CAPÍTULO VEINTITRÉS
Ainslee
N o volví a ver a Daniel en lo que restó del día.
Supuse que quería que desempacáramos las maletas y nos acomodáramos.
Mum y Bram estaban en la luna en nuestro nuevo, aunque temporal, hogar.
Me parecía sospechoso que Margaret Wallace estuviera tan...
complaciente. Tan abierta a esta nueva “aventura”, como la había estado llamando todo el día.
Como si confiara ciegamente en Daniel. ¿Por qué a mí no me bastaba con eso?
Con Bram profundamente dormido, deambulé por los pasillos vacíos del castillo. Era demasiado pronto para ir a dormir, pero Mum insistió en que estaba agotada y se había acostado poco después que su nieto.
Me encontré en un elegante salón. Por alguna razón, esa sala no encajaba en absoluto con la personalidad de Daniel. Era demasiado luminosa, demasiado rosa. Me senté en el extremo del sofá de color rosa y saqué mi móvil.
Tenía varios mensajes sin leer. Y todos eran de Callen. Me quedé mirándolos. Ni sumando los últimos tres meses, me había enviado tantos mensajes de texto como en ese momento.
Callen: Lo siento, Ainslee.
Callen: No volveré a apostar, lo prometo.
Resoplé. Era un poco tarde para eso. Y la promesa también sonaba un poco desgastada.
Callen: ¿Me puedes llamar para que lo hablemos?
Callen: Te amo.
Callen: Por favor, llámame.
No había ni un solo mensaje sobre Bram.
Por mucho que me doliera admitirlo, mi madre tenía razón.
Siempre había dicho que Callen no era el adecuado para mí, y no era por lo que ella sentía hacia él.
Mum siempre me decía que el amor debía ser apasionado, arrollador.
Como el suyo con mi padre. Esa era la razón por la que nunca volvió a casarse.
Pero mi relación con Callen no era nada de eso.
Sin embargo, una vez que quedé embarazada, sentí que él tenía que ser “el indicado” para mí.
Me equivoqué al darle falsas esperanzas.
Lo que comenzó como una forma de superar lo de Daniel se había convertido en algo que apenas podía tolerar con un hombre que era todo lo contrario.
La noche anterior, quedó claro, nunca lo había superado.
Con Callen, jamás había sentido ni una pizca de esa intensa pasión de la que Mum me hablaba en voz baja.
Marqué su número, aunque no tenía ni idea de qué le diría.
—¡Ainslee! —exclamó, con un tono de desesperación en la voz.
—Hola.
— Por favor, déjame explicarte . —Comenzó, y de repente me sentí cansada. Demasiado agotada para escuchar sus excusas. Para absolverlo. Para ofrecerle consuelo.
—No, Callen —lo interrumpí—. No queda nada que explicar.
— ¿De verdad? —Había incredulidad en su voz—. ¿Entonces estamos bien?
—No, no estamos bien —siseé—. Llevamos demasiado tiempo intentando arreglar esto.
La verdad es que no hay nada entre nosotros.
Nuestro hijo es lo único que nos mantiene unidos.
—Respiré hondo y continué—: Me importas, Callen, pero solo como el padre de mi hijo.
Quiero que formes parte de la vida de Bram; sin embargo, no te obligaré.
— ¡Oh, Dios! —exclamó—. Es por la maldita partida de cartas.
La rabia me invadió al oír esas palabras.
— Sí , obviamente. Pero también por el hecho de que volvieras a apostar —reviré—. ¿Acaso te importó que tus acciones pusieran en peligro a nuestro hijo? ¿A mí?
— Estoy intentando conseguir el dinero para pagar la deuda —se justificó.
—¡Es demasiado tarde! —grité por teléfono—. ¡Ya me tiene a mí!
—¿Q-Qué?
—Daniel me recogió —contesté. La ironía era que no podía pronunciar las palabras me secuestró . Daniel cometió un acto ilegal para protegerme, mas mi furia contra Callen se debía a su negligencia, que había puesto en peligro la seguridad de mi hijo. Podía perdonar muchas cosas, pero eso nunca.
El juego era su debilidad. Daniel era la mía. Quizá los dos éramos simplemente seres humanos débiles.
— ¿Daniel? —Su voz sonaba recelosa—. ¿Lo llamas Daniel ?
