Aileen O’Reilly Capítulo 12
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Capítulo 12

Me dirijo al lugar del drama, fregona y cubo en mano.

—¡Perdón otra vez! —gime la señora, capazo en el brazo.

—No pasa nada, se lo aseguro. Yo lo limpio, no se preocupe.

Fuerzo mis labios a sonreír. Evidentemente, no lo ha hecho a posta, pero no me apetece nada tener que limpiar del suelo frutas reventadas.

Finalmente se dirige al mostrador para pagar la compra a un Ed tan dinámico como siempre. Me saco una bolsa de basura del bolsillo trasero y recojo los trozos más grandes a mano. Odio este tipo de desperdicio.

Mis pensamientos no pueden evitar dirigirse a Cam.

Lonan ha pasado a buscarle esta mañana por primera vez, y me ha hecho un efecto extraño.

Verlo subirse detrás al lado de Winona como si se conocieran de toda la vida…

Sé que no debo presionar a mi hermano para que guarde nuestros secretos, pero me resulta difícil dosificar mis recomendaciones.

«Tengo que volver a aprender a vivir en comunidad».

Cuando vivíamos en Auburn, estaba bastante integrada en la comunidad mágica.

Como única druidesa de la ciudad, muchos sobrenaturales venían a pedirme consejo o a comprar remedios.

Yo ejercía mi rol, procurando no hacerme notar demasiado; sabía los riesgos que corríamos.

La ventaja de ser humana en un entorno sobrenatural es que no se me considera una amenaza; cuando en realidad, puedo matar con un puñado de pétalos y hojas.

Sin hablar de la protección mágica que Cam y yo llevamos detrás de la oreja.

Muchos elementos que juegan a nuestro favor.

Era joven, en aquella época, sin por ello ser ingenua.

Veía los pequeños juegos de poder que se tramaban entre las especies.

Aunque procuraba mantenerme alejada de todo ello en lo posible, no era fácil.

Lo que no me impide añorar la vida comunitaria, la ayuda mutua que se podía aportar y el sentimiento de no estar nunca sola.

No quiero que la manada de Lonan me haga sentir eso. No quiero contar demasiado con ellos, ni quiero encariñarme. Cam y yo nos iremos dentro de un año o incluso antes si veo peligrar nuestras vidas o nuestros secretos.

—¿Señorita Morgan?

Me doy la vuelta, con la fregona alzada delante de mí. Lo que hace que me salpique de agua las deportivas.

Impecable en su uniforme, con el pelo rubio peinado hacia atrás, el sheriff levanta una ceja, entre sorpresa y diversión.

—Perdón, no quería asustarla.

—Es culpa mía, estaba totalmente ensimismada. ¿Puedo ayudarle?

Los reflejos del trabajo a veces son una bendición, sobre todo cuando se está descentrado y se tiene un nudo en el estómago.

—En cierto modo, sí.

Vuelvo a la limpieza con el fin de evitar su mirada demasiado intensa. Este tipo despierta mi clítoris y no es ni el lugar ni el momento adecuados.

—Le escucho.

—Es un poco delicado, pero… ¿conoce bien al señor Oselana?

—¿A quién?

Escurro la fregona en el cubo y muevo los hombros hacia atrás.

—Oselana. Lonan Oselana.

—¡Ah!

Habría tenido que preguntarle al Alfa su apellido, ayer. Me envió un simple mensaje de texto para que tuviera su número y lo guardé con su nombre de pila y una cabeza de lobo; que pena que el emoji “cabeza de tonto” no exista.

—Es el padre de una alumna de la clase de mi hermano.

El sheriff asiente con la cabeza. Mete una mano en el bolsillo y adopta un aspecto incómodo.

—Uno de mis colegas me ha informado de que hablaron. ¿Le dijo algo fuera de lo común?

No se toma la molestia de justificar por qué me hace una pregunta tal, sin embargo, es fácil adivinar sus motivos.

Los sobrenaturales tienden a llamar la atención de los humanos.

Como éstos no comprenden qué es lo que los hace especiales, buscan una explicación racional a algo que no la puede tener.

Lonan es un Alfa: mucha gente gravita a su alrededor.

Visto los coches que tiene, no me cabe duda de que tiene varios negocios que funcionan bien, locales o no.

Dinero y poder siempre alimentan las sospechas de un poli.

«Debe de tomarle por un jefe de banda. ¿Qué hipótesis debe de tener? ¿Drogas, armas, prostitución?».

La lista de posibilidades sería larga.

—No, nada en especial —afirmo intentando disimular el hecho de que me molesta ser interrogada cada dos por tres—. Hemos hablado del colegio y de los niños.

—Ah. Lo suponía. Siento haber hecho la pregunta.

