecho eso y si ellas le podrán ayudar —completa Zacchary.

—Puedo visitarlo, si queréis. La magia de las brujas podría no ser necesaria para tratarle.

Sobre todo, porque muy pocas brujas dominan la magia de la curación. No es por nada que los sobrenaturales, desde siempre, han consultado a los druidas.

Asiento, con el cerebro en ebullición.

—¿Alguien puede describir a la criatura? Yo solo percibí su presencia.

Lo que ya de por sí es indicación de sus intenciones nefastas.

—Era oscura y se movía —responde Cody, que se ha quedado de pie—. Como si estuviera hecha de sombras y no fuera totalmente sólida. Lo que es falso, dada la manera en que me hirió.

—Sam tiene heridas similares a lo que nos habéis descrito —afirma el Alfa de los polimórficos.

—La criatura parece capaz de desaparecer, o de disiparse, no sé cómo decirlo. ¿Qué es? Jamás había visto algo así —subraya Nashoba.

—¿Aileen?

Levanto la vista del suelo y me doy cuenta de que me estoy mordiendo la uña; un antiguo tic que tengo cuando estoy nerviosa. Lonan me mira fijamente con una expresión indescifrable.

—Creo que nos enfrentamos a un espíritu.

—Un… ¿espíritu? —repite Zacchary con precaución.

—Sí. El espíritu de alguien que ha sido llamado del mundo de los muertos, lo que no es nada anodino.

Razón por la cual no he llegado a esa conclusión de primeras.

Nadie se mueve, su atención fija en mí.

—Parece una película de terror —comenta Nashoba.

—No es casualidad que la cultura popular y las leyendas estén llenas de espíritus. Son reales. Poco habituales, temidos, pero reales. Tenía la esperanza de que la criatura fuera otra cosa, pero las señales no mienten.

—¿Cómo le vencemos? —pregunta Lonan.

—No es tan simple. Existen multitud de espíritus diferentes. Aparte de su naturaleza, necesitamos saber cuándo y cómo llegó a nuestro mundo. Esta info puede modificar la forma de enviarle de vuelta.

—¿Le vamos a enviar de vuelta… al mundo de los muertos?

—¿Cómo se supone que lo vamos a hacer?

—¿Necesitamos la ayuda de las brujas?

—No soy experta en espíritus —explico con toda la calma posible—. Tendré que investigar un poco. Y tenemos que saber más sobre esa criatura.

Lo que me callo, es que este espíritu tiene que haber sido invocado por una bruja. Desconozco qué tipo de relación hay entre la manada polimórfica y el aquelarre. Preferiría limitar mi contacto con ellas.

«No estoy segura de que las pueda evitar mucho más…».

—La buena noticia es que el espíritu necesita obtener su energía de los seres vivos para seguir aquí.

—¿Y esto es una buena noticia? —me interrumpe fríamente Kosumi.

—Sí, porque entre cada herida que causa necesita tiempo para regenerarse. El ataque a Cody fue la noche del sábado al domingo. El de Sam, anoche. Podemos suponer pues que no habrá otro ataque antes del sábado por la noche.

—Pero posiblemente habrá otro entonces —sigue Lonan—. Si nos basamos en el hecho de que, a fuerza de coger energía, aparecerá cada vez más a menudo.

—Exacto.

—¿Qué podemos hacer mientras esperamos? —cuestiona Tracy.

—Ser prudentes y limitar los desplazamientos nocturnos. Voy a ver qué puedo preparar para vuestra defensa. Y a buscar cómo enviarlo de vuelta a su sitio de origen.

—¿Ya está? —refunfuña Kosumi.

Fusilo al lícano con la mirada.

—¿Tienes alguna sugerencia? ¿Perseguir a un espíritu que seguro que puede hacerse invisible e hincarle el diente?

—Sería más productivo que esperar nada…

—Basta —le interrumpe su Alfa—. Aileen nos ofrece su ayuda. Cada uno tiene su rol.

Me pongo de pie. Me pican los dedos: tengo que hacer preparativos, anotar ideas para verlo más claro, consultar libros para confirmar mis suposiciones. Mientras no esté segura de nada, estaré callada. No hay necesidad de alertarles o despertar sospechas.

—Voy a buscar a mi hermano, os dejo organizar las rondas. Después pasaré por mi casa a coger mis cosas y visitaré a vuestro polimórfico herido. Si os parece bien.

