Capítulo 13 En los aires. #2
«Me siento más tranquila, perdí el miedo a viajar en avión. Mmm, ¡pero qué viaje!, tengo ganas, muchas ganas de entregarme a Pabel, pero quiero probarlo más, su prueba de fuego se la haré ahora, ¡no sé qué pase al volver! Quiero vivir esté presente y que no acabe jamás.
Aquí no hay gritos, tiranos domésticos, peor jefe explotador y abusivo; aquí soy yo.
Qué bien se siente estar así, sin ninguna presión, como cuando era adolescente.
Hacía mis cosas, pero sin planificación, y simplemente vivía; la felicidad que me enseñaron realmente me hizo infeliz, si apuntara todo podría escribir hasta un libro, a todos mis poemas les doy forma y me parece que sería una buena historia, ¿qué título le pondría?
¿Ágata, una piedra preciosa?, más suena a un comercial de jabones o piedras para eliminar los cayos, ¡jajaja! Ya se me ocurrirá algo, por ahora disfrutaré esta bella noche».
De pronto:
—¿Unas mentas? —las sonrisas alumbraban más la noche.
—¿Cómo sabías que no tenía mentas?
—En el avión me percaté de tus cigarrillos, pero no vi tus mentas en tu bolso; fue cuando lo abriste para guardar los dulces que nos regalaron, que, por cierto, estaban ricos.
—¿Sólo los dulces?
—Mmm, no solo los dulces, el plato principal más.
—Me fascina que seas detallista. Cuidado con que te rapte y después me voy presa.
—Estaríamos a mano.
—Ahhh, con que, a mano, ¿no? —la abrazó por la espalda y le besó el cachete.
Ella lo miró de lado con un ojo cerrado.
—¿Tienes planes, gatita?
—¿Qué me propones?
—Vamos a mi habitación que es la primera, Zafiro está más arriba, la escuché conversando con alguien un buen rato.
—¿Le habrá dicho al señor Octavio de lo que pasó?
—Ya nos enteraremos si es que te llama.
—Sigue con tu propuesta; el señor Octavio, que se vaya al infierno, luego que esté más tostado lo atiendo. Total, es mi jefe, no mi señor feudal.
—Me gusta eso.
—¿Qué cosita?
—Que seas tú misma sin tanta presión; eres una mujer extraordinaria, muy inteligente, culta, hermosa, súper ardiente. No entiendo cómo nadie escuchó tu discurso esa vez en el auditorio.
—Tú lo escuchaste, y allí fue que te vi con otros ojos, algo tienen tus ojos. A ver, a ver
—Pabel abría los ojos—.
—¿Tienen legañas?
—Tienes magia, mi amor, y atención; me gusta cómo me escuchas.
—Tus ideas son maravillosas, todo lo que lees, tus poemas que vi en tu refrigeradora son fantásticos.
¿No quisieras escribir?
—Posiblemente, ahora que el señor Octavio se entere, tendré que explotar otros talentos, mientras encuentro trabajo. Pero dejemos a ese señor en el infierno, que se tueste más. ¿Y mi propuesta?
—Ya teniendo a nuestra vigilante dormida, ven a mi alcoba y ahí te narro una historia más. ¿Aceptas?
—Primero, bésame.
Nadie los conocía, eran dos enamorados más en la calle; se dieron un beso que calentó más la noche, con los ojos cerrados para imaginarse volando, un mundo solo para ambos, sin barreras, solo amándose intensamente.
Llegaron a su habitación; Ágata se desvistió, nunca lo dejó de ver, se acercó y desvistió a Pabel, se recostó en la cama y le dijo:
—Sólo échate a mi lado, no me hagas el amor, pero si quieres lo entenderé y serás correspondido, porque también te tengo muchas ganas. Abrázame, ¿sí?
—Está bien —Pabel tenía a la mujer de sus sueños totalmente desnuda y con ganas a su lado, encima la tenía abrazada, sintiendo sus pezones en su cuerpo; era peor que estar en la cárcel.
Su respiración era caótica, su mente lo traicionaba proyectando escenas encima de ella, cabalgando juntos, una mezcla de escenarios: su oficina, su cocina, el cuarto de servicio, su cuarto, el parque, el avión, todos los escenarios juntos.
Este era el silencio, el vacío que necesitaba el fuego de su amor; los segundos eran milenios, un reloj en la pared que tenía agujas de una tonelada.
