Ágata: La viuda de un marido vivo. Capítulo 3 Las letras prohibidas y el espejo. #2
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Capítulo 3 Las letras prohibidas y el espejo. #2

—No mucho, aquí el ambiente se siente muy fresco, se siente bien, profesora Zafiro.

Las palabras del joven flaqueaban porque tenía a una monumental mujer a su lado, sumado a todo el camino de escote que se revelaba con cada nueva respiración, una anatomía de ensueño sólo para él.

—No me digas así, que no soy tu mamá, podría ser hasta tu mujer. Por cierto, ese perfume que traes es delicioso, llámame «Zafiro». Lo que quiero saber: ¿quién te inspiró el poema? ¿Quién es tu piedra preciosa? ¿Alguna enamorada tal vez? —se acercaba más a él en la mesa de trabajo que compartían.

A lo lejos, Ágata no sabía cómo entrar ni qué pretexto usaría para ver al joven; a su mente vinieron las coordinaciones que le dijo Altair para la playa.

—No tengo enamorada, Zafiro, es una descripción general de una mujer ideal y usé la piedra preciosa porque con cada talladura aumenta su valor.

—Ay, muchacho, ¡cómo un hombre tan guapo no tiene enamorada, no te creo! Confía en mí, soy muy reservada.

Se acercó más la piedra preciosa, mostrando su brillo hacia el joven, y le deslizó una de sus manos en la pierna; su mano traviesa quería algo más y sus uñas caminaron hasta su entrepierna, cuando de pronto...

—Zafiro, tenemos que coordinar unas conferencias de Altair... ¿Qué pasa entre ustedes? Este es un ambiente de trabajo —dijo Ágata, dirigiendo su vista hacia la mano de Zafiro y lo que seguía haciendo.

Eso le servía para comprobar que la poesía realmente era para esta piedra preciosa; ya no tenía que resolver ninguna duda más. Pabel se paró y dijo:

—No es lo que crees, Ágata.

Zafiro permanecía sonriendo.

—Después hablo contigo, Zafiro. Yo nada tengo que creer, Pabel. Buenas tardes.

—Está bien, Ágata —contestó Zafiro.

En tanto, Ágata se fue de la oficina con pasos muy marcados, apretando los puños y con la respiración fuera de ritmo; ni se molestó en cerrar la puerta.

—Al fin solos, niño, ¿continuamos?

—Lo siento, profesora Zafiro, mejor avanzo en casa y luego le entrego en las clases cada avance.

—Está bien, pero podemos hablar de otros temas más.

Se acercó para despedirse, volteándole la cara, y lo besó en señal de su deseo.

La puerta aún seguía abierta; como estaban solos, aprovechó nuevamente en tocarlo en el rumbo que ya conocía.

Pabel se alejó muy encendido; a lo lejos veía a Ágata con su cara abrumada de miles de pensamientos, comprobando que algo real pasaba entre ellos.

Zafiro se fue hacia la oficina de su jefa con una caminata victoriosa:

—Te dije que sería mío este niño, está bien bendecido y muy guapo, me encanta todo de él, sé que me hará pasar una noche deliciosa.

—Por favor, ¡es un niño! En la oficina no hagan ese tipo de tocamientos, está prohibido, muy aparte de que eres una trabajadora de la institución y una mujer mayor.

—No me resistí, lo vi tan bien llenando ese pantalón, por eso lo toqué y me abrí el escote para seducirlo. Bueno, igual lo invitaré a comer y a hacerlo mío. ¿Cómo es eso del evento de Altair?

—Me estaba diciendo Altair que hará una conferencia en un hotel de lujo en la playa y que también va a llevar a los mejores estudiantes (Maeva, Nikolai y Pabel). Por favor, haz todas las coordinaciones, que te ayude Pilar también en los días que venga.

—No entiendo cómo tienes una secretaria así, creo que al mes viene tres o cuatro veces. Me guardaré para la playa y en ese hotel le mostraré lo que es una mujer de verdad, o en la misma marea lo invitaré y lo sentiré en mí.

—Esa niña tiene que terminar de estudiar; he pasado por lo mismo y me explotaban, me quedaba el tiempo exacto para completar mis trabajos, a veces ni comía por hacer de todo.

Me gustaría que ella tenga una carrera profesional distinta; más bien, cuando viene, como están sus ideas frescas, me resuelve lo que le pido, justo por estar estudiando sistemas.

Por favor, todo lo que tengas planeado no me cuentes, ese muchacho es un niño, termina las coordinaciones y alista todo.

Zafiro se marchó, pero Ágata se quedaría pensando:

«Mejor sería dejarle el paso libre a ella y que viva este romance con Pabel.

¿Pero por qué siempre tengo que sacrificar mi felicidad y poner a otros primero?

¿Por qué siempre busco complacer a los demás?

¿Mis deseos son insignificantes? ¿Soy como el ágata, una piedra semipreciosa?

Algo en mí está mal. ¿Por qué tengo que ceder? Quiero entregarme a este placer».

A su mente llegaban las escenas del espejo, se colaba además la salida a correr mientras él la contemplaba como su musa inspiradora, el beso con deseo en el carro estando los dos solos, la mirada mientras limpiaba su oficina, el rostro de cazador al verla en su santuario, el roce de las manos con la copa y cómo la veía a la directora, todo le hacía perder la cordura con sólo recordarlo y sentirlo en su piel.