—Sí, lo llamo Daniel. —¿Cómo podía este imbécil centrarse en cosas tan triviales?—. Y sí, estoy a salvo. No te preocupes, no me ha hecho daño. Está haciendo todo lo posible para mantenernos a salvo.
«¡A diferencia de ti!» Me tragué las palabras. Callen era un peón, pero uno voluntario, lo cual demostró cuando se negó a alejarse de su adicción.
Para mi horror, empezó a sollozar al teléfono.
— Lo siento. Todo esto es culpa mía.
No podía discutir eso, así que me quedé en silencio. Sabía que quería a su hijo, y nunca le privaría a Bram de eso. No quería que fuéramos esos padres que se odiaban y que Bram se viera atrapado en medio. Pero tendría que enderezar su vida. Eso no era negociable.
—Escucha, estamos bien —dije finalmente, intentando tranquilizarlo—. Cuando las cosas se calmen, llegaremos a un acuerdo con Bram.
— ¿Qué quieres decir?
Qué demonios iba yo a saber. No estaba segura de si Daniel hablaba en serio cuando dijo que no pensaba dejarnos ir.
Solo si me aseguraba, sin dejar lugar a dudas, que me quería a su lado y me amaba, sería suficiente para que nos quedáramos allí definitivamente.
Hasta el momento, no había pronunciado esas palabras.
Dios mío. Un solo día con Daniel Carrington y ya había vuelto a ser una adolescente llena de dudas.
— ¿Ainslee? —La voz de Callen me devolvió al presente.
—Estoy aquí —contesté—. Lo que quiero decir es que tú y yo nunca hemos estado bien juntos.
Pero no me arrepiento. —La verdad era que deberíamos haber tenido esta conversación cara a cara; sin embargo, había que decirlo en ese minuto en lugar de esperar a un momento mejor—.
No me arrepiento, porque tenemos a Bram, y él es lo más preciado del mundo.
Y gracias a él, siempre contarás con mi cariño.
Pero no te amo, Callen. Y no es justo para ninguno de los dos seguir alargando algo que nunca va a suceder.
— ¿Es por mi adicción al juego? —preguntó, y pude percibir la tristeza en su voz.
—Eso es solo una pequeña parte —le respondí con sinceridad—. Lo que hiciste no está bien. Necesitas ayuda. Eres un buen hombre, pero incluso sin ese hábito tan perjudicial, lo nuestro nunca habría funcionado.
— ¿Por qué, Ainslee? Creía que estábamos progresando.
—Porque entregué mi corazón hace mucho tiempo. A otra persona —admití. Era la primera vez que lo decía en voz alta. Callen no sabía nada de mi primer amor. Y antes de Callen, solo había estado Daniel.
— ¡Te amo! —exclamó, y me costó tragar saliva al sentir el nudo en la garganta al oír sus palabras.
Lo quería, pero no lo amaba. Y para tener un final feliz para siempre, necesitaba amor.
—Lo siento, Callen —me disculpé en voz baja, necesitando terminar con esto. Ese día había sido uno de los más largos de mi vida—. Lo último que quiero es hacerte daño.
No estaba segura de qué estaba esperando mientras el silencio se extendía por la línea. ¿Su perdón? ¿Su arrepentimiento? ¿Su promesa de amistad? Cuando siguió en silencio, añadí con el corazón encogido.
—Sé que esto parece repentino, pero ambos sabemos que hemos estado luchando durante un tiempo. Sin embargo, quiero que sigamos cerca. Por Bram. Nos necesita.
— Ainslee, puedo arreglar esto —suplicó de nuevo, y me sentí fatal—. Hablaré con Hector Carrington. Lo solucionaré todo.
—¡No! Es la última persona con la que deberías hablar. Por favor... No quiero que te pase nada malo —advertí—. Sé inteligente, Callen. Piensa en tu hijo y no hagas nada imprudente.
— No lo haré —murmuró—. Te prometo que lo arreglaré todo. Y entonces podremos resolver esto y empezar a planificar nuestro futuro.
Respiré hondo y luego exhalé lentamente.
—No, Callen —declaré con firmeza—. Nuestra relación se limitará a garantizar la felicidad de nuestro hijo. Como pareja, ya hemos terminado.
— No es el momento de hablar de eso —negó, de repente, visiblemente molesto—. Tengo que irme.
Sin decir una palabra más, colgó y me quedé sentada, mirando fijamente la oscuridad de la noche. Preguntándome dónde estaría Daniel.