Ágata: La viuda de un marido vivo. Capítulo 8 La fortaleza de cristal. #3
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Capítulo 8 La fortaleza de cristal. #3

Tocaban el timbre nuevamente; Pabel se asomaba y veía a Zafiro con una ropa muy bien apretada, unos jeans rasgados que mostraban parte de sus piernas, una camisa sin mangas con un escote sumamente pronunciado, su cabello hacia atrás, nada recogido, con zapatos de tacón de aguja color negro muy bien estilizados y su cartera negra que combinaba perfecto.

Una joyería de reina egipcia, unos aretes largos color dorado, un collar que descansaba perfecto en sus pechos, anillos y algunas pulseras en manos y pies.

Sus uñas de la mano y los pies pintadas con un lila muy llamativo; esa figura captó Pabel, ella lo miraba y un beso de fuego le enviaba, como si se lo quisiera comer nuevamente.

En eso salía Maeva cambiada, pero sin peinarse.

—Mamá, ya puedes entrar.

—Perfecto, ya tengo todo listo. Pabel, por favor, abre la puerta, acá te dejo unos piqueos, me voy a duchar.

—Está bien —el rostro del muchacho quería imaginar esa escena, pero sabía que él iba a abrir la puerta y algo intentaría Zafiro.

Se acercó el muchacho hacia la puerta; allí Zafiro esperaba como las damiselas esperan a sus parejas luego de tantos días ausentes por la pesca.

—Te gusta hacerme esperar, ¿no?, pero ahora que te veo calmas mi ansiedad. Estás apetitoso, niño; si gustas, las puertas de mi casa están totalmente abiertas para ti, luego de esta tonta reunión podemos pasar toda la noche juntos, si quieres nos vamos desde ahora.

—Hola, Zafiro, tengo que decirte que yo amo a otra mujer y que la respeto, por favor, no insistas —sin abrir la puerta.

—Yo nunca quise ser tu novia, yo sólo quiero ser tuya, todas las veces que quieras; sólo quiero tenerte dentro de mí, como aquella noche, lo disfruté mucho y quiero más.

—Esa noche me drogaste, jamás hubiera aceptado nada contigo, estoy bien enamorado de ella.

—¿Qué te hará esa mujer?, pero aun así seguirás siendo mío; todo lo que probé de ti estuvo delicioso, ninguno me hizo venirme, siempre he sido usada; si te haces el difícil, eso hace que te desee más, vámonos que no aguanto más.

—La amo, te abriré, pero ingresa sin problemas.

—Ábreme todo, mi amor, y hazme tuya.

Zafiro se acercó acariciando su miembro, estaba muy decidida a todo; Pabel se resistía alejándola, pero ella se abalanzaba a él una y otra vez, por obra y gracia del destino Maeva salvaría la tanda.

—Profesora Zafiro, buenas tardes, qué gusto verla, se ve muy linda, pase, está en su casa.

—Hola, Maeva, gracias —dijo eso, apartándose del muchacho.

—Por aquí, tome asiento —Maeva se sentaría al costado de ella para vigilarla en todo momento.

Por ahí llegaba Altair con Nikolai, con algunas bebidas y otros piqueos más.

Maeva lo miraba; a pesar de todo, aún amaba al joven, sabía todo lo que hacía, el libertinaje que cargaba, pero la tenía hipnotizada; él también la quería, a pesar de ya no tener barreras por las mentiras de Zafiro o por la verdad de Maeva, su vida se estaba torciendo demasiado por seguir los pasos de su padre.

Se saludarían con algo de timidez, en contraste con Zafiro, que quería poseer a Pabel.

Una caminata anunciando los pasos rítmicos de Ágata, divina entre cualquier diosa, hermosa solo con verla; no necesitaba mostrar su cuerpo para ser amada, su belleza innata, ningún material extraño en su cuerpo, solo el peso de las barreras sociales detenía su andar.

Sólo tenía que desnudar sus pensamientos y el tiempo se encargaría del resto, pero cada vez esa mochila se hacía más ligera, sin tanto maquillaje como Zafiro, unas sombras ligeras y un labial, ¿para qué más adorno? , si su belleza era real.

—Buenas tardes con todos, pasen al comedor —Ágata saludaría a todos, saludaría a Pabel con ganas de disfrutar más su belleza, pero tenía mucho asedio por todos los frentes; aunque su aliada Maeva se distrajo un poco, algo tenía que ayudar, no era una batalla fácil, pero si quería a la dama, tenía que luchar.

Ágata se llevó a Maeva a la cocina para servir la comida.

—¿Cómo me veo?

—Estás hermosa, mamá, no te quita la mirada de encima; él también ha venido muy guapo para ti.

En cambio, la otra, por poco y viene calata, es una vulgar —ambas se miraron con ojos pícaros y se dispusieron a servir; llevaron todos los potajes que habían preparado.

—Pueden servirse —dijo Ágata.

—Si en caso les cayera mal la comida, tenemos una farmacia cerca, mi esposa suele ser exagerada con las especias —se rió Nikolai y Zafiro, en tanto que Ágata agachaba la mirada y se acomodaba el cabello.

—¿Esperas a alguien más, cariño? —dijo Altair—. Estás mirando el plato, pero no comes, ¿lo estás recordando?

—¿Qué cosas dices, Altair, por favor?, comamos en paz —dijo con la mirada baja.

—La comida está muy rica, ¿qué especias usó? —dijo Pabel.

Ágata levantó la mirada sonriente.

—Bueno, Pabel, ajo, pasta de tomate, pimienta y sal.

