Ágata: La viuda de un marido vivo. Capítulo 12 La madrugada de liberación. #2
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Capítulo 12 La madrugada de liberación. #2

—No te pedí tu opinión ni tampoco lo haré; lo haces o te vas.

Estaré viniendo estos días porque llega la señora Amatista para escuchar la charla de fin de año que dará Altair.

Él sí tiene agallas, no sé cómo te eligieron a ti —Ágata tenía la mirada perdida, pero sabía en su interior que su mejor versión estaba rompiendo toda la arcilla que tenía en el exterior—.

—Esto es un negocio, solo interesa el dinero: inventar problemas y vendemos la solución; si pasa algo, dormimos a los alumnos con ferias de diversión, no tus ferias de lecturas, esa carrera de literatura debe desaparecer, ya nadie lee, creamos redes para adormecer a la gente y tenerlos comprando.

Aquí vendes o vendes; me encargué de muchos trámites para pasar las acreditaciones de universidades, las encuestas, y por supuesto que subieron los números —Octavio nunca le daría crédito a Ágata.

—Hasta luego —no la dejó despedirse a la directora—.

Un miserable total, siempre mirando al techo como buscando arañas, jamás saludaba a nadie, siempre vio a todos como inferiores; él se sentía un accionista, pero los accionistas no tenían esos modos.

Ágata se quedaba con esa punzada de que todos los logros que tenía Octavio eran por ella, por su buen ojo para los negocios y su deseo de formar profesionales útiles para la sociedad.

Su filosofía apuntaba a que «el mejor profesional es el que menos se necesita» para resolver problemas de raíz y no precisamente para tener al cliente enganchado de por vida, un profesional eterno y, como decía Octavio, «generar más necesidades para venderles la solución», lo más miserable que puede ofrecerle a la humanidad: crearles más necesidades; y ella estaba en contra de su jefe.

Su amor por la escritura y por la educación se iba muriendo con cada palabra y decisión que tomaba el señor Octavio, quien no entendía nada de lo que era educar, ni mucho menos la herencia que dejaba a los jóvenes profesionales sin alma.

Personas en piloto automático que solo buscan un dinero vacío, profesionales eternos que nunca solucionan completamente el problema para vivir de la sangre de cada persona, unos vampiros modernos que vivían mientras la persona se mantuviera endeudada, pero pagando este servicio o producto de moda.

Era tan miserable que en las encuestas indicaba que casi el total de alumnos encontraba trabajo, pero era porque las personas ya tenían trabajo y solo venían por el título.

Ágata aborrecía esta parte del negocio, quería buscar algún vehículo para escapar de toda esta mafia educativa de la cual era ejecutora pasiva de esta generación de profesionales sin ética; dentro de su campo de acción quería limpiar los perfiles educacionales, pero cada vez le ponían más bloqueos o candados.

Sus buenos deseos, que aparentemente chocaban con los números, eran rechazados por Octavio, sin revisar el impacto a largo plazo que genera y de manera significativa en la calidad de los profesionales que salían de la casa de estudios.

Había buenos talentos, pero muchos de ellos terminaban contaminados por el sistema que había establecido el rector, en el cual se planteaba que sus estudiantes no podían jalar cursos hasta el cuarto ciclo, ya que con ese número se justificaban las planillas y las ganancias de la empresa.

Ese cálculo lo generó Ágata, pero para asegurar el acompañamiento en los estudiantes, no para aprobar a los que no merecen, sino para reforzarlos para que aprendan bien las bases de sus profesiones y ayudar realmente a la humanidad.

Por eso, ella seguía al mando para ver la forma de impactar positivamente en los estudiantes, pues ella fue quien diseñó todos los planes que presentó Octavio y le sirvieron para ser rector; ese puesto lo tenía bien merecido ella.

En casa rompió muchos eslabones, pero aún en lo profesional tenía mucho acero por fundir para librarse de estas cadenas de años trabajando en la educación.

Una realidad distinta a la que se mostraba en las redes sociales con Altair como figura principal de todo este sistema que el rector manejaba a su antojo; y los accionistas no eran ningunos novatos, por eso Amatista quiso realizar unas revisiones sin levantar mucho polvo, si no, Octavio se encargaría de camuflar cualquier mal manejo. Apareció Zafiro por su oficina también.

—Hola, Ágata, ¿te encuentras bien?

—Hola, sí, todo bien.

—Me parece que algo te preocupa, ¿cómo harás para llevar a Pabel afuera del país, sabiendo que ya salió de la cárcel?, lo acabo de ver en clase. Va a chocar con la imagen de la institución.