Por otro lado, se encontraban Nikolai y Maeva conversando sobre las clases de literatura; ella aún no sabía que Zafiro era la madre de Nikolai, y allí conversarían:

—Se viene el concurso para ir a la universidad extranjera, voy a dar todo porque me gustaría ir —comentó Nikolai.

—Déjame ser sincera contigo, Pabel ganará porque la profesora Zafiro ya lo eligió; además, se está reuniendo con él para armar la poesía que presentarán en la otra universidad. Aun así, aquí se hará un concurso, dudo mucho que le ganes.

—¡Maldita sea! Ese miserable sólo está en esta universidad como arrimado, no lo deberían dejar participar; sólo los que pagamos nuestra pensión dignamente debemos estar en ese concurso.

—Bueno, cálmate, a veces me suenas a mi padre cuando se queja por todo y por todos.

—Eso es bueno, me gustaría tener un padre como él. Mi mamá me crio sola, fue muy duro para ella y para mí, además de que hizo diversos sacrificios; aun así, me sacó adelante.

—¿Algún día me contarás más de ella? Ni su nombre sé, somos novios, pero eres un completo desconocido para mí —. «Algunas veces eso me atrae en ti», pensó la muchacha.

—¡Ya te dije que de eso no hablemos! ¡Deja a mi mamá en paz!

—No me tienes que tratar así, sólo quiero conocerte más porque me importas.

—Mantengamos todo, así como estamos, en secreto. Además, tu papá es súper celoso, como me cuentas, y tampoco quiere que tengas novio.

—Sí, mi papá es súper celoso, jamás quisiera que esté con alguien, no entiendo para nada sus motivos, pero por ahora estamos bien así entonces.

A mi mamá la celaba demasiado, pero ahora veo que discute más con ella por todo; mucho menos le gusta que tenga amigas, sólo sé que tiene su amiga, esa tal Zafiro, y otra amiga más que desapareció hace mucho tiempo, se la tragó la tierra.

Ellas salen en una foto que tenemos en casa.

—Espera, me llama tu papá... «Sí, está bien, profesor Altair, nos vemos».

Me comenta tu papá que tiene trabajo para ambos, también para Pabel, ese miserable; nos van a pagar por unas charlas de motivación y liderazgo en la playa, en un hotel de lujo.

Ya me tengo que ir, me voy a jugar pelota con él, nos vemos.

—Me llama la atención que hayas congeniado muy bien con mi papá, eres muy talentoso, sólo que eres muy misterioso, al igual que Pabel, de quien no sé nada de su mamá.

Es como buscar en una mina y luego sacar piedras preciosas —.

Ella le dio un beso a Nikolai, pero el muchacho estaba acelerado para ir a jugar.

Nikolai se encontró con Altair, pero no para jugar pelota. A veces sí jugaban, pero también ambos eran adictos a las apuestas deportivas, esperando el golpe que los haría millonarios; también jugaban póker y cualquier otro vicio que la casa de apuestas les ofrecía:

—Estos equipos sé que ganarán.

—Profesor Altair, ¿y si ponemos a los míos también y luego dividimos las ganancias?

—Está perfecto, bien jugado, mi muchacho.

Mientras veían los partidos, aprovechaban para tomar unos tragos y venían algunas bailarinas para acompañarlos, una para cada uno con la camiseta del equipo que eligieron.

Esto era debido a que apostaban fuertes sumas de dinero; el privilegio no era gratuito, e incluso si ganaban sus equipos se podían acostar con ellas.

Estas camisetas, para engatusarlos más, mostraban la mitad del pecho de estas damas, y también parte del uniforme era un hilo dental para tenerlas más provocativas aún, logrando que apostaran más, porque ellas los incitaban a que metieran más dinero para que luego metieran su existencia en su interior.

Pasaban los minutos y los equipos ganaron el 18% de todo el capital apostado. Entre tragos y placer celebrarían ambos amigos:

—Usted y su hijo son tan idénticos en todo, ¿en la cama también serán así? —comentó una de las chicas que los acompañaban con voz traviesa, permaneciendo sentada en sus piernas mientras acariciaba su pecho de arriba hacia abajo.

—Bueno, mi amor, él no es mi hijo, pero sí me gustaría que fuera.

—Son tan parecidos, los mismos gestos y palabras durante el partido, pero aún siguen los «tiempos extras».

Cada uno se iría con cada una de las mujeres —que tenían muy bien mecidas entre sus piernas— a las habitaciones privadas en estos cuartos de apuestas a jugar sus «tiempos extras» como parte de las ganancias.

Estas damas, con mucha maestría casi circense, sólo movían el hilo y le daban rienda suelta al placer, con un trato de amante experta dispuesta a todo para los ganadores.

Les gustaba que las carguen para que se cansen más; el negocio estaba en que consuman más licor, drogas y luego sigan apostando hasta vaciar todos sus fluidos y todas sus cuentas bancarias, incluso tenían crédito para los usuarios más viciosos como ellos.

Podían estar todas las veces que quisieran con ellas una vez que ganaban, como premio a su capacidad de predecir el resultado, pero igual la casa nunca perdería.