—Lo delicioso sólo requiere lo necesario, está muy rico, felicidades, Ágata.

—Muchas gracias, qué buena frase.

—Apareció el salvador, el abogado, se ve mucha familiaridad contigo, ¿pasa algo, Ágata?

—No pasa nada, comamos tranquilos, este almuerzo es para sacar esa conferencia y llevar la fiesta en paz, no es para interrogatorios.

—Supuestamente no se conocen, pero qué bien conversan, cariño.

—Solo estoy siendo amable, es lo único bueno que he escuchado en esta casa fuera de tus quejas y tus reclamos de siempre. Porque alguien valore mi esfuerzo no significa que tenga algo.

—Parece que hubiera algo, porque sólo así pasaría este pollo tan seco; lo bueno es que traje vino para pasar esta comida, ¿qué me dices tú, Pabel?

—La comida está rica, profesor Altair.

—No me refiero a eso, sé que mientes, porque está incomible, ¿por qué tanta familiaridad con mi mujer?

—Ay, papá, comamos que se enfría la comida; sí está rica, y mi mamá cocina rico.

Parece que Pabel conoce a mi mamá por todo lo que le cuento de ella y la comida que algunas veces llevo para almorzar en la universidad; de esos manjares siempre le di a probar, por eso es por lo que hay esa confianza que dices.

—Mira, niña, contigo no estoy hablando —contestó Altair—. ¿No está hermosa mi mujer?

—Ehh... bueno, cómo hablar de eso, si ella es la mamá de Maeva y es su esposa, ¿por qué me fijaría en ella?

, ¿solamente por su belleza? —Ágata sabía que el muchacho era un gran estratega como Balduino IV; con todo en contra, se movía y en su casa estaba alabando su exquisita comida y resaltó su belleza.

—Claro, ¿cómo se fijaría en un niño?, aparte ella está a otro nivel, muy por encima tuyo; tú limpias lo que ella dirige. ¿Qué crees tú, muchacho?

—Yo creo que, como usted enseñó, todos somos valiosos e irremplazables, cada uno aporta lo más que puede y pues debe ser feliz disfrutando el puesto que tenga, no se necesitan grandes cargos para recién encontrar la paz en el viaje de la vida.

—Lo bueno es que conoces la teoría, eso vamos a vender en la conferencia, acá tengo las presentaciones.

Así háblales, porque te van a preguntar, aunque yo daré la charla principal; igual me pidieron a los tres mejores alumnos, justo son ustedes.

Pero en la realidad esto sirve para no confundir nuestro papel y seguir sirviendo a otros, tú en tus pisos y yo en las oficinas. ¿Algo más pretendes, muchacho?

—No, profesor, como dijo la señora Ágata, solo fue amabilidad también.

—Ahora es la «señora Ágata», cuando al inicio era «Ágata». ¿Qué está pasando realmente, Ágata

—No pasa, ni pasará, ni pasó nada entre nosotros, solo es amabilidad, no confundas las cosas.

—Tranquilo, Altair, es tu alumno, nada más dijo; los jóvenes ahora llaman a los adultos por su nombre, no es ninguna novedad. ¡No seas anticuado! —dijo Zafiro.

—Tomemos algo de vino para ir digiriendo este pollo —comentó Altair. Ágata estaba incómoda; por un lado, la desatención y los maltratos de Altair, pero a la vez sentía la protección intensa de Pabel, lo deseaba, cada bocado evocaba las caricias feroces en su interior.

Cuando su lengua la hacía suya, o el momento en que estaba por venirse aquella vez, pero los barrotes que le enseñaron aún hacían prohibido su amor, eso provocaba más deseo en ella.

En todo momento estuvo aislada de Pabel; solo en ese momento de palabras pudieron intercambiar algunas.

Conversaron unas horas más y acordaron cómo serían las conferencias en la playa; por su lado, Zafiro también lo quería a Pabel como juguete sexual, necesitaba tenerlo dentro, aunque Altair algo hacía con ella, nunca la dejaba desahogar toda esa lava sexual encendida que el joven sí pudo liberar.

Nikolai discretamente iría a la cocina cuando Maeva llevó los platos y se dispuso a ayudarla, y le dijo en la cocina mientras en la mesa seguían los cuatro amantes:

—Sé que me equivoqué contigo, aún te quiero.

—Dudo mucho que quieras a alguien; ni a ti mismo te quieres con ese tipo de orgías sexuales donde participas, no me gustaría contagiarme de alguna enfermedad.

—Seré sincero contigo, sí tengo algunos problemas con drogas y también con muchas mujeres, pero ya me siento vacío; antes no pude conversar porque cuando terminamos...

—¿Qué pasó?

—Terminé contigo porque creí que Altair era mi papá, había muchas pistas; si me acerco ahora es porque mi madre me juró y me aseguró que no era mi padre, de mi madre no te puedo hablar, por eso te dejé.

—¿Qué encontraste?

—Hay algunas cosas que no te puedo decir, pero mi amor por el fútbol, mis conductas agresivas, mis deseos locos de querer avanzar sin importar a quién pise...

Ante el mundo Altair es un ejemplo para seguir, sin embargo, la realidad que percibimos los tres mejores estudiantes de la universidad es otra: en la casa nomás, cómo trata a tu mamá, cómo ridiculiza a Pabel a pesar de tener tanto talento —se esfuerza demasiado, pregona, pero lo que vende no consume—.

—No dudo que haya mucho parecido, pero eso no es prueba suficiente para saberlo; es cierto que tengas muchas reacciones parecidas, pero no creo que sea tu padre, solo una prueba de ADN lo resolverá, pero mi papá no va a querer.