—Eso tendré que manejarlo, por favor, llevaré igual a Pabel, es el mejor representante de la institución, tiene más que ganado el premio.

—¿Y si se entera el señor Octavio?, ya sabes que habrá fotos y más personas viendo, ¿cómo se lo vas a ocultar?

—No sabría qué hacer; si se entera el señor Octavio, mi cabeza estaría en juego, me anda amenazando desde hace años con despedirme, cada cosa que me pide siempre me condiciona con presión, incluso ya me he ganado algunas sanciones por problemas que él mismo generó.

—¿Cómo aguantas a alguien tan miserable como él?

—De verdad que no me explico, yo... han pasado tantos años, tantas oportunidades de mejora que vi en las carreras, y su frase «me lo llevo», nunca comunicó nada, y a veces ni apuntaba, siempre ha sido tan pedante que ni me cae, cree que soy su esclava y le debo responder a cada momento; por eso preferí cambiar mi horario a la tarde-noche, donde le respondo desde el trabajo y no en casa.

Por estos días no supe de su existencia hasta hoy, que vino de visita la señora Amatista; su vida se ve tan ordenada, se ve tan decidida, ¡es admirable!

—Ni creas, sufrió bastante, sus hermanos fueron apoyados por su padre por ser hombres, ella no tuvo ningún apoyo, les servía la comida a sus hermanos, ella trabajó desde muy pequeña, se forjó sola en un mundo dictado por hombres, ella hizo sus propios estándares y armó su imperio; es soltera, no creo que algún hombre quiera seguirle el ritmo.

Ella solo usa vigilancia femenina y le da oportunidades a personal femenino en su conjunto de asistentes, es muy comprometida con su personal, según cuentan.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Me hice amiga de una de sus exasistentes cuando me fui a atenderme en el seguro social, ahora ella, gracias al apoyo de la señora Amatista, tiene su negocio de panaderías; ella valora mucho al personal humano, en cambio algunas de sus autoridades son unas ratas sin corazón, a excepción de ti, tú eres distinta, harías grandes cosas, por eso nunca te pondrán de rectora, porque limitarías a muchos alumnos en sus malos manejos y toneladas de pésimas decisiones.

—¿De veras eso crees?

—Sí, siempre colocan al más manipulable, jamás al más justo, porque va a generar problemas en los malos manejos de ellos, ¡entre ratas no se chocan las colas!

—Con razón todos ellos se cuidan y se blindan entre sí, ¿y mis cartas a la señora Amatista? Se enviaban porque solo el rector tenía comunicación con la señora Amatista, porque otros empleados no estaban autorizados para envío directo, porque las automáticas son rechazadas.

—Octavio nunca las va a elevar, porque pone en riesgo su pellejo, él pretende quedarse para siempre.

Si no, ¿por qué crees que no apoyó tus iniciativas de repotenciar la plataforma educativa y en lugar de ello mandó a diseñar una nueva plataforma, donde creó nuevos puestos de empleo para sus allegados?, con eso garantizaba que se quedara para siempre en la institución.

—Es un miserable, le hizo un gran gasto a la universidad y eso lo pudo invertir en nuevos laboratorios, pero vio la forma de quedarse en el poder.

—Es un gran gasto, pero con lo que ingresa a la institución no es nada, por eso le aceptó su propuesta de la nueva plataforma, típica estrategia de alguien que se quiere quedar en su puesto para siempre.

Te podrá amenazar, podrá decir de todo, pero nunca te va a despedir, es muy inteligente para echarte, sabe que, si te vas, nadie va a tener tu genio para implementarlo aquí.

Así que tranquila, nunca te va a sacar, eres importante para la institución, pero sobre todo para Octavio; estás a un nivel superior que él y que todos los otros directores, porque entiendes realmente el negocio de la educación y te gusta, por eso entiendes al cliente, mientras que los otros ven encuestas, indicadores sin sentido, y se olvidan de cómo funciona realmente la educación.

La malicia de Zafiro le servía para despertar a Ágata; era muy fabulosa, pero su instinto estaba encadenado a un sistema fabricado para depender un empleador, donde el jefe piensa que es un ser superior de otro planeta y que tiene un esclavo personal en vez de un trabajador que aporta un valor significativo a la institución.

Eso enciende su ego; el hambre de poder hace que nunca quieran que sus subordinados escalen.

Para evitar ello, preferían alzar la voz en vez de alzar sus sueldos y pagarles lo que realmente merecen ganar por los problemas que resuelven en la empresa a diario.