Capítulo 12 La madrugada de liberación. #3
Los pasajes ya se encontraban comprados; aparte de que tendría que anular todo y ver el precio, pasar por toda la aceptación y evaluación presupuestal a cargo de finanzas, no sabía cómo hacer, porque ella quería que Pabel fuera, se lo merecía y necesitaba escapar de todo y respirar nuevos aires a su lado.
Minutos a solas, así esté Zafiro con ellos, ella buscaría la manera de escaparse y pasear con su joven rey; quería saber si realmente la buscaba por sexo o para siempre, no podía arriesgarse, tal vez solo era un muchacho más como el de la playa que pensaba que las mujeres mayores solo buscan sexo y no había nada de sentimientos.
Prueba de ello también era Altair, alguien que solo usaba a las mujeres; su padre también fue así, no tenía más ejemplos, por eso se le hacía difícil aceptar a un hombre distinto.
Apostaría por Pabel, pero quería conocer todas las cartas antes de arriesgar todo por él; él nada tenía que perder, pensaba.
En cambio, yo tengo toda una vida realizada, he vivido más que él; al joven rey aún le faltan más cosas por experimentar.
Encima su primera enamorada soy yo, soy la mujer que le enciende todo, ruego mucho que se quede conmigo.
Mi mente me atormenta; cuando hacíamos el amor vi a una mujer anciana, ¿por qué?
Era el destino que me mostraba cómo envejecería primero y Pabel seguiría atlético, joven, buscando a mujeres más jóvenes como mi papá y Altair.
¿Por qué tenía que ser todo tan difícil?
Y ahora me temo, presiento que me van a despedir si no cumplo las órdenes de Octavio.
Mi santuario se convierte en un debate a favor y en contra de Pabel; más nos acercamos y más barreras aparecen, o terminará todo y volveré a mi vida de siempre.
En mi santuario me siento libre, por ahora no venían más luces a alumbrar mi destino.
A mi mente vienen los futuros gritos de don Octavio despidiéndome, ¿me arriesgo o no?
Aunque también me amenaza con terminar su carrera, ¿qué haría después? ¿Volver a la educación?
En el fondo no sé qué hacer; este sabor a lo desconocido me atemoriza, pero a la vez siento cierta libertad, este sabor que deja en mí lo prohibido me atrae más. Mi mente me tortura, pero mi cuerpo se deleita y las cadenas son más livianas, aunque aún no me abandonaban.
¿Qué hago? Mis pies libres de ataduras rozan el suelo continuamente, juego con mi cabello, mis mentas ya no refrescan, siento un frío intenso acompañado de un silencio.
Ese vacío poderoso me dice: «Déjalo ir», pero mi voz responde: «¿Y si me despiden?
», no tengo respuestas aún para ello. Otro silencio me acompaña: «Antes actuaba y confiaba en mis instintos, ellos me guiaban hasta en los momentos más oscuros, pero ahora estaban distantes, debilitados por todo lo que la sociedad me enseñó y vendió de cómo era la felicidad».
Esta fórmula fallaba y ella ahora era víctima de estos efectos.
Este problema lo generé yo, ahora tengo que luchar con las consecuencias, pero no estoy sola, por ahora Pabel me acompaña; ¿si me deja? , ya no sé qué hacer.
¡Qué estupideces digo! Yo misma lo enfrento, no sé qué cara le ponga al señor Octavio, pero sí quiero ir con Pabel.
Él lo merece y yo merezco salir de luna de miel con él, ya que con Altair nunca nos dimos aquello.
¿Luna de miel? Mjum. Pero más romántico, sin intimidad, solo la compañía de nuestras almas para fortalecer nuestro querer.
Me he demorado en la madurez al perdonarme; él nunca me fuerza, si él me hiciera algo así me sería difícil perdonarlo.
Sin embargo, él lo tomó natural, nunca me reclama, no se compara con Altair, él solo se representa, eso me encanta de él, me enciende cómo siendo tan joven ha madurado.
Así como Balduino IV, que de joven heredó un reino gigante y encima enfermo, viendo a otros gozar, él nunca se rindió.
Veo la vida de Pabel donde coincide con su edad, veo su vida en la mía, un reino y llena de sufrimiento; no sabría cómo seguir disfrutando mi vida a pesar de lo que aparentemente he logrado.
Tengo que aprender esa resiliencia de él; ¿cómo, teniendo todo en contra, se sentía agradecido de cada día estar vivo?
¡Todos debemos aprender su resistencia y valorar más nuestra vida!
¡Esa diferencia de años, maldita sea! ¿Por qué no salió este hombre antes?
Ahí no habría ningún problema, ¿por qué apareció justo ahora, cuando aparentemente todo estaba resuelto en mi vida?
¿Qué hago? ¿Llamo a alguien? ¿Qué hacer? ¡Mi mente ya me respondió! ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Cómo me metí en este lío? Ya soy directora y quiero ser rectora cuando se vaya el señor Octavio.
¡Está mucho en juego!, ¿qué hago? Antes todo era más sencillo... ¿de verdad lo era?, ¿o me enseñaron a amar una realidad que yo no construí? Esa felicidad me la vendieron y, como me tenían atrapada, no notaba nada; ahora esa presión diaria en mi pecho se va desvaneciendo, ¡lo hago!
Ágata aceptó esta decisión, aunque con millones de dudas, pero estaba dispuesta a hacer algo diferente de lo que le enseñaron, a romper las reglas; estaba transformándose en una forma más libre de su ser.