Capítulo 11 Cumpleaños de la viuda. #3
—¡Gracias, Esmeralda!, sabes que soy apurada y me gusta resolver todo rápido.
—Bueno, vamos.
Ambas irían a la casa de empeño para recuperar la joya; la dirección estaba en el recibo en la parte inferior, tomaron un taxi y hacia allá. Ya en la casa de empeño, que no era tan formal, el señor revisaría el ticket y diría:
—Esta joya no la puede recoger usted, así traiga el ticket; tiene que venir con la persona que lo empeñó y firmar el retiro, además de abonar los intereses por el tiempo que ha pasado desde el empeño.
—Bueno, la persona no ha podido venir, es mi esposo, aquí le muestro mi identificación.
—Aun así, su esposo debe enviar una declaración jurada donde indique que usted recogerá la joya.
—¿No hay otra forma de resolver?, si mi esposo no viene...
—No, señora, lo lamento mucho, que tenga buen día.
—Le doy el 2% del precio directo a usted y usted será su esposo —dijo Esmeralda—.
—Tengo familia y puedo perder mi empleo.
—3% y lo cerramos.
—Siempre puedo encontrar un nuevo empleo, además ese tipo que vino era muy intransigente, estaba muy desesperado, estaba en estado etílico, tenía cara de apostador, conozco mucho de ellos y lo llamaron para que pague. Firme aquí, por favor.
—Está bien.
—No sé cómo ese tipejo recibe apoyo de ustedes, pero bueno, así son los negocios, quien pide dinero, viene acá. Aquí tiene la joya, considere que usted vale más que esa joya, procure conservarla bien, es una joya muy cara y este barrio es peligroso.
—Tengo una amiga con la que hablaré para coordinar lo siguiente.
—Gracias, Esmeralda, voy a llamar a Maeva para ver qué me indica, porque esta joya es su herencia.
—Perfecto, me avisas y coordino.
—¿Aló, hija?
—Mami, ¿cómo te fue?
—Me fue genial, mi niña, hay algo que quiero hablar contigo, es sobre el collar, pensaba donarlo a algún museo, pero depende de ti, porque es tu herencia.
—Bueno, mami, legalmente es tuyo, además si te ha traído los dolores de generaciones que tanto han sufrido, no tiene sentido que sigamos cargando lo mismo; lo mejor que me has heredado es la vida y siempre me has protegido, más bien yo me encuentro en deuda contigo.
—Nada me debes, mi niña, todo lo hice con mucho amor para ti.
—Gracias, mami, la joya es tuya, tú decides, tú vales millones de veces más que esa joya, porque tú eres la joya.
—Perfecto, mi niña, nos vemos.
—Procedamos, Esmeralda, por favor.
—Has criado a una mujer extraordinaria, ella es la verdadera joya, así como tú; cualquier otra interesada hubiera querido quedarse con la joya y venderla, eso es lo más fácil: «una herencia», la vida es la mejor herencia.
—Eso justo me dijo, parece que fuera hija tuya, son muy parecidas.
—Jaja, la abundancia nos une.
Se fueron juntas al museo; allí las recibió la curadora del museo, una dama muy elegante, con cabello rizado color negro, las recibiría con una sonrisa amable:
—Tanto tiempo, Esmeralda.
—Es un gran placer verte, Nadia.
—Tienes que firmar unos papeles y la joya quedará en exhibición en el museo, cuando guste pueden verla, pero una joya tan fina debe ir en la zona de alta seguridad, ya que atraerá a millones de ladrones. ¿Por qué la quieren donar?
—En sí, es una joya cara, pero que torturó a mis antecesoras como el modelo de ama de casa; los hombres que se acercaron a ellas eran para robarles el collar, pero ellas hicieron hasta lo imposible por heredarlo a la siguiente mujer de la familia, algunas sacrificaron su vida y quisieron escapar de este modelo de vida, pero al escapar abandonaron a sus hijos.
Siempre que me lo ponía, cargaba ese peso del maltrato, de las viudas de marido vivo y los huérfanos de padre vivo.
—Ahora comprendo que la piedra carga mucho dolor, debemos curarla con ritos antes de exhibirla para romper este sufrimiento; usted, al donarla, ya rompe los eslabones principales de toda esta cadena de sufrimiento.
Por fin, comprendió que la verdadera piedra preciosa se esconde en su interior, ese valor no lo superan todas las piedras preciosas que existen.
—¿Cómo se siente?
—Más liviana y con más deseos de vivir.
—Eso es una donación real, ¡no se otorga algo desde el miedo como se lo heredaron a usted!, si damos desde el miedo, más miedo encerramos y el viaje se hace más pesado. Se hereda desde la abundancia para regar el río y atraer más abundancia al mundo.
—¿Cómo le quisiera llamar a esta joya?
—«La viuda de un marido vivo», para recordar a las personas que deben unirse más como familia y también para transmitir a otras damas que su real valor está alojado en su interior, como dijo usted.
—Excelente idea, así la exhibiremos. Ha sido un gran placer; en estos días, luego de los rituales, exhibiremos esta piedra.
—Gracias, el placer es nuestro —respondieron ambas.
Ágata entendió que su real valor radicaba en ella; «la viuda de un marido vivo» rompía las cadenas forjadas por el miedo y la desesperación, y ahora el aire que respiraba era distinto.
Su vida era más especial y tenía millones de razones para seguir; la sombra de ese fantasma se iba desvaneciendo, aunque todavía faltarían otros eslabones más por cortar.