La dragona de hielo sonreía, pero el castigo no era solo para él; ella contemplaba todo su cuerpo canelo y bien trabajado, con ganas de subirse, era una tortura mutua que solo tenía una solución.
La noche se teñía de colores, hasta que la tortura terminó, como un juicio sumario por crímenes que no cometieron, pero la sociedad les hacía creer que debían pagar.
—Ya me voy para que no nos vea Zafiro.
Ahora sí respiraba distinto, sabía que él no solo quería su cuerpo, la quería completa, ya no eran necesarias más pruebas; se dieron un beso y se marchó. Ágata llegó a su cuarto como en las nubes; sin darse cuenta, una voz le dijo:
—Sé lo que escondes.
Su rostro se matizó hasta que sus ojos se perdieron; veía toda la escena de Altair golpeando y golpeando a Pabel, también sentía los gritos de Octavio despidiéndola.
Con paso de zombi ingresó a su habitación para cambiarse.
Las siguientes escenas pasarán a la velocidad de la luz, con su mente desconectada, en piloto automático.
Conocieron a la directora de la universidad llamada Medaly, les mostraron el campus y Pabel participó en el concurso.
Zafiro le decía algunas cosas, hasta que Medaly le dijo:
—¿Ágata, te sientes bien
—Eh, no tan bien, todo ha pasado tan rápido, ¿en qué puesto quedó Pabel?
—Descuida, en este concurso ganan todos.
—¿Cómo es eso?, ¿no hay puestos?
—Las razones de ello se deben a que cada artista tiene una luz incalculable de medir; los jurados solo ven las olas del mar, pero nunca ven la profundidad del artista, por eso decidí que todos los escritores ganen, y Pabel lo hizo excelente.
—Es muy raro, normalmente buscamos ser el número uno, nos enseñan a ser los mejores, nunca nos enseñan a aceptar los fracasos.
—Claro, y ese es el peor veneno para cualquier ser humano, porque si siempre ganamos, cuando perdemos nos sumergimos por un agujero hondo y nos perdemos; además de que nos acostumbran a los aplausos, ¿y cuándo se acaban?, ¿qué queda?
—Nunca lo había visto así.
—¿Ya más mejor?
—Sí, perdóname por no haber estado atenta, tengo tantas cosas en la cabeza.
—¿Depende de ti?
—Gran parte, sí.
—Entonces haz todo lo que esté en tus manos para resolver estos problemas, y te irá genial.
—Gracias, Medaly, lo bueno es que sí recuerdo tu nombre —sonrieron ambas.
—Ha sido un gran placer, cuando gustes. «Mi casa es tu casa y tu casa es mía».
—Jajaja, lo tendré muy en cuenta.
Se juntaron todos, pero Ágata permanecería distante con Pabel; Zafiro comenzó a elaborar sus planes para arruinar la vida de su amiga.
Mientras ellos volvían, Altair llamaba y llamaba a Nikolai porque era viernes de pelota, pero no llegaba; por ahí alguien diría:
—¡Ay, profesor, ese niño está jugando en otras canchas!
—¿Cómo así?
—Lo vi unas cuadras atrás en un parque con su hija, muy bien acaramelados y él le insistía; me parece que quería llevarla a un hotel, porque en este parque hay uno llamado «Romance», es muy cómodo para los jóvenes, ahí experimentan de todo.
—¿Qué?, yo sé dónde está, ahí lo alcanzo a ese desgraciado —esta vez el profesor no le hizo nada porque quien le dio el dato parecía un gladiador del circo romano—.
—Vaya con cuidado, profe, por ahí es muy desolado.
—Ok.
Entre tanto, los jóvenes estaban a unas cuadras de distancia.
—¿Para qué me has traído a este parque tan feo?
—Quiero hacerte mía, ¿vamos?
—Sí, no me gusta este lugar, Nikolai; acá nos pueden hasta robar.
—Este parque es tranquilo.
—¡Qué bien sabes!, ¿a cuántas habrás traído aquí?
—Ese no es el punto, es lo que puedo pagar.
—Mejor conversemos.
—Pero conversemos adentro.
—¿Cuál es la diferencia?
—Allá es más privado.
—Pero ojo, solo a conversar, porque este lugar es horrible. No olvido lo de la última vez.