—No hay problema.

No me apetece nada hacer el papel de la chica incómoda con la policía. Es imperativo mantener un perfil bajo.

Cojo el cubo, dispuesta a dirigirme a la trastienda.

—Si estuviera en su lugar, me mantendría lo más alejada posible de él.

«Bueno, va a ser complicado, muchacho».

Me limito a sonreírle y me largo atrás. Cuando vuelvo, Ed me pide que le sustituya para hacer un descanso. Evidentemente, Jake se acerca a la caja y yo intento parecer lo más natural posible. Me pone nerviosa, y no sabría decir si es porque me gusta, porque es poli, o las dos cosas.

—Antes no quería hacerla enfadar. Es que… soy sheriff desde hace menos de un año y solo intento hacer mi trabajo lo mejor posible.

—Lo comprendo, señor Wardale.

—Llámeme Jake, por favor.

Me ofrece una sonrisa que enamora. Nada extravagante ni presuntuosa. Es a la vez un gesto de excusa y una tentativa de entendimiento que no puedo más que apreciar.

—Solo si usted me llama Aileen.

—De acuerdo.

Continúo escaneando sus artículos. La mayoría alimentos básicos, ningún plato precocinado.

«¿Cocina para uno o para dos?».

Mi mirada se aventura hacia su mano izquierda. No hay alianza.

«Chica, es un poli y tu usas una identidad falsa. Calma tus ardores».

—Y bien, ¿qué te pare ce la vida en Black River Falls de momento?

Su tono amigable es agradable. En otras circunstancias, estoy segura de que habríamos podido ser amigos.

—Inesperada —respondo sin pensar.

Suelta una risita grave a la que me uno.

—¿Has tenido la oportunidad de ver un poco los alrededores? Hay paseos fantásticos. En particular a lo largo del río.

—De momento no he tenido tiempo.

—Si quieres ideas, podría hacerte algunas recomendaciones.

—Adelante.

Si más formalidades, Jake saca su móvil y me muestra en una app de geolocalización dos sitios agradables para hacer una excursión.

Inclinada sobre el mostrador, le escucho atentamente, concentrada para hacerme una buena imagen mental del mapa.

Una buena memoria me ayuda a encontrar las plantas silvestres que recojo.

—Ya verás, es bonito y no muy difícil. Tu hermano podrá hacerlo sin esfuerzo, creo.

—¡Ja!, tiene energía para dar y vender, no me preocupa.

—¿Hace mucho que vivís los dos solos?

Doy un paso atrás. Es el tipo de pregunta personal que prefiero evitar.

—Algunos años. Mi madre murió y… digamos que nos apañamos como podemos.

Enunciar un suceso dramático sin dar detalles, es una receta milagro para que la gente se sienta incómoda y suscitar su compasión. Preferiría no tener que usarla, pero difícilmente puedo escapar de ella.

—Oh, lo siento.

—Hace mucho tiempo —le aseguro con una pequeña sonrisa crispada—. Son cuarenta y dos dólares.

El mensaje está claro: tema cerrado.

Jake paga la compra, que guarda en una bolsa reutilizable que ha sacado del bolsillo, resultando aún más sexy.

—Una vez más, perdón por el interrogatorio. Espero que los paseos te gusten.

—No me cabe duda.

Da un paso atrás y me parece que su mirada azul se ilumina con una luz… pícara.

—Que tengas una buena tarde y hasta pronto, espero.

—Tú también —consigo articular.

Sale de la tienda y yo me tapo la cara con las manos.

«Ridículo. Ultra ridículo».

Hacía una eternidad que ningún hombre me hacía perder los papeles de esta manera.

Desde Ren, de hecho.

—Oye, ¿estás bien?

Me enderezo. Ed está de pie al lado del mostrador. Le devuelvo su sitio: hay mucho que ordenar y hoy prefiero estar en movimiento.

—Sí, sí.

Me refugio en el almacén para hacer inventario, como me pidió Carmen anoche.

Que Jake vigile a Lonan no es buena noticia. Supongo que el Alfa es prudente, lo que no significa que nunca sea bueno tener a un humano demasiado observador cerca de los sobrenaturales.

Si el sheriff se vuelve demasiado inquisitivo…

Ignoro qué relación hay entre Lonan y el aquelarre de las brujas, Reed, pero sería útil que le pidiera un sortilegio para disipar las sospechas del humano.

Y aunque no conozca bien a Jake, siento que sus intenciones son buenas.

Parece lleno de una amabilidad auténtica y quiere hacer bien su trabajo.

No obstante, ignora que la ciudad que se supone que debe proteger está llena de sobrenaturales.

Y que no tiene ninguna posibilidad frente a ellos.