Capítulo 9 Dragona de hielo. #3
Ya en la oficina, Ágata estaba totalmente relajada; le gustaba también observar cómo su amado gozaba y era castigado con su aliento gélido de dragona.
Ahora ella gozaba con el aliento de su Pasha, siendo su gatita por siempre.
En eso llegó Zafiro; aún no sabía del romance, pero la misión era sembrar dudas para inculpar a Pabel.
Algo intuía ella por sus reacciones cuando hablaba de él y la vez que tuvieron intimidad; nada comprobado, pero si había algo, tenía que ponerlo en su contra.
—Te veo feliz, preciosa Ágata.
—De veras que sí, ¿cómo te encuentras?
—Con algo de dudas.
—¿Cómo así?
—Este niño Pabel... se me hace algo raro que haya aceptado ir tan fácil y hacerme suya, tal vez algo planea acercándose a mí, algo quiere. Siendo un becado, ¿cómo se fijaría en una mujer mayor?, solo por sexo, mientras le dure, y luego me rechazaría por estar toda arrugada y con los senos caídos.
—¿Tanta frialdad crees que hay en él?
—Posiblemente; por cierto, ¿qué pasó con el collar que perdiste?, es muy caro, ¿verdad?
—Sí, ya no lo busqué por orden de Altair, pues él me indicó que lo estaba buscando hace unos días y, al venir con tantos eventos aquí en el trabajo, ya no tuve tiempo de investigar más; por algo se me perdió, posiblemente para romper las barreras de mi pasado.
Desde ese suceso, me siento más libre, como que ya no tengo que ser tan complaciente con todos, las cadenas ya se rompieron de ser la «mujer perfecta».
—¿Pabel sabe que somos amigas?
—Creo que sí.
—¿Y cuándo fue la última vez que viste tu collar?
—Bueno, fue cuando Altair llegó algo borracho, pero luego de unos días el único que vino fue Pabel a dejar a Altair, que llegó nuevamente borracho; después se retiró. Todo eso estaba en mi mesa de noche en mi estuche —Ágata no podía dejar de comentar lo otro que pasó con Pabel—.
—Si Altair estaba borracho y Pabel vino, ¿no crees que Pabel tomó, se robó tu collar y luego se hizo el amable conmigo para tapar sus huellas?
—No creo que sea tan calculador; debió ser otra persona que posiblemente entrara en la casa o no sé.
Ágata trajo a su mente los dibujos de Pabel, incluso el del collar azul en el cuarto de la azotea.
—Que un joven sea tan amable de la noche a la mañana con una mujer mayor, ¿no te parece raro?, incluso en el almuerzo que tuvimos en la casa, él te defendía en todo momento como si algo escondiera; si en caso algo tuvieran, de vieja te dejaría tirada en la silla de ruedas.
—Son tus ideas, Zafiro, seguiré trabajando, hasta luego.
—Ok, nos vemos, preciosa.
Zafiro sonreía porque la veía confundida sobre si se estaba enamorando o si ya tenían algo; se estaba despedazando de a pocos y así Pabel sería solo para ella, y de paso resolvía lo del robo de Altair.
Ágata pensaría: «Me siento tan confundida, ¿por qué se me acercó?
, ¿por qué el dibujo?, ¿por qué con una mujer mayor?
Yo envejeceré primero y él me llevará en silla de ruedas y me dejará tirado, como decía Zafiro».
Cuando él sea más grande y quiera tener hijos, yo ya no podré, y si tenemos, ya no tendré las fuerzas para seguir.
Ese día ella se iría temprano a casa; Pabel la buscaría en su oficina, pero no estaba. La viuda llegaría a casa y, para mala suerte, lo encontraría a Altair.
—Por favor, no tengo ánimos de discutir.
—De acuerdo, Ágata; estuve investigando del collar y averigüe con el personal de limpieza que han visto muy raro a Pabel, ¿no te parecía que algo escondía en su casillero?, ¿Pabel?, ¿crees que él se robó mi collar?
—Estos niños que son becados siempre buscan la forma de escalar rápido a toda costa, no les importa a quién dañen, solo su interés. Posiblemente hasta te llegó a enamorar, pero ya sabes que fue para sacarte información del collar o ver la forma de robarlo.
Altair nunca comprobó nada y ella tampoco le contestaría, así se encontrará vulnerable.
—Entonces por eso actuó tan amable en la ceremonia, en la premiación y en el almuerzo.
—Tú misma te das cuenta, sería bueno que lo denuncies; como dice el personal de limpieza, algo debe esconder en sus cosas. Sería bueno que tú lo denuncies, porque es tu collar.
—Tienes razón, Altair.
Otra dosis de doble veneno concentrado, lo necesario para nublar la mente de Ágata. Altair le dejaría a Zafiro el estuche del collar para que lo plantara en su casillero. En la oficina, Pabel terminaba de limpiar; por ahí estaba Zafiro.
—Hola, mi amor, al fin solos —se acercó acariciando su pecho y su miembro, pero Pabel se apartó—.
—Por favor, profesora Zafiro, yo amo a otra mujer, voy a terminar mis labores, ¿en algo la ayudo?
—Solamente quiero entrar a los vestidores porque allí el baño es más amplio, en los baños de aquí me siento muy prisionera, pero veo que a estas horas están cerrados.
—Sí, allí donde están mis productos de limpieza está mi manojo de llaves, use la llave verde porque la morada es de mi casillero, esa es de los vestidores de damas, las demás están codificadas por nombres.
—Muchas gracias, ahora vengo; cuando quieras búscame, te espero, mi vida.
Zafiro se fue al casillero de Pabel identificado por la llave morada que le indicó el joven, y dejó el estuche del collar en la parte alta, donde no había nada. Con todas las pistas plantadas, volvería a la oficina a devolverle la llave a Pabel.
—Ya está, mi amor, ya estoy cansada, me haría bien un masaje en los pies y luego en todo el cuerpo; en mi casa no hay nadie, ven, te deseo tanto, desde ese día me estoy guardando para ti, ya ni me acaricio para sentirte dentro mío —se acercaba más a él, pero él temía que llegara Ágata u otra persona—.
—Profesora, muchas gracias, por favor, no me diga eso, nos vemos.
—Si quieres te llamo como quieras o te digo lo que quieras, si tu mujer se hace de rogar, ponme el nombre que más te guste o el nombre de alguna fiera salvaje.
Pero a pesar de no tener ninguna experiencia, Pabel solo amaba a Ágata, su gata que le robaba el sueño y mucho más, quien le hacía desvanecer a cualquier persona, con quien cada conversación, así termine en un «no», vendría el premio tan anhelado de la aceptación al final.
Ambos amantes vivían por su naturaleza servicial y confiada, ella por quien la dominó todo el tiempo y Balduino, el nuevo rey engañado por una reina experimentada, usando sus artimañas sexuales para capturarlo y manipularlo a su antojo.