Ágata: La viuda de un marido vivo. Capítulo 10 La duda en la playa y la trampa.
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Capítulo 10 La duda en la playa y la trampa.

Con todo el veneno fluyendo en las venas de Ágata y aprovechando la ingenuidad de Pabel, irían todos juntos para las conferencias en la playa; un transporte los esperaría en la universidad.

Se encontrarían Nikolai, Maeva y Pabel, quienes se saludaban con mucha amabilidad, al igual que Altair y Zafiro.

Ágata sería amable con todos, excepto con Pabel, a quien solo le movió una ceja, como mostrando un inmenso fastidio y repudio mezclado con el amor que le tiene.

Una confusión total a diferencia de la noche pasada, donde conversaron muy amablemente, esa noche donde la cocina recibió todo el fuego de su amor, fue ella quien lo frenó, recordando aún el encuentro que tuvo el muchacho con Zafiro.

Llegaron a la playa, con unas aguas azules tan hermosas como los ojos de Ágata, con arena blanca como su piel y algunas arenitas oscuras como sus pecas, acompañadas del sol radiante como el fuego entre ellos, pero que intentaba envenenar las mentiras de ese par.

Pasaron en conjunto a registrarse en el hotel; los recibió una dama muy elegante:

—Profesor Altair, qué placer, es un honor contar con usted y su equipo, siempre nutriendo su trabajo por años en el campo de motivación y liderazgo, por conferencias al personal y algunos huéspedes desde la tarde a la noche.

Mientras tanto, disfruten de la estancia en el hotel, nuestra playa y piscinas; estamos para servirles en todo lo que requieran, soy Maya y estoy para ustedes.

—Encantado de conocerla, Maya, muchas gracias por su predisposición, ¿en todo esto lo que queramos?

Los demás quedaron sorprendidos por las instalaciones. Zafiro, con ganas de comerse a Pabel, veía todos los escenarios para seducirlo; Ágata pensaba y se confundía más.

—Sí, profesor, le dejo mi número y mi habitación está aquí al lado de la recepción.

—Por supuesto que la contactaré.

—Lo espero, profesor.

Ágata no sentiría la humillación. Se acercaría otro empleado, joven y muy elegante, que no le despegaba la vista a Maeva:

—Bienvenidos, estamos complacidos con su presencia —besó la mano de Maeva y saludó a los demás—.

Nikolai tenía que avivarse en reconquistarla a pesar de haber vuelto, o si no este muchacho no le daría tregua.

—Gracias —dijo Maeva, peinando su cabello.

—Estas son sus llaves, les entrego a cada uno —y frotó las manos de Maeva—. Tienen también nuestro bufet a su disposición las 24 horas, nuestro casino y más distracciones; es temprano, gocen lo que quieran, estamos aquí para ustedes.

—Eso me gusta, dejaré mis cosas y al casino.

Ágata se iría a su cuarto a descansar, Nikolai y Maeva a la piscina, y Pabel se iría a la playa a pensar y escribir.

Por esos lares, Zafiro iría con un bikini sumamente pequeño que resalta su silueta de manera sensacional.

Pabel miraba lo bello de toda la playa e imaginaba a su amada distante, posiblemente una estrategia para no levantar sospechas, sabiendo que Altair y Zafiro estaban cerca; el aire era distinto, pocas personas aún y la mayoría estaba desayunando.

Teniendo cerca a estos dos centinelas, era mejor estrategia estar distantes.

En un instante, el sol fue opacado por la belleza de Zafiro, que se sentó al costado del muchacho:

—Hola, mi amor, ¿me echas bloqueador?

—Por favor, profesora, no me llame así; está bien, le aplico el bloqueador.

—Ese sonido me gusta, como cuando te viniste dentro mío; me gustó la presión y toda la cantidad que botaste.

Si gustas puedes untármelo en la piel y debe saber delicioso.

Ahora aplícame el bloqueador aquí —se volteó para frotar sus pechos—.

Agárrate, mi amor, si ya he sido tuya, hay mucha confianza entre nosotros, lo veo entre tus piernas que tú también quieres, pásame el bloqueador bien.

Zafiro se recostaría en la playa, mientras Pabel se iría a nadar para disfrazar la erección que tenía; para buena suerte, el agua estaba helada y le ayudó mucho.

—Pabel, ven, enséñame a nadar —se había sumergido Zafiro en una parte algo honda pero muy tranquila del agua—.

—Bueno, para ayudarte, está bien. A ver, ven, te tomaré del vientre e irás pataleando.

—¿Así está bien?, de verdad que nunca me enseñaron a nadar

—Zafiro pataleaba y se sentía segura—.

—Sí, aprendes rápido, ahora intenta mover los brazos.

—Sabes lo que haces.

Zafiro se acercaría más, subiría las manos de Pabel a las areolas de sus pechos, tomaría su miembro y lo metería en su vagina; con sus piernas lo apretaría y lo montaría, poniendo su bikini de costado y con el short de Pabel abajo.

—Por favor, Zafiro, aléjate, apártate —pero ella lo empujaba más—.

—Quédate un rato más, no estoy en mis días fértiles, puedes montarme las veces que quieras; piel con piel es más delicioso.

Pabel sintió lo húmedo de su vagina por unos instantes, pero reaccionaría y la apartaría.

Todo esto era nuevo para él, pero anhelaba a Ágata para dejarse llevar por esta nueva sensación.

Zafiro miraba cómo se alejaba Pabel y disfrutaba mientras lo seducía; sabía que al ser un joven inexperto y ofrecerse así, sería cuestión de tiempo que lo tuviera en su cama por mucho tiempo.

Lo engañó al muchacho porque sí sabía nadar y se quedó un rato disfrutando en el agua su victoria.

En la piscina, Nikolai y Maeva jugaban, rodando juntos, se echaban agua, disfrutaban el momento; al parecer ya estaba perdonado el joven.

Lo tomó entre sus brazos, ella dio apertura, instalándose en ellos, acarició su rostro y un beso de premio sellaría su reconciliación.

Seguirían jugando más y besándose, en tanto que los otros compañeros hacían sus cosas.

—Ya no vayas a esas fiestas, ¿estás bien?

Descuida, de ahora en adelante estaré solo contigo.

Mientras tanto, en su cuarto, Ágata recibiría una visita inesperada: tocaron a su puerta. Ella pensaba que era su amado y quería correr y abrazarlo para aclarar todas sus dudas, pero al abrir:

—No nos presentaron, soy Ardet, te traje unos dulces que sé que te gustarán.

—Muchas gracias, pero no tengo hambre, deseo estar sola en mi habitación y descansar hasta la presentación.

Ella intentó cerrar la puerta, pero él puso la mano en ella, causando un sobresalto e indignación en Ágata.

—Vamos, ambos sabemos que a tu edad estás dispuesta a todo, se ve que tu esposo no te complace; yo te puedo dar todo lo que buscas —se acercó más y la besó—.

—¡¿Qué te pasa?!, ¡lárgate de mi habitación!

Su mano seguía en la puerta.

—Así me gustas más, difícil, nadie se me resiste, estás perfecta para mí —se acercó a acariciarla, pero ella lo apartó y cerró la puerta—.

—¡No te me vuelvas a acercar!

—Tu esposo no te complacerá como yo.

Ágata se iría a la playa para despejarse, con un traje de baño muy elegante; su belleza era notoria, no requería mostrar tanto para verse preciosa, pensaría para sí: «¿Todos los jóvenes solo buscan sexo?, ¿tan necesitada me ven?, ¿me habré envejecido tanto?».

Zafiro tenía razón, solo buscan sexo en nosotras, las más maduras, pero Pabel se ve distinto, nunca me presiona, hasta lo he tenido desnudo y solo me abrazó; aun así, ¿por qué robó mi collar, así como insinúa Altair?

Debería llamar a la policía para que investigue las pistas que vieron, más el dibujo que vi, podría ser el plan perfecto.

Me siento tan confundida, necesito a Esmeralda, pero no sé si estará bien que denuncie a su hijo.

Tal vez como ella nunca le contó de sus inversiones por eso necesitaba el dinero... Ay, ya no sé.

En ese momento:

—Hola, gata, ¿te encuentras bien?

—Hola, Pabel, no tanto.

—¿Quieres contarme?

—Esta vez no, ya falta poco para las conferencias, adiós.

Pabel se quedaría en la playa sumergiéndose en sus pensamientos.

Son demasiados los rechazos de Ágata; ¿y si mejor me quedo con Zafiro y me voy con ella?

Total, ella no es casada, no hay problemas y me desea.

Pero como dicen, con «madre» habría un «ma», la distancia entre las cosas, ese vacío que da poner a lo que está lleno; en los procesos y en el amor este tipo de relación no fluirá, porque ella solo quiere sexo.

Sigamos con Ágata, pero como dicen Maeva y los libros del señor Vitaly, el misterio es atractivo; probablemente Zafiro le estaría confundiendo también.

Aparecería Altair para reunirlos; le dijo a Pabel que busque a los dos muchachos.

—Está bien, profesor Altair.

Dentro de su búsqueda, vería de lejos a Ágata yéndose a cambiar, pero se daría cuenta de ese asistente de la dama que los recibió; algo le decía y la incomodaba, pero ella se fue molesta a su habitación.

Por ahí, en la piscina, vio a Maeva con Nikolai.

Pabel le hizo una seña a Maeva; ella reaccionaría guiñándole el ojo para que se separen, porque Altair no quería que ella estuviera con alguien.

Pasarían a cambiarse cada uno a su habitación; solo Altair y Ágata se encontrarían.

Ya todo listo, convocaría Altair, generando una atención total del público; saldría una presentación genial, los muchachos también se lucirían, y Ágata y Zafiro saldrían mencionadas como autoridades de la institución.

Altair diría: «Nuestro liderazgo tiene que trascender a todas las áreas de nuestra vida, desde involucrarnos con nuestra familia y amigos, pues el liderazgo nace de cada uno.

Como cabeza de familia apoyo a mi esposa, estoy muy orgulloso de mi hija y estoy muy feliz de ser profesor».

Harían unas dinámicas donde participarían todos los integrantes, formarían grupos de cuatro integrantes donde cada grupo tenía que pasar un plumón entre las piernas de sus componentes.

Se armaron los equipos con Ágata, Zafiro, Nikolai y Pabel, porque Maeva se fue para reforzar un equipo al igual que Altair; al terminar de pasar por cada uno tenían que decir: «¡Terminado!».

Muchos equipos terminaban. Ágata estaba al costado de Pabel, pero seguía muy pensativa; en eso, al pasar el plumón, le rozó los dedos con sus uñas sin querer.

—¡Au! —dijo Pabel.

Ágata reaccionó.