—Sí, muchas gracias —se apresura a afirmar Tracy.

La polimórfica coge la mano de su hermana, que casi no ha hablado. Sus ojos llenos de lágrimas son más elocuentes que cualquier palabra que hubiera podido decir.

Subo los peldaños de dos en dos, impaciente por largarme de aquí. Demasiadas energías, demasiado pensamientos distintos y perturbadores.

Llamo a la puerta donde oigo a los dos niños soltar gritos de victoria.

—¡La hemos clavado! ¡Adelante!

Asomo la cabeza por la puerta entreabierta y descubro una sala de juegos. Pantalla grande, sillón hiper mullido y ensaladera con caramelos. Se puede decir que Winona sabe cuidar a sus invitados.

—Cam, nos vamos.

—¿Ya? —se indigna.

—Sí. Tengo que ir a ver al polimórfico herido y preferiría no volver a altas horas.

El sol está a punto de ponerse y tengo mucho que hacer antes de poder meterme en la cama.

—Es un asco, estamos en pleno torneo…

—Lo siento, pero es lo que hay.

—¿Y por qué no se queda Cam a dormir aquí? Tenemos habitaciones de invitados —especifica Winona.

Los dos pillines se iluminan con una sonrisa llena de esperanza.

—Cam no tiene sus cosas, lo siento.

Mi hermanito se hunde en el sillón, malhumorado.

«Tenía que hacerse amigo de la hija de un Alfa lícano».

—La próxima vez.

—¡Guay! —exclama la loba.

—Estoy deseando volver a jugar contigo —sonríe Cameron.

Coge su mochila del suelo. La saludamos y al bajar nos encontramos a los sobrenaturales ocupados todavía en repartir territorios y turnos de guardia.

—Nos vamos.

—Un coche pasará a buscaros dentro de un rato —me informa Tracy.

—OK.

Abro la puerta y tomo un gran trago de aire fresco.

«Demasiada gente en esa casa».

—¿Aileen?

Retengo con dificultad un gemido de protesta y me giro hacia Lonan.

—¿Puedo hablar contigo un momento?

En realidad, no es una pregunta, puesto que estamos en su casa y me domina con una mirada amenazadora.

—Claro. Cam ve pasando y espérame en la verja.

Una vez mi hermano se ha ido, cruzo los brazos y decido tomarle la delantera.

—¿Quién vigilará a mi hermano en mi ausencia?

—Nashoba y Cody. Se han presentado voluntarios.

Lo que hace que les aprecie aún más.

—¿Querías decirme algo?

—Sospechas de las brujas ¿verdad?

Me encojo de hombros. Sus labios retroceden mostrando los dientes.

—No me tomes por idiota. Puede que no sepa gran cosa del mundo de los muertos, pero tengo claro que se necesita la magia para hacer atravesar el velo. Y no del tipo que poseen los lícanos ni los polimórficos.

—En efecto.

—¿Y?

—Y no tengo nada más que decir. No pienso acusar a nadie a en voz alta sin saber a qué me enfrento.

Suelta un gruñido poco convencido.

—Tendremos que ir a verlas en algún momento.

«Lo sé y me rompe los ovarios».

«¿No podía mudarme a un pueblecito donde los únicos problemas fueran los vallados entre vecinos? De verdad…».

Cojo la bici y la monto.

—Por cierto, el sheriff sospecha algo de ti. Te vigila.

La comisura de sus labios tiembla. ¿El tipo sabe sonreír?

—Lo sé. Y también sé que ha hablado contigo.

Rechino los dientes.

—Sabes con quién hablo, a qué hora termino de trabajar… ¿también sabes cuándo voy a mear?

Su mandíbula se contrae. Este tipo tiene una escoba en el culo además de ser un perfecto control freak.

—Que intentes proteger a los tuyos es una cosa. Pero yo no soy tu enemiga y tampoco te debo explicaciones. Así que dame espacio.

—Nada prueba que no acabes traicionándonos.

Le aguanto la mirada, a la vez helada y abrasadora.

—¿Por qué lo haría? Proteges a mi hermano. Si todavía no has entendido que es lo único que me importa, eres aún más tonto de lo que creía.

No le doy tiempo a responder y apoyo sobre los pedales